Todas las noches, la oscuridad se adueñaba de los sueños de Hope.
Atrapaba su mente ahogándola en horribles recuerdos del otro
mundo, pesadillas alimentadas por una vida pasada plagada de desgracias.
Soñaba con la brutal Purga que se había cobrado tantas vidas
inocentes y con la imagen del cuerpo exánime de su madre cayendo al vacío.
Soñaba con los rostros de los cientos de soldados del Sanctum que habían muerto
a sus manos. Soñaba con los horrores presenciados en Edén el día de la caída
del Nido, los cadáveres en las calles, los monstruos arrasando la ciudad y el
combate contra el desquiciado Huérfano. Soñaba con los años posteriores en los
que perdió a sus seres queridos, quedando en absoluta soledad rodeado de
multitud. Soñaba con el aciago día en el que el Caos destruyó el mundo dando origen
a Nova Chrysalia.
La oscuridad se hacía aún más sombría a partir de aquel punto.
Las mentiras, la sensación de fracaso, la esperanza vana. La
profunda depresión. Los susurros dulcemente envenenados de un espectro de
cabello rosado. Desesperación, frustración, deseo. Locura.
Y entonces llegaba el dolor. Una indescriptible agonía física y
mental. Los brillantes ojos de un dios caprichoso y despiadado. Humillación.
Ira. Pesar.
Y de pronto ya no había nada. Un vacío infinito, un abismo sin
fin. Su alma ya no era. Él ya no era.
Oscuridad.
Hope trataba de huir. Estaba solo, estaba asustado. Corría y
corría por el oscuro vacío, huyendo de los recuerdos, de la tristeza, del
horror, de la soledad y del dolor. Pero era inútil: la oscuridad siempre se lo
tragaba, lo asfixiaba, lo encadenaba a una vida de eterno sufrimiento como
esclavo del destino.
Gritaba. De dolor, de miedo, de angustia, de desesperación. Un
último intento de rebelarse contra tal destino. Un último intento por
liberarse. Sabía que estaba solo, que nadie le oiría en el vacío. Pero aun así,
Hope no se rendía sin luchar.
En ese momento siempre escuchaba una voz.
-Hope… Despierta, Hope. Abre los ojos…
Y se hacía la luz en la oscuridad.
Las sombras quedaban desplazadas por el hermoso rostro de una mujer
joven de cabello rosado y ojos azules que lo miraban con tristeza y
preocupación, pero también con gran dulzura y tristeza. Entonces Hope recordaba
dónde estaba: en el nuevo mundo, en su casa, en su cama. A su lado estaba la
mujer a la que amaba, quien le había dado fuerzas durante mil años para superar
todas aquellas penurias.
-Light… -murmuraba Hope, pálido y tembloroso, con los ojos muy
abiertos, brillantes y desorbitados por el horror de las pesadillas que le
asaltaban cada noche-Light…
-Shh… -susurraba Lightning, abrazándolo y acariciándole el pelo
para tranquilizarlo-Estoy aquí. Estoy aquí contigo, Hope. Tranquilo. No voy a
irme a ninguna parte. No voy a abandonarte.
Hope asentía casi con necesidad, y se acurrucaba junto a ella,
abrazándola también y hundiendo su rostro en su cabello rosado. Era casi un
ritual a aquellas alturas. Ocurría prácticamente todas las noches, y Hope había
terminado por temer el momento de irse a dormir. Sabía lo que le aguardaba en
la oscuridad del mundo de sus sueños.
Pero también sabía que siempre habría a su lado una luz que le
haría despertar. Y eso era lo que le daba valor todas las noches para
enfrentarse a los fantasmas de su pasada vida en el otro mundo.
Ella era la luz que siempre le guiaría de vuelta cuando caía en la
oscuridad.
-Quédate conmigo, Light… Por favor, no me sueltes nunca.
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