Movió ligeramente la cabeza hacia la ventana. Allí, recortado
contra la rojiza luz, se hallaba un chico delgado de unos quince, casi
dieciséis años, de revuelto cabello plateado y rasgos suaves y dulces. Su
holgada camisa blanca y los pantalones grises le hacían aparentar más años de
los que tenía.
O tal vez eso pensara Lightning, sabiendo el secreto del alma del
muchacho con el que vivía.
El chico se volvió hacia
ella al percibir que estaba despierta. Una cálida media sonrisa se dibujó en su
rostro, que pareció iluminarse cuando posó sus ojos en la joven.
Lightning pensaba que no había nada más hermoso que la sonrisa de
Hope Estheim.
Como si le leyera los pensamientos, Hope acentuó su sonrisa. Se
giró hacia la ventana y, con cuidado, bajó la persiana de tela, de un tono
anaranjado que bajo la luz del ocaso tiñó de ámbar la habitación.
En aquella cálida penumbra, Lightning contempló extasiada la
silueta de Hope. Su corazón latía con fuerza, algo que sólo aquel joven había
logrado. Él volvió a girarse hacia ella, con aquella sonrisa que la tenía
totalmente cautivada. Atrapada en sus redes.
Hope avanzó hacia ella, se subió a la cama y, sin dejar de
sonreír, se encaramó sobre ella. Lightning no podía hacer otra cosa que
perderse en sus ojos verdes, con el corazón latiéndole rápidamente y sus
mejillas teñidas de escarlata. Dejó escapar un suspiro cuando sintió el aliento
del chico próximo a su oreja.
-¿Qué tal la siesta?-le murmuró Hope al oído; el sonido de su voz,
acariciadora y dulce, con la profundidad de un adulto, le produjo un
escalofrío. Necesitaba oír su voz, todos los días, tan próxima y cálida: le
recordaba que aquel chico en realidad era un joven de cerca de veintisiete
años, tan loco por ella como lo estaba ella por él.
-Agradable… -repuso Lightning en el mismo tono, suspirando cuando
notó los labios de Hope rozar apenas el lóbulo de su oreja, para descender por
su cuello-Sólo me faltabas tú para que fuera perfecta.
Él rió suavemente entre dientes, deslizando sus labios por su
mandíbula poco a poco, recorriendo las suaves curvas de sus pómulos, trazando
cada línea de su rostro, antes de posarlos sobre los labios de Lightning,
acariciándolos con dulzura y delicadeza, separándose brevemente cada pocos
segundos para dejar que la joven liberase el aire contenido antes de volver a
besarla, una y otra vez, bebiendo de la felicidad por estar juntos al fin,
después de tantos siglos separados en el tiempo y el espacio, en aquel nuevo
comienzo.
-Aquí me tienes.
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