domingo, 14 de septiembre de 2014

[LR: FFXIII] Decisión

“Márchate… Y vive.”

Las últimas palabras de Lightning antes de que se desvaneciera en la oscuridad del Caos no abandonaban la cabeza de Hope. Estaba clavado en el sitio, medio girado hacia donde había escuchado su voz minutos antes, respirando agitadamente. “No puedo hacerlo”, pensaba, una y otra vez, apretando los puños. “He pasado mil años buscando a esta mujer, y ahora me pide que me marche y la deje atrás…”

Pero la alternativa era dura… Hope se sentía dividido, su corazón roto en dos pedazos y cada uno tiraba hacia un extremo.

“Haga lo que haga, perderé a alguien por quien he luchado por recuperar…”

Era una elección sumamente cruel, y Hope deseaba que nadie nunca más tuviera que pasar por ello. Dolía demasiado. Pero al fin y al cabo aquélla había sido gran parte de su vida. Nada más que dolor y sufrimiento.

Quería dar la vuelta y volver a por Lightning, aunque ello le costase quedar atrapado junto a ella por toda la eternidad en las Tierras Etéreas que pronto se formarían. De hecho, era un destino bastante seductor. A Hope le daba igual lo miserable que fuera su vida si podía compartirla con Lightning.

Pero tampoco quería dar la espalda a los demás… No quería huir como un cobarde. Quizá él ya no fuese el líder de la humanidad, un título del que no se consideraba digno, pero dejar atrás a sus seres queridos era inconcebible para él.
Y aquél era el problema. Tomara la decisión que tomara, dejaría atrás a alguien irremediablemente.

-Hope.

El chico con alma de adulto volvió la cabeza hacia la voz. Descubrió allí, bajo una radiante luz, las figuras de sus padres, como escasos minutos antes había visto. Los espíritus de Nora y Bartholomew Estheim miraban a su hijo con gran comprensión, con una suave sonrisa en sus rostros.

-Madre… -murmuró Hope, con el corazón en un puño-Padre…

Nora Estheim sonrió con dulzura, acariciando la mejilla de su hijo. Hope sintió un escalofrío al sentir el contacto de sus etéreos dedos, y luchó por contener las lágrimas.

-Mi niño… -le dijo su madre; su voz sonaba distante, como si reverberase-Deja que te vea. Has crecido tanto en todo este tiempo…

Hope no pudo evitar esbozar una amarga media sonrisa al tiempo que se le escapaba una desganada risa entre dientes.

-No soy más que una sombra de lo que fui, madre. Esto es lo que el Altísimo ha hecho de mí.

-Sé de lo que hablo-sonrió Nora-. Sé cuánto has crecido en realidad, Hope. Aunque tu cuerpo no sea el que te corresponde, tus ojos dicen lo contrario. Y además, tu padre y yo te hemos estado observando todo este tiempo.

Hope no dijo nada. Miró a su madre, y entonces a su padre, que asintió levemente con una serena sonrisa.

-Estoy orgulloso de ti, hijo-dijo Bartholomew, tan solemne como emocionado-. La Academia y la humanidad entera no pudieron estar en mejores manos.

El nudo en la garganta de Hope se estaba haciendo insoportable. ¿Cómo podía su padre decir algo así? Él sabía que no era cierto. Su liderazgo había abocado al mundo a la destrucción y nada había podido hacer para evitarlo.

-Padre… -el chico sacudió la cabeza, temblando de frustración y remordimientos-No deberías estar orgulloso de mí. Fracasé… ¡No pude proteger a nadie! Me dejé engañar por un dios… ¡Me sometí voluntariamente al Altísimo!

-No-cortó Bartholomew posando sus manos fantasmales sobre los hombros de su hijo-. Nunca te avergüences de ser humano, Hope. Nunca olvides que si te sometiste, fue sólo por amor.

Él se quedó sin habla, mirando el rostro comprensivo de su padre sin dar crédito a lo que oía. A su lado, Nora sonreía dulcemente. “Entonces… ¿lo saben?”

-Eso… -Hope bajó la cabeza, ruborizado, tratando de encontrar las palabras-Eso no es motivo… Yo sólo…

Nora le interrumpió acunando la mejilla de su hijo con la palma de la mano. Hope cerró los ojos, recordando los tiempos en los que, de niño, aquel gesto le había tranquilizado en sus peores momentos.

-Has sufrido tanto, mi niño… -murmuró su madre, y Hope sintió un dolor agudo en el pecho al percibir la tristeza en su voz-Tu corazón está lleno de dolor… Has amado tanto, y has recibido tan poco a cambio…

Aquello era cierto. Tan dolorosamente cierto. Era un pensamiento que durante años Hope había reprimido, pero ahora, al final de los tiempos, no pudo sino aceptarlo al fin, con la consecuente aflicción.

-Madre… -Hope no quería llorar frente a sus padres, hacía casi dos siglos que era incapaz de derramar una lágrima y de pronto sentía que explotaría si seguía conteniéndolas mucho tiempo más-Yo…

-Pero eso no tiene por qué seguir así-intervino Bartholomew-. El nuevo mundo está a punto de nacer. Aunque en este universo no hayas encontrado la felicidad, sé que en el próximo cosecharás todo lo que sembraste.

Hope tragó saliva, respirando hondo. No podía decírselo a sus padres, no se sentía capaz de ver la decepción en sus rostros. Pero él sabía que lo que su padre decía no era cierto. No, si cierta persona no estaba en ese mundo prometido. Sin ella, su vida no tenía ningún sentido, y prefería pasarla junto a ella atrapado en la eterna oscuridad que en un mundo sin su luz.

Si volvía junto a ella, tendría que renunciar a sus padres. Y tal vez al resto de la humanidad…

-No sabes cuánto nos alegra volver a verte, Hope-dijo entonces Nora-. Ojalá no tuviéramos que separarnos… Pero ahora debes marcharte.

Hope había abierto la boca para replicar, pero las palabras de su madre le dejaron sin las suyas. Sus ojos pasaron de ella a su padre, y vio en ellos idéntica sonrisa, triste y decidida a la par.

-¿Qué…? Madre, ¿a qué te refieres? …

-Lo sabes tan bien como nosotros-Nora sonrió dulcemente-. Esto no es lo que deseas. Nosotros ya no somos lo que te hará feliz en ese nuevo mundo, en tu nueva vida. Lo hemos sabido siempre, y en el momento que dudaste en tomar mi mano y te volviste para buscarla, fue la prueba definitiva.

El chico estaba genuinamente atónito. “¿Renunciarían a mí… por mi felicidad? ¿Están dispuestos a perderme para que yo pueda reunirme con Light?”

La verdad es que él también estaba dispuesto a renunciar a ellos por ella… Pero nunca hubiera esperado que fueran sus propios padres quienes le animaran a tomar tal decisión.

-El tiempo se agota-intervino Bartholomew, la mente práctica y lógica que su hijo había heredado haciendo acto de presencia-. Si de verdad quieres salvarla, tienes que irte ya.

-Pero… -Hope miró hacia atrás, angustiado, pero su cuerpo no se decidía a moverse-¡Tampoco puedo dejaros atrás!  Quiero salvarlos a todos… ¡No puedo volver a huir de mi deber!

-Hope-la voz de Bartholomew adquirió un tono serio y un tanto severo cuando posó sus etéreas manos en los hombros de su hijo y le hizo encogerse brevemente sobre sí mismo, como cuando no era más que un niño-. ¿Recuerdas lo que te dije hace tantos años? Esto no es huir. Es la decisión que has tomado.

Él no dijo nada. Se había quedado sin habla, sorprendido al recordar aquella conversación. Hacía tanto tiempo que casi lo había olvidado después de siglos de existencia… y de pronto, todas y cada una de las palabras de su padre regresaron a su memoria, tensando el nudo en su garganta.

-No estás huyendo, hijo-dijo Bartholomew con un amago de sonrisa-. Vas a marcharte para hacer lo que debes. Ya no nos necesitas, al igual que no nos necesitabas cuando te fuiste para salvar el Nido.

-Lo que debo… -Hope sacudió la cabeza, con los ojos llorosos, y trató de sonreír-Mi deber sería pues marchar con el resto de la humanidad…

-No-Bartholomew lo miró a los ojos con firmeza, pero también con la comprensión de un padre-. Tu deber es aquello que tú eliges con el corazón, no lo que los demás te imponen. Y tú ya has elegido.

Hope comprendió, al fin, lo que hacía largo tiempo le había tratado de decir su padre, cuando era un lu’Cie. Al igual que la Misión era irrelevante si él tomaba una decisión por voluntad propia, también sus responsabilidades como líder de la humanidad eran irrelevantes si su corazón había elegido no abandonar a la mujer que amaba.

-Ella te necesita-dijo Nora, acariciándole el pelo-. Al igual que tú a ella. Aunque nuestros caminos se separen, el vuestro no debe hacerlo. Tu padre y yo siempre te querremos, mi niño… No importa que no recordemos al renacer. Tú siempre nos recordarás.

Aquello fue superior a su autocontrol. Los ojos verdes de Hope, llenos de lágrimas, se desbordaron finalmente, y rastros húmedos pronto recorrieron sus pálidas y pecosas mejillas. Bartholomew y Nora lo abrazaron con fuerza, o con toda la que les permitía su condición de espíritus.

-Padre… Madre… -susurró el chico, sintiéndose tan extraño como aliviado por poder finalmente llorar después de décadas enteras-Por favor, perdonadme…

-No hay nada que perdonar-sonrió Bartholomew-. Has tomado una decisión. Y eso es lo que siempre quisimos enseñarte a hacer.

En ese instante, una voz femenina atravesó la mente de Hope como una lanza, haciéndole tensarse súbitamente. No cabía duda: la voz era la de Lightning, y era un grito desesperado, angustiado. Una petición de ayuda teñida de soledad, miedo y desesperación.

“¡No me dejes sola! Te necesito… Ayúdame…”

Hope alzó la mirada hacia los espíritus de sus padres. Sus ojos verdes seguían brillantes, pero habían adquirido un brillo de fiera determinación que delataba que pese a su apariencia adolescente, el alma de aquel chico era la de un joven que llevaba existiendo más de mil años.

-Debo marcharme.-dijo simplemente, su voz firme y decidida.

Bartholomew y Nora asintieron. Una luz dorada comenzó a envolverles.

-Estamos orgullosos de ti, hijo-dijo Bartholomew, dando una suave palmada en el hombro de Hope antes de separarse de él-. Nunca lo olvides.

-Ahora corre, Hope-Nora sonrió, besando su frente antes de retroceder junto a su marido-. Sálvala. Vuela. Sed libres, y liberadnos a todos.

Hope asintió brevemente y miró por última vez a sus padres antes de volverse definitivamente, no sin antes murmurar:

-Gracias por todo.

Y sin dudarlo un instante más, echó a correr entre el Caos, dando la espalda a todo lo que había sido su mundo, en busca de la única mujer que haría merecer la pena la vida en el próximo.

Era lo que debía hacer. Era lo que su corazón le decía que debía hacer.

La necesitaba. Y ella lo necesitaba a él.

Cuando logró seguir el hilo de su conciencia, tan entrelazado con la suya hasta el punto que era capaz de sentir lo que ella sentía, Hope se sumergió en la claridad sin vacilar, con un único pensamiento en su mente.

“Voy a por ti, Light. Y estaremos juntos.”

domingo, 7 de septiembre de 2014

[LR: FFXIII] Atrás

“Saber que te tenía a mi lado… hacía que mis miedos se esfumaran.”

Lightning no podía quitarse aquellas palabras de la cabeza mientras regresaba al Arca. Las escuchaba, una y otra vez, y la sensación de pérdida era cada vez mayor.

“No temo a nada. Ya no.”

Ojalá ella pudiera decir lo mismo. Al materializarse en el teleportador, mantuvo los ojos cerrados durante largos momentos, temiendo ver lo que sabía que iba a ver. Tal vez por unos segundos pudiera convencerse de que aquello no había sido más que un mal sueño…

“Porque estás aquí.”

Pero Hope ya no estaba allí. El Arca estaba vacía. Sin él, el lugar había perdido todo el color, toda sensación de seguridad que Lightning había sentido cada día al regresar y ser recibida por su cálida sonrisa.

Hope se había ido.

Era el último de los días, la prueba final. Y él no estaría junto a ella. Su voz no la acompañaría, tal vez nunca más.

Recordó aquella visión que Lumina y Yuul le habían mostrado en su corazón, sus amigos desapareciendo y dejándola atrás. Incluso Hope… Quien ella jamás hubiera creído que la abandonaría. Aquella había sido la primera vez que la idea había cruzado su mente, y la había afectado mucho más de lo que hubiera pensado.

Ahora era una realidad, y Lightning no quería aceptarla.

Ni siquiera el mensaje de Mogu le hacía recobrar el ánimo. “Pase lo que pase, mantén la vista al frente.” Sabía qué era lo que Hope había querido decir con ese mensaje. Él le cubriría la retaguardia, allá donde estuviera… si es que estaba en alguna parte.

Pero Hope no estaba a su lado. Se había desvanecido cuando más lo necesitaba, y sin él se sentía perdida.

Se acercó al cristal con forma de reloj de arena que flotaba a pocos metros de ella. Lo observó, la mirada ausente y llena de tristeza, recordando lo que Hope le había contado sobre él.

El Cristal de Redención. Capaz de hacer retroceder el tiempo hasta el primero de los días, desandar lo andado y borrar lo sucedido… en todos los sentidos.

Ello significaría que Lightning olvidaría todo lo que había ocurrido hasta el momento. No sólo ella, sino también el resto del mundo. Todos sus esfuerzos se desvanecerían, las almas salvadas volverían a condenarse. Significaba volver a la primera casilla tras un largo camino y tal vez arriesgarse a fracasar.

Lightning no pudo evitar preguntarse si aquella situación se habría repetido, si era cierto que Bhunivelze había planeado desde el principio deshacerse de Hope llegado el último de los días. Quizá habían llegado a aquel punto incontables veces, quizá Hope le hubiera hecho aquella confesión otras tantas… quizá ella misma había tomado todas ellas la misma decisión que había hecho.
Porque Lightning sólo tenía clara una cosa, y era que no quería seguir adelante sin Hope, como tantos siglos atrás su eidolón Odín le había hecho comprender sobre un frágil puente de las Cumbres Infames.

“Pase lo que pase, mantén la vista al frente”, le había dicho Hope en el mensaje a través de Mogu. Él quería que siguiese adelante. Que no volviera a buscarle.

-Lo siento-susurró Lightning frente al Cristal de Redención, con los ojos ligeramente velados por las lágrimas-. Pero no voy a volver a abandonarte, Hope.

Y con estas palabras, alzó la mano hacia el cristal, que emitió un fuerte resplandor.

Lightning sintió que perdía la consciencia al tiempo que todo giraba a su alrededor. Sabía que era cuestión de segundos que perdiera todos sus recuerdos sobre lo acontecido, que tendría que volver a salvar las almas de sus amigos y arriesgarse a perder la vida o que algo saliera mal en su misión…

Pero sabía que, al menos, Hope volvería a estar a su lado.

Si aquello se había repetido antes, quizá llegara un momento en el que hallara la forma de evitar su desaparición y cerrar el ciclo. Ahora era consciente que, de no ser así, seguiría llegando a la misma encrucijada, una y otra vez… y que siempre tomaría la misma decisión.

Aunque estuviera a punto de olvidarlo, Lightning había descubierto que no quería un mundo en el cual no existiese Hope.

* * *

Cuando Lightning volvió a abrir los ojos, lo primero que vio fue la sonrisa de Hope, cálida y dulce como siempre había recordado.

-Hola, Lightning-le dijo el chico con aquella voz del joven adulto que en realidad era-. Bienvenida.

La joven no supo por qué, justo después de haber regresado de aquella desastrosa incursión en el Palacio de Yusnaan tras Snow, le asaltó aquel impulso al ver a Hope. Sin pararse a pensar dos veces, cruzó la distancia que los separaba y lo abrazó con fuerza, cayendo de rodillas al suelo y arrastrándolo también, arrancándole un suave grito ahogado de sorpresa.

-… ¿Light? ¿Qué te pasa?-le preguntó Hope, preocupado, sin decidirse a corresponder a su abrazo-¿Estás bien?

-… -Lightning no supo qué contestar. Ella era la primera que no comprendía por qué le había asaltado la necesidad de estrecharlo entre sus brazos, como si no quisiera dejarlo marchar-Sí. Estoy bien. No te preocupes.

Hope ladeó la cabeza, desconcertado, pero finalmente la abrazó también, con gentileza, y sonrió con cierta travesura en sus suaves rasgos.

-Pues esto no es normal en ti. No hace ni tres horas que bajaste a la superficie. ¿Tanto me has echado de menos, Light?

-Idiota-refunfuñó ella -. Qué pasa, ¿tienes algún problema?

-En absoluto, pero… -Hope se separó un poco de ella, posando sus manos sobre sus hombros-Ahora en serio, Light. ¿Qué te ocurre?

Lightning desvió la mirada. ¿Cómo podía explicar algo que ni siquiera ella sabía por qué le pasaba?

-No lo sé… Simplemente, de repente… Sentí el impulso de abrazarte. Ya lo sé, suena raro, pero es como si… -la joven sacudió la cabeza, y suspiró-Como si fuera a sucederte algo, y quisiera protegerte de ello.

La expresión de Hope se tornó extrañamente seria y sombría durante un segundo, algo que a Lightning no se le escapó, y vio cómo lanzaba una rápida mirada de reojo al cristal flotante que había unos metros más allá. Se sintió estúpida por aquel arrebato sin motivo, aunque la sensación de pérdida seguía ahí y no sabía por qué.

-Perdona, Hope. No quería incomodarte.

-No te preocupes. Estoy aquí, ¿vale?-replicó él, suspirando y abrazándola suavemente; su voz de repente sonaba cansada-Nunca lo dudes. Siempre voy a velar por ti, Light.

Sus palabras aliviaron el atribulado corazón de Lightning, que apoyó la cabeza en el hombro del chico. Estando ambos arrodillados en el suelo, estaban a la misma altura, y resultaba reconfortante aquella situación. Aun así, seguía teniendo aquella incómoda sensación de que Hope estaba en peligro, y que podía perderlo de un momento a otro.

Como si le hubiera leído la mente, al cabo de unos minutos, Hope murmuró:

-Light…

-¿Sí?

-… Necesito que me prometas una cosa.

Lightning se separó de él, sorprendida por sus palabras. Al mirarle, descubrió que los ojos verdes de Hope parecían agotados, resignados, pero brillaban con firmeza.

-¿Qué cosa?-preguntó la joven.

-Prométemelo primero.

-Está bien, lo prometo-Lightning suspiró, sin más remedio-. ¿De qué se trata?

Él le dedicó una dulce media sonrisa, si bien un tanto amarga.

-Pase lo que pase, no mires atrás. Sigue adelante. Y nunca dudes que yo siempre estaré a tu lado-le dijo el chico-. ¿De acuerdo?

Lightning lo miró sin comprender.

-¿Por qué me dices esto? ¿A qué viene ahora?

Hope se limitó a dejar escapar una cansada risa entre dientes y sacudió la cabeza.

-Lo entenderás en su momento. Pero, por favor, recuérdalo. Debes seguir adelante, pase lo que pase. Confía en mí-el chico se levantó, y al darle la espalda, Lightning vio cómo sus hombros se hundían-. Volver la vista atrás no soluciona nada.

Lightning no sabía de qué estaba hablando su compañero. Intuía que él sabía algo de lo que ella todavía no era consciente… Pero como él había dicho, tal vez todavía no había llegado el momento de saber a qué se refería.

-Nunca he perdido mucho tiempo mirando atrás-replicó levantándose, con más aplomo que antes-. ¿Por qué iba a hacerlo?

Él volvió a mirar al cristal antes de sonreír con cierta amargura.

-Sea como fuere, me lo has prometido, Light-dijo, mirándola con una intensidad que por un momento la dejó sin palabras-. Recuérdalo.

La joven no comprendía por qué Hope parecía insistir tanto en aquella extraña promesa… Pero no podía evitar preguntarse si tendría algo que ver con aquella sensación de que algo le ocurriría a su amigo, y quizá él sí supiera algo al respecto.

De todas formas, había hecho una promesa, y esta vez Lightning no iba a incumplir su parte.

-Lo recordaré, Hope. Pase lo que pase.

sábado, 6 de septiembre de 2014

[LR: FFXIII] Vacío

“Saber que te tenía a mi lado…”

El sonido de sus propias palabras acompañaba a Hope en sus últimos momentos de consciencia antes de caer al vacío. Sabía que su cuerpo ya no le pertenecía, y que su alma fragmentada no regresaría nunca al mundo de los vivos, ni tan siquiera al de los muertos.

“… hacía que mis miedos se esfumaran.”

El destino que le aguardaba era el cese absoluto de su existencia. Algo que ni tan siquiera las almas que abandonaban sus cuerpos hacia las Tierras Etéreas experimentaban. Aquellas almas se reencarnaban, regresaban junto a los humanos con el tiempo, y pese a perder sus recuerdos podían volver a gozar de la vida.

Pero Hope estaba condenado a la desaparición, como si nunca hubiese existido. Sus recuerdos estaban a punto de ser destruidos por su amo, el dios Bhunivelze, en cuyo interior sabía que se encontraba el corazón que le había sido arrebatado 169 años atrás. Una vez el Altísimo hubiera sido derrotado, su espíritu moriría con él. Y ya nada quedaría del que otrora fue el joven líder de la humanidad.

“No temo a nada. Ya no.”

Pese al vínculo que Bhunivelze había establecido entre ambos, lo cual le había llevado a actuar de una forma diferente a la que él hubiera actuado a causa de que el Altísimo pudiera ver y oír a través de él, Hope había trazado un plan desde hacía años para asegurar su caída. Cuando supo que Lightning sería elegida Redentora y eterna sierva de Bhunivelze, se había jurado a sí mismo que no lo permitiría. Aunque ello acarrease la desgracia sobre él.

El plan estaba en marcha. Antes de caer en el vacío, Hope se había logrado liberar del control de Bhunivelze para hablar directamente al corazón de Lightning. Le había revelado los verdaderos poderes de Vanille, cómo poder recuperar a su querida hermana Serah, y que era demasiado tarde para salvarle a él. Los tres pilares de su plan. Y el mensaje que le había pedido a Mogu que le transmitiera a Lightning una vez él ya no estuviera.

Aun si hubiera alguna mínima esperanza de salvarle, Hope no quería correr riesgos. De la derrota de Bhunivelze dependía el destino de la humanidad y la libertad de Lightning. Si ella tratara de salvarle cuando descubriera qué había sido de la otra parte de su ser, lo único que quedaría en el mundo de su identidad, y se pusiera a sí misma en peligro por él… No, Hope no iba a permitirlo. Odiaba mentirle a Lightning, y odiaba no poder contarle toda la verdad.

Pero como él mismo había dicho en una ocasión, lo que cuenta no es la mentira, sino lo que uno hace después para compensarlo. Y si su plan salía como había planeado, Lightning sería libre al fin. Y él también. Aun a costa de su propia existencia. Un destino aún peor que la muerte.

“Porque estás aquí.”

Pero Hope ya no tenía miedo. Había podido ver a Lightning por última vez. Hablar con ella siendo él mismo de verdad. Si necesitaba algo para reafirmarse en su determinación de sacrificarse por ella y su futuro, era saber que, si su plan funcionaba, Lightning sería libre, feliz y podría reunirse con los suyos, y con su hermana. Sabía que no volvería a verla sonreír, pero el simple hecho de saber que sonreiría le bastaba. No necesitaba nada más.

Tan sólo tenía una cosa a lamentar en aquellos últimos momentos de consciencia. Lightning jamás sabría lo que el corazón de Hope había albergado por ella durante mil años, lo que le había inspirado para llegar a ser el líder de la humanidad, lo que le había llevado a la locura, y lo que le había privado de su libertad para siempre. No tenía sentido revelárselo, se había dicho Hope, recurriendo a su pragmática lógica de científico. Tan sólo la haría sufrir, pondría en peligro la eficacia de su plan si por aquellas tres palabras que tanto deseaba decirle se arriesgaba a intentar salvarle cuando se batiera en duelo con Bhunivelze. Y además, una vez lo derrotara, su alma quedaría finalmente destruida. Cuando un alma era destruida, los recuerdos de esa identidad también lo serían. Aquél era el plan del Altísimo para con todos los difuntos, pero Hope tenía el suyo propio, y si todo salía según sus cálculos, sólo un alma sufriría aquel destino: la suya.

Su recuerdo desaparecería de la memoria de toda la humanidad. Hope había tratado de convencerse de que era lo mejor para todos, y que Lightning sería más feliz si le olvidaba y seguía adelante una vida feliz junto a su querida hermana Serah y todos los demás. Aquél era su deber, su último servicio a la humanidad que ni siquiera sería recordado, como líder de la Academia y como Guardián de la Vida que le había nombrado Bhunivelze durante el período de tiempo que permaneció en el Arca antes de descender como su avatar.

Pero ahora Lightning olvidaría completamente su existencia, una vez todo hubiera acabado, y por mucho que Hope quisiera convencerse mediante la lógica, el corazón que aún no había sido absorbido por su amo dolía como mil puñales clavados en él. El joven que tanto había sufrido por amor desaparecería en el abismo del olvido sin haber osado confesar sus sentimientos a la mujer por la que había sufrido siglos para evitarle todo sufrimiento. Hope podía haber sido lu’Cie, el líder de la Academia y la humanidad, y siervo y avatar del Altísimo, y sabía que algunas cosas se hacían y punto, por duras que fuesen.
Sin embargo, en aquellos últimos momentos de existencia, Hope Estheim volvió a sentirse humano por primera vez en muchos siglos.

Mientras caía en el vacío más oscuro, envuelto en aquella luz dorada que se lo había tragado en el corazón de Lightning, se llevó las manos al suyo propio, que resplandecía con un fulgor sobrenatural en aquella oscuridad como si quisiera iluminar todo cuanto era capaz en los últimos momentos que le quedaban de existencia, y por primera vez en 169 años, el joven pudo al fin dejar escapar su dolor y su lamento en forma de brillantes lágrimas que manaron de sus ojos y se elevaron al tiempo que él se precipitaba al abismo del olvido.

Su último pensamiento fue, inevitablemente, para su amada Light.

“… No sabes cuánto me alegro de haberte conocido.”