El joven Hope Estheim suspiró, mirando por la ventana de la
cocina con una taza de café entre las manos, su mirada ausente y extraviada. El
sol de la mañana se colaba a través de los cristales, otorgándole a la estancia
un aire acogedor y cálido.
Sin embargo, para Hope el nuevo mundo no tenía nada de
cálido, ni acogedor. Ni siquiera su luz le parecía que iluminara nada. Para él,
su vida era una constante penumbra.
¿Cuánto hacía ya que había renacido en el nuevo mundo?
Aproximadamente seis meses, pensó tras hacer un rápido cálculo. A veces pasaban
demasiado rápido, y otras veces demasiado lento. Hope no era muy consciente del
paso del tiempo. De hecho, simplemente se dejaba llevar…
Muchas veces se preguntaba qué motivo tenía su existencia en
aquel nuevo mundo. Allí no tenía nada. Ya no era el líder de la humanidad y
casi nadie recordaba su nombre. Había renunciado a volver a ser el hijo de sus
padres en su nueva vida. Sus amigos vivían ahora separados y recorrían sus
propios caminos.
Y, por supuesto… ella
no existía en aquel nuevo mundo.
Hope odiaba recordarlo, pero por desgracia cada día era un
recordatorio de dicha circunstancia. Había acudido a su rescate, pero era
demasiado tarde: ella ya se había sumido en la oscuridad de las Tierras
Etéreas, convertida en la nueva Diosa de la Muerte. Una vez más, eternamente
fuera de su alcance.
Y ahora ya nunca más podría alcanzarla. Aquélla había sido su
única oportunidad. Y la había perdido.
Técnicamente, aún le quedaba la muerte… Una vez muriera,
podría alcanzar el reino de los muertos y volver a ver a la mujer que amaba.
Pero quién sabe si Lightning Farron, ahora la nueva diosa, querría mantenerle a
su lado. Tal vez para entonces hubiera perdido toda su humanidad y cualquier
sentimiento que su corazón pudiera haber albergado hacia él.
Maldecía su suerte, una y otra vez. La lógica y el corazón le
decían que quizá debería poner fin a su vida cuanto antes para reunirse con
Lightning. Antes de que su condición divina le privara de sus emociones.
Sin embargo… había algo que se lo impedía. Algo que Hope
había jurado proteger, una petición desesperada que había llegado a sus oídos y
a su corazón en el momento que intentó acudir al rescate de Lightning.
Una vez Hope terminó con el café, dejó la taza en el
fregadero y, suspirando una vez más, se dirigió escaleras arriba. No era la
primera vez que se preguntaba si debería haberlo hecho… Era una cadena que le
impedía ser libre y poder hacer lo que su corazón le dictaba. Además de una
responsabilidad constante que aparte le hacía recordar, todos los días, su
fracaso a la hora de proteger a Lightning.
Cuando llegó a su habitación, la luz de la mañana se filtraba
a través de las ventanas, iluminando la pequeña y delgada figura de una chica
dormida que no tendría más de trece años, acurrucada entre las sábanas, vestida
con una camisola blanca que la hacía parecer más joven de lo que ya era. Tenía
el cabello rosado y despeinado, el cual se desparramaba sobre la almohada; Hope
recordaba la coleta que hasta hacía algunos meses había llevado en el lado
izquierdo de la cabeza.
Tras observarla unos instantes con una mezcla de tristeza y
remordimiento, Hope se dirigió a la ventana y corrió las cortinas para que la
luz no molestara a la muchacha. Ella se removió un poco entre las sábanas, murmurando
algo en sueños.
Hope entornó los ojos. Ella era la razón por la cual aún
seguía en el nuevo mundo, pese a no haber nada allí por lo que le interesara
seguir con vida. Ella era el ancla que lo mantenía allí, lo único que le daba
un motivo para no darle la espalda a todo lo demás. Había jurado protegerla a
petición de Lightning, su último ruego para él antes de hundirse en las Tierras
Etéreas.
“Cuida de
Lumina”, la había escuchado decir Hope, su voz resonando en las
profundidades de su propia alma. “Cuida
de mi corazón.”
Así es como Hope había descubierto la verdadera identidad de
Lumina, la misteriosa chiquilla que durante los últimos trece días había
importunado tanto al Redentor y a su guía. Al saberlo, impulsivamente había
jurado protegerla. Y aún deseaba hacerlo, pues no en vano era la única
manifestación de Lightning que existía en aquel nuevo mundo. Lumina era parte
de ella. ¿Cómo no iba a querer cuidar de ella? Aunque no fuera ella de verdad,
era lo único que le quedaba de Lightning.
Y Lumina necesitaba protección. Se había quedado sin su otra
parte, y cuando despertó junto a él en el nuevo mundo, estaba confusa y
desorientada. Hope había tenido que explicarle lo que había sucedido con
Lightning, y la muchacha al principio no quiso creerle. Después se había pasado
días enteros llorando. Aunque Hope no podía sino comprenderla mejor que nadie:
él también lo había hecho, y seguía haciéndolo, sólo que interiormente. Debía
ser fuerte por Lumina. Lo último que necesitaba era que la única persona a la que
tenía en aquel mundo desconocido se viniera abajo.
Mientras la observaba, Hope se preguntaba si las cosas
habrían sido mejores si él no hubiera renacido en su forma adulta. Sí, era su
verdadera forma y sin duda prefería que su alma y su cuerpo estuvieran en
consonancia, pero eso hacía imposible cualquier tipo de relación con lo único
de Lightning que tenía a su alcance. Sabía que Lumina era consciente de que si
Hope la cuidaba era porque ella era parte de Lightning, y no por sí misma. Y
siendo que ella era una manifestación de sus emociones, el joven intuía que sus
sentimientos por él podían ser más de lo que ella admitiría nunca. Lo cual
hacía las cosas todavía más complicadas. Por no decir dolorosas.
Sacudiendo la cabeza tratando de apartar aquellos pensamientos,
Hope se acercó a la cama para arropar cuidadosamente a Lumina con las sábanas.
Intentó hacerlo con la mayor delicadeza posible para no despertarla, pero no
surtió efecto: la muchacha abrió lentamente los ojos, de un bonito color azul,
y giró la cabeza hacia él.
-… Mmpf… -musitó Lumina una vez sus ojos le enfocaron,
adormilada-¿Qué haces, cuatrojos…?
Hope no pudo evitar esbozar una media sonrisa. “Cuatrojos”
era el apodo que Lumina le había puesto desde que vivieran juntos. Según ella,
pese a no llevar gafas, estaba tan ciego como si las necesitara, por el hecho
de que no hubiera podido verla hasta el momento de su renacer.
-Hola-le saludó él, agachándose junto al borde de la cama
para que sus ojos quedaran a la altura de los suyos-. Sólo estaba arropándote.
Sigue durmiendo si tienes sueño, aún es pronto.
-Ahora ya me lo has quitado tú… -refunfuñó Lumina arrugando
la nariz-Que no te extrañe si mañana te cae una jarra de agua fría en la cara.
Donde las dan…
El joven sabía que Lumina amenazaba mucho y después no
cumplía nada. Sin duda, en los viejos tiempos no habría dudado en hacerlo, pero
desde su renacer y la pérdida de Lightning había caído en un pozo de tristeza y
confusión del cual Hope no sabía cómo sacarla. Más que nada porque él se sentía
igual. En realidad, más que ayudarse el uno al otro, se podría decir que se
sostenían el uno al otro compartiendo su desolación por la ausencia de
Lightning. Y mientras Hope protegía y cuidaba de Lumina, ella conseguía hacerle
sonreír a cambio.
-¿Quieres que te prepare algo de desayuno?-le preguntó Hope
retirándole dulcemente un par de mechones de cabello de sus ojos azules, cuyo
brillo entristecido se acentuó en aquel momento cuando negó con la cabeza.
-No… Preferiría que te quedaras un poco conmigo… -Lumina desvió
la mirada, un tanto sonrojada-No he dormido muy bien…
Eso ya lo sabía Hope. Más de una vez le habían despertado los
sollozos ahogados de Lumina entre sus brazos. Dormían juntos prácticamente
desde el primer día, cuando la muchacha tuvo una horrible pesadilla y se
despertó llorando y llamando a gritos a Lightning, y Hope había tenido que
calmarla y consolarla lo mejor que pudo. En otras ocasiones era él quien sufría
episodios similares, y la presencia de Lumina conseguía aliviar su sangrante
corazón.
-Ven aquí.-suspiró Hope, tomando sitio al lado de Lumina en
la cama, y la abrazó con dulzura, acariciándole lentamente el pelo. Era muy
pequeña comparada con él, y el joven no podía evitar pensar en lo irónico de la
situación. En tiempos pasados, Lightning había hecho lo mismo con él cuando era
un chiquillo. Ahora él era el adulto, y ella –o parte de ella– era la niña. El
destino se ha reído de nosotros, solía pensar Hope.
-La he sentido… -murmuró Lumina al cabo de un rato, temblando
ligeramente en los brazos de Hope, sus pequeños dedos aferrando la tela de su
holgada camisa blanca-Llora… Quiere volver con nosotros. Nos necesita…
Hope frunció los labios. Sabía a lo que se refería Lumina. Al
ser su corazón, o parte de él, podía sentir en ocasiones lo que Lightning
sentía, allá en el reino de los muertos. Ninguna de las cosas que Lumina le
había hecho sentir mejor nunca. Saber que Lightning ansiaba regresar con ellos
y no poder hacer nada le volvía loco. Pero tenía una responsabilidad para con
Lumina, y además, se lo había prometido a Lightning.
-Lo sé.
-Quiero que vuelva-la voz de la muchacha sonó ahogada-. Y tú
también quieres, ¿verdad? … ¿Por qué no puede? Ella es una diosa ahora… Se
supone que puede hacer lo que desee…
-No es tan fácil-repuso Hope en voz baja-. Ella tiene un
deber que cumplir como diosa… No puede renegar ahora de ello. A mayor poder,
mayor es la responsabilidad… y no podemos hacer otra cosa que acatarlo y seguir
adelante.
-No quiero acatarlo-Lumina sacudió la cabeza con rabia
contenida-. No es justo…
Hope suspiró. Qué le iban a contar a él.
-La vida no es justa. Así son las cosas. Pero, quizá algún
día… tanto tú como yo podamos reunirnos con ella. Tenemos que ser fuertes hasta
entonces, ¿de acuerdo?
Lumina no respondió enseguida, pero finalmente asintió.
Seguía abrazada a él, refugiada en los brazos de la única persona que podía
comprenderla en el mundo. Ella había sido separada de su otra parte, sin la
cual su existencia no tenía sentido, y ahora no podía reunirse con ella. Hope
la comprendía mejor que nadie. Pese a que su caso era diferente, el joven
estaba seguro de que en realidad no era tan distinto.
Ambos habían perdido lo único que confería sentido a su
existencia. Y sólo se tenían el uno al otro para sostenerse en aquel mundo que
les había arrebatado a Lightning Farron.
-Echo de menos a mi otra mitad.-musitó Lumina al cabo de un
rato, reprimiendo un sollozo.
Hope sintió un nudo en la garganta, en parte provocado por el
dolor que captaba en la voz de la chica, y en parte por el suyo propio.
-Yo también, Lumina-susurró el joven, estrechándola con más
fuerza, conteniendo también las ganas de llorar-. Yo también.
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