Lightning despertó súbitamente en medio de la noche. Lo primero
que percibió fue la ausencia de la calidez de Hope a su lado; las sábanas frías
delataban que hacía un rato que no estaba junto a ella. La segunda fue girarse,
adormilada, hacia el reloj de su mesita: la una de la madrugada.
Se incorporó lentamente, preocupada. ¿Dónde estaría Hope a
aquellas horas? Aquello no era normal en él. Siempre que la joven despertaba,
él estaba a su lado. Al menos así había sido durante el último mes. ¿Acaso iría
algo mal?
“Deja de
pensar como una novia paranoica”, se reprendió Lightning. “Quizá sólo haya ido al baño.”
Claro que si las sábanas estaban frías era porque hacía un rato
que Hope se había ido. Eso sólo dejaba dos opciones: o iba estreñido, o no
estaba en el baño.
Lightning suspiró, se levantó de la cama y salió, un tanto
tambaleante por el sueño, de la habitación. En el fondo no tenía motivos para
preocuparse, lo sabía: si Hope hubiera tenido una de sus horribles pesadillas
se habría dado cuenta. Tenía que ser otra cosa.
Y la verdad sea dicha, a Lightning no le gustaba no saber dónde
estaba. Sólo hacía dos meses que le había recuperado, y el hecho de perderle la
aterraba. Hope era la única persona de la cual estaba segura que jamás la
dejaría sola, y cuando algo así sucedía, la joven no podía evitar sentir aquel
temor irracional.
Bajó las escaleras con cuidado, sus ojos acostumbrándose a la
suave luz que siempre dejaban encendida en el salón del piso inferior.
-¿Hope?-llamó, frotándose los ojos-¿Dónde estás?
No hubo respuesta. Lightning volvió a suspirar y se rascó la
cabeza. Si Hope estuviera en el salón o en la cocina le habría oído. Ya había
comprobado que en el baño no estaba. Y al pasar por delante de la puerta del
estudio había visto que la luz estaba apagada.
Estaba a punto de darse por vencida y recurrir al teléfono cuando
de pronto escuchó un sonido muy, muy tenue. Lightning alzó la cabeza, alerta,
tratando de descubrir la fuente. Parecía llegar desde la amplia ventana del
salón. Se acercó unos pasos, aguzando el oído; a medida que se acercaba, se
percató de que era música. Algún instrumento de cuerda, sin duda.
Cuando ya estaba al lado de la ventana, le llegó además el sonido
de una voz. Apenas inaudible, pero lo bastante reconocible para ella, y que
indudablemente estaba cantando.
Lightning sonrió. Ya sabía dónde encontrar lo que estaba buscando.
Salió de la casa y se dirigió a la pequeña arboleda que se alzaba
junto a ésta; pese a ser verano tardío, a aquellas horas refrescaba, y
Lightning se frotó los brazos mientras caminaba y maldecía haber salido sólo
con el camisón. Por suerte, a medida que avanzaba, la música se hacía más
audible, al mismo tiempo que la voz.
Por fin llegó a las lindes de la arboleda, a unos cuarenta metros
de su casa. Allí, sentado bajo un árbol, de espaldas a ella, Lightning
descubrió a Hope con una guitarra en sus manos, tocando una melodía que se le
antojaba melancólica y esperanzadora al mismo tiempo, acompañándola con su voz.
Por lo que podía oír, la canción hablaba de los tiempos pasados, de aquello que
había sido y ya no era, y el afán por recuperar lo que se había perdido.
La joven se escondió tras un árbol y lo observó en silencio,
escuchando aquella canción y dejando que la voz de Hope la envolviera. Nunca antes le había oído cantar, y sabía que
si le descubría lo más probable sería que se pusiera tan nervioso que no
pudiera seguir. Quería escucharle hasta el final. Además, si la letra de la
canción le hacía sentirse aludida, cantada por Hope le aludía como diez veces
más. La idea de Hope cantando una canción para ella la hizo sonrojarse
levemente. Era un estúpido cliché, sí, pero tenía que admitir que le gustaba,
pese a que el joven ni siquiera sabía que ella le estaba escuchando.
Era inaudito, pensaba Lightning a menudo. Aun sin siquiera ser
consciente, Hope siempre hallaba la forma de llegar a su corazón.
Cuando por fin Hope terminó la canción, Lightning lo vio respirar
hondo, tararear algo y acompañar aquella casual melodía perezosamente con la
guitarra. Se le veía relajado, allí sentado sobre la hierba, con su holgada
camisa blanca y los igualmente holgados pantalones grises, y su cabello
plateado un tanto revuelto y brillante a la luz de la luna. Una versión de Hope
mucho más agradable que la que tantas veces había contemplado cuando sus
horribles pasadas experiencias le asaltaban en forma de pesadillas.
Una vez se hubo hartado de contemplarle y escucharle, Lightning
decidió salir de su escondite. Avanzó despacio sobre la hierba hacia él;
absorto como estaba, Hope no se percató de su presencia y siguió tarareando,
sus largos dedos rozando distraídamente las cuerdas de la guitarra.
-Hope… -le llamó ella suavemente. Pese a que había tratado de no
asustarle, su precaución no sirvió de mucho: el joven se sobresaltó, causando
una cómica nota desafinada al rasgar una de las cuerdas, y se giró rápidamente
hacia ella.
-Ah… Light… -inmediatamente después de reconocerla, el pálido
rostro de Hope se tiñó de rubor; ella no pudo evitar reír entre dientes al
verle tan azorado y sin saber dónde esconder la guitarra-Yo, eh… No sabía que
estabas aquí.
-Desde hace un rato-respondió Lightning, acentuando su sonrisa al
ver cómo el rubor de Hope se hacía más intenso cuando dedujo que le había
escuchado cantar. Señaló la guitarra y preguntó:-. ¿De dónde la has sacado?
Hope bajó la mirada hacia el instrumento, aún tratando
inconscientemente de esconderlo.
-La compré poco después de renacer… Ya tenía una en el viejo
mundo, mi padre me enseñó a tocar-murmuró, sonriendo tímidamente con
nostalgia-. Solía tocarla para relajarme cuando el trabajo en la Academia
empezaba a volverme loco, o cuando me sentía solo… Perdí la costumbre cuando el
Caos invadió el mundo y ya no tenía tiempo ni para relajarme un solo instante,
pero empecé de nuevo cuando renací.
-No lo sabía-dijo Lightning, sinceramente sorprendida-. Nunca te
he oído tocar en el tiempo que vivimos juntos.
Hope alzó la cabeza con ella, todavía un poco sonrojado, y le
dedicó una de sus cálidas, radiantes sonrisas.
-Bueno, desde entonces no he tenido la necesidad. No me he sentido
solo en todo este tiempo.
Lightning sintió que ella se ruborizaba también. Siempre que le
pasaba maldecía a Hope por ser el único capaz de conseguirlo, pero le resultaba
difícil estar mucho rato enfadada con él. Sin contar que aquello no era
realmente un enfado.
-¿Es que hoy sí que te sentías solo?-replicó sin embargo, alzando
una ceja. Ella no era la clase de mujer que respondía con frases cursis a
aquella clase de comentarios. Pero Hope estaba acostumbrado a ello; es más, en
alguna ocasión había mencionado que era una de las cosas que más le gustaba de
ella.
-No, en absoluto-se echó a reír él-. De hecho, me apetecía estar
un rato solo. Hace una noche preciosa, y como no podía dormir, pensé que tal
vez tocar un poco me ayudaría a conciliar el sueño.
-Oh, entiendo-Lightning ladeó la cabeza, dubitativa-. No pretendía
molestarte. Si prefieres que me marche…
-Claro que no-se apresuró a responder Hope, alzando una mano y
tomando la muñeca de Lightning suavemente-. Light, tu compañía siempre es grata
para mí. Inesperada en el peor de los casos, pero nunca indeseada.
Ella sonrió con cierta timidez. Su lado tímido era otra de las
cosas que sólo Hope podía sacar a la superficie.
-¿Puedo quedarme, entonces?
-Eso no tienes ni que preguntarlo-repuso Hope devolviéndole la
sonrisa y soltando su muñeca-. Todo el tiempo que te plazca.
Lightning se sentó a su lado, apoyó la espalda en el tronco del
árbol y la cabeza en el hombro de Hope. Su sonrisa se hizo un poco más amplia
cuando sintió el brazo del joven rodear su cintura atrayéndola hacia sí.
Durante un breve rato, ambos permanecieron así, contemplando en silencio el
cielo estrellado y disfrutando de la compañía del otro sin más espectadores que
la guitarra que Hope había dejado a su lado, sobre la hierba.
-¿Cómo te encuentras?-le preguntó Hope al cabo, depositando un
suave beso en su sien-No es normal que te despiertes a estas horas.
-Estoy bien. No sé por qué me desperté, la verdad. Supongo que por
ti.-repuso ella sintiéndose ruborizar apenas al notar el roce de los labios del
joven.
-¿Por mí? ¿Te he despertado con la guitarra?-Hope parecía sentirse
culpable.
-No, me refería a que no estabas-le tranquilizó Lightning-. Me he
acostumbrado a que duermas a mi lado, y tal vez, de alguna manera, noté que me
faltaba… algo.
-Entiendo-murmuró él, y esbozó una media sonrisa-. No quería
despertarte, por eso no te dije nada. Pero parece que al final ha sido peor el
remedio que la enfermedad…
-Eso no es verdad. He salido ganando con tu idea-Lightning le
dirigió una mirada divertida-. Estoy sentada contigo al aire libre a la luz de
la luna y te he oído cantar. Eso no pasa todos los días.
El pálido rostro de Hope se volvió a teñir de escarlata, como la
joven sabía que haría en cuanto pronunciara aquellas palabras, y se le escapó
una breve risa avergonzada.
-Me sorprende que aún no hayas decidido hacer las maletas y
marcharte después de oírme cantar. Lo hago muy mal. Pocas personas querrían
pasar otra vez por semejante vergüenza ajena.
-Anda, no me digas. Pues algo me dice que yo soy una de esas
personas-Lightning ladeó la cabeza y enarcó las cejas-. De hecho, querría
volver a oírte cantar. Me encantaría.
El rubor de Hope se hizo aún más intenso.
-Light… De verdad, se me da muy mal… Y además, sabiendo que estás
escuchando, voy a desafinar todavía más.
-Quiero volver a oírte cantar, Hope. Por favor.
-Sabes que funciono mucho peor bajo presión.
-Muy bien. Entonces retiraré el “por favor”.
Hope suspiró y se pasó una mano por la nuca. Miró a Lightning con
resignación en sus ojos claros.
-No vas a dejarme en paz hasta que lo haga, ¿verdad?
-A estas alturas deberías saber la respuesta a eso.-ella le
devolvió una mirada socarrona. Hope sonrió, a su pesar.
-¿Sabes que últimamente estás muy caprichosa? Pareces una
chiquilla.
-Será cosa de Lumina-Lightning se encogió de hombros-. Tendrás que
vivir con ello.
Él rió entre dientes.
-No me quedará más remedio-dijo, atrayéndola un poco más hacia sí
y besándola en la frente-. Porque no tengo intención de volver a separarme de
ti.
-Bueno, venga, déjate de ñoñerías-rió Lightning apartándose de él;
esta vez le tocó a ella sonrojarse-. Canta lo que quieras, pero canta y no
trates de distraerme, porque no cuela.
Hope sacudió la cabeza, sonrió tímidamente y cogió la guitarra que
había dejado a su lado. Hizo sonar unas cuantas notas para comprobar que la
humedad de la noche no la había desafinado, y alzó la mirada al cielo
estrellado, pensativo.
-¿Tienes alguna preferencia en particular?-le preguntó el joven,
todavía con aquella sonrisa entre tímida y traviesa en sus labios. Lightning se
preguntó qué diablos estaría tramando, pero mientras cantara otra vez, la
verdad era que le daba igual.
-No sé mucho de música. Lo dejo a tu criterio.
Él acentuó apenas su sonrisa, al tiempo que su sonrojo también se
acentuaba.
-En ese caso… Bien, ya que insistes en que cante, supongo que no
te importará si te la dedico, ¿no?-repuso en voz baja, mirándola tan expectante
como azorado. Lightning sintió que su corazón se aceleraba al comprender lo que
le rondaba a Hope por la mente: la joven le había pedido que cantara cualquier
cosa, pero él estaba hablando de una serenata. Para ella. Aquello sonaba a
cliché de película romántica, pero de alguna forma, el hecho de que fuese Hope
quien se la dedicara le resultaba… casi como un sueño.
-… No, claro que no-se las arregló para decir sin que se notara el
nerviosismo en su voz, y carraspeó-. Tú canta.
Hope asintió brevemente y le dirigió otra sonrisa, mucho más
radiante y cálida que las anteriores, aunque seguía teniendo aquel matiz de
timidez que, la verdad sea dicha, tan adorable se le antojaba a Lightning.
-En tal caso, va para ti, Light.
Ella le observó expectante mientras tocaba unos cuantos acordes en
busca de la tonalidad correcta, y una vez pareció estar conforme, empezó a
tocar. La melodía que sus dedos arrancaban suavemente a las cuerdas le
resultaba extrañamente familiar, pero no fue hasta que Hope comenzó a cantar
cuando reconoció la canción.
Desde la escarlata ráfaga de luz
Hasta aquél que el silencio rompe
La oscura noche iluminas tú
En tantas
asombrosas formas
Lightning cerró los ojos. Recordaba aquella canción. La había
escuchado en el viejo mundo, en Nova Chrysalia, cantada por los juglares de la
ciudad de Luxerion. Sabía que era una canción dedicada a la Redentora de
leyenda, pero nunca se hubiera imaginado que volvería a escucharla. Mucho menos
que sería Hope quien se la cantara, con aquella voz tan suave y dulce que
parecía acunarla y le hacía derretirse por dentro.
Hope pareció darse cuenta de esto, porque su voz tomó algo más de
confianza cuando prosiguió con la siguiente parte de la canción. De alguna
forma, el hecho de que él fuese quien cantaba aquella canción hacía pensar a
Lightning que había sido escrita para que aquel momento tuviese lugar. Que Hope
la cantara para ella. Porque no podía haber elegido una mejor.
Desde los cielos enviada cayó
Un precioso poema es su nombre
Déjame cantar para ti mi canción
Bella
redentora de mi alma
Al oír el último verso, Lightning abrió los ojos, ruborizada y con
el corazón latiéndole con fuerza. Estaba segura de que la canción no decía así,
pese a que no la recordaba claramente. Pero de eso sí que se acordaba. Hope
había cambiado aquel verso para ella, cambiando el tono en parte impersonal de
aquella oda a la Redentora por algo que realmente significara algo para ella. Y
para él. Para ambos.
Cuando tocó la última nota, Hope bajó la mirada, tan colorado como
ella. Parecía rehuir los ojos de Lightning, si bien una pequeña sonrisa se
adivinaba en su rostro.
-Ya te lo he dicho-murmuró el joven-. Canto muy mal.
-No-Lightning negó con la cabeza, y sin darle oportunidad a añadir
una palabra más, se abrazó a él, arrancándole un débil grito ahogado de
sorpresa-. Ni se te ocurra decirlo, o te pongo esa guitarra por sombrero. Mejor
cállate antes de estropearlo.
Hope tardó un instante en reaccionar, pero no tardó en sonreír y
corresponder a su abrazo, feliz. Lightning sabía lo mucho que significaba para
él lo que acababa de hacer, por mucha vergüenza que le diera; de hecho, sabía
que el mayor problema de Hope para con ella era su timidez, y la joven quería
que la superara. Y también sabía lo mucho que significaba para ella aquella
sencilla canción.
Era sorprendente lo poco que necesitaban ambos para sentirse
felices. Seguramente porque habían pasado literalmente mil años el uno sin el
otro, y el destino había hecho lo imposible por mantenerles separados.
Cualquier cosa, por pequeña que fuese, significaba todo un universo.
-Hope… -Lightning rompió el silencio al cabo de un rato, todavía
abrazada a él.
-Dime.
-Ese último verso… -la joven hizo una pausa, y entonces alzó la
vista hacia Hope, socarrona-Visto de esa forma, yo también podría cantarte la
misma canción y no cambiaría nada.
Hope rió suavemente, acariciándole el pelo.
-Yo no soy ningún Redentor, Light.
-Sí que lo eres-replicó ella-. Eres mi Redentor, mi único y
especial Redentor. Tú me salvaste, sólo a mí. Y sin poderes de ningún tipo. Sin
ti, yo no estaría aquí ahora mismo.
-Ni yo tampoco. Eso lo sabemos los dos. Pero esto lo hemos
discutido otras veces, y nunca nos hemos puesto de acuerdo.-observó Hope,
divertido.
-Tienes razón-rió Lightning-. Sería mucho más fácil si ambos
admitiésemos que somos Redentores el uno del otro. Pero tú eres cabezota y no
vas a admitir nunca ese papel…
-Te costará mucho conseguirlo. Sin embargo… -Hope le dirigió una
traviesa sonrisa-Si lo intentas con la segunda parte de tu proposición, me lo
podría pensar.
Lightning le miró sin comprender, aunque su expresión le hacía
temerse alguna maquinación de las suyas.
-¿De qué estás hablando?
-Antes has dicho que podrías cantarme la misma canción dado que yo
también soy tu Redentor-sonrió él-. No me parece una mala idea.
-¿Qué?-Lightning se separó de él como un resorte, sintiendo sus
mejillas arder-Ah, no. Ni hablar. Eso sí que no.
-Eso no es justo, Light-Hope ladeó la cabeza, dirigiéndole una
mirada lastimera-. A mí me has hecho cantar. Me debes una, y estaremos en paz.
-Olvídalo, Hope. Yo no canto.
-No me lo creo. Estoy seguro de que, con esa voz tan preciosa que
tienes, oírte cantar es todo un privilegio.
-Eso por descontado, porque no te creas que me vas a escuchar, ni
tú ni nadie.
-¿Ni siquiera lo harías por mí?-el joven acentuó aquella juguetona
sonrisa-Qué poca consideración tienes conmigo. Para una cosa que te pido.
Lightning resopló y se cruzó de brazos, apartando la mirada de sus
ojos de cachorro abandonado. Sabía que si seguía mirándolos no podría decirle
que no.
-¿Desde cuándo no querer cantar es ser poco considerada contigo? Ni
que te hubiera echado a dormir al sofá.-protestó la joven.
-Bueno, estamos juntos… Ya sabes, eso incluye hacernos felices el
uno al otro. Y la verdad, no sabes lo feliz que me haría que cantaras algo para
mí.
-Eres un condenado manipulador.
-Lo sé-Hope rió entre dientes, y entrelazó su mano con la de ella,
suavemente-. También podría ponerme de rodillas y suplicarte, pero no creo que
surta tanto efecto.
-Y además sería mucho más patético.-bromeó Lightning, socarrona,
dándole un suave golpe con el dedo en su frente. Hope dejó escapar una breve
risa un tanto tímida, y se frotó el punto en el que le había golpeado.
-En fin… Supongo que la fortuna no está hoy de mi parte para
convencerte-rió el joven con suavidad-. Y yo no tengo aguante para hacerte
rabiar, así que tendré que quedarme con las ganas. Qué se le va a hacer.
Lightning lo miró, en parte sintiéndose culpable. Lo cierto es que
ella había hecho cantar a Hope, pese a su reticencia. Pero cantar ella era otra
cosa muy diferente. Estaba segura de que si lo intentaba, Hope sería el que
cortara con ella a causa del horror.
Sin embargo, pese a su tono desenfadado, Lightning sabía
identificar sus reacciones y expresiones casi a la perfección. Y más allá de
aquella sonrisa, la joven veía la decepción en los ojos claros de Hope. Y sabía
que aquella vez no lo estaba haciendo para que cediera.
-Te propongo un trato-le dijo, buscando su mirada; Hope alzó la
cabeza-. Si te doy algo a cambio de que cante, ¿saldaríamos la deuda?
Él la miró fijamente unos segundos. En sus ojos brillaba una
chispa socarrona.
-Depende de lo que sea.
-Hum… Eso me pone las cosas difíciles-Lightning fingió pensárselo,
y sonrió enarcando las cejas-. ¿Aceptarías un beso a cambio?
Hope parpadeó, sorprendido, pero antes de que pudiera replicar,
Lightning le selló los labios con los suyos, inesperadamente. La joven no solía
iniciarlos ella misma a menos que realmente lo quisiera, por lo que Hope tardó
un poco en reaccionar. No tardó, no obstante, en cerrar los ojos y devolvérselo suave y
dulcemente, deleitándose con cada segundo de aquel beso bajo la luz de la luna,
en brazos de su amada Redentora.
Cuando por fin se separaron, ambos sonrojados y respirando hondo
para recuperar el aliento, Hope le susurró a Lightning al oído:
-Estamos en paz, Light.