Un súbito estrépito procedente del piso de abajo despertó
bruscamente a Hope de su plácido estado de duermevela. Se incorporó en la cama,
un tanto aturdido, y entonces escuchó una exclamación ahogada de dolor.
-¡Light!-sin perder un segundo, el joven saltó de la cama y echó a
correr hacia el piso inferior, casi tropezando con los bajos de sus pantalones
al bajar a toda prisa las escaleras. Al llegar abajo, miró a su alrededor,
alarmado; oyó en ese momento una maldición mascullada entre dientes que venía desde
la cocina.
Prácticamente se abalanzó contra la puerta de la cocina, que
estaba cerrada, y la abrió con cierta brusquedad, temiendo que hubiera sucedido
algo malo. Lo que vio fue a Lightning de espaldas a él, de rodillas en el
suelo, apretándose la mano izquierda con la otra y con un cuchillo manchado de
sangre al lado.
-¡Light!-Hope corrió hacia ella y se arrodilló a su lado, presa
del pánico; Lightning alzó la cabeza hacia él, con una mueca de dolor
reprimido-¿Qué ha pasado?
-Nada-respondió ella, apretando los dientes-. No te preocupes. No
ha sido nada.
Hope, que la conocía de sobra, tomó la mano que Lightning aferraba
con la otra; ella se resistió un poco, pero finalmente dejó que el joven la
examinara: un largo y profundo corte recorría la palma de su mano izquierda,
sangrando abundantemente, dejando rastros escarlata en su brazo.
-¿“Nada”, dices? Por el amor de los dioses, Light, por poco te
llevas media mano por delante.
Ella le disparó una mirada llena de ironía.
-Tú y yo hemos sufrido heridas mucho más serias. Esto no es más
que un rasguño en comparación.
-Eso no es razón para decir que esto no es “nada”-Hope movió la
cabeza y cubrió la mano herida de Lightning con las suyas, que empezaron a
brillar con un suave resplandor azulado-. De verdad, Light, yo no estoy para
estos sustos.
Lightning frunció el ceño, pero su expresión tensa iba relajándose
poco a poco, a medida que el hechizo Cura de Hope sanaba la herida y calmaba el
dolor.
-Siento haberte asustado-dijo, agachando la cabeza-. Creía que
estabas durmiendo. Iba a curármelo yo misma, pero reconozco que tu magia
curativa es mucho mejor que la mía…
Él suspiró, pero no dijo nada. Siguió curando en silencio la mano
de Lightning.
Después de unos pocos minutos, finalmente Hope soltó suavemente la
mano de la joven y la examinó; había desaparecido todo rastro de la herida, a
excepción de los regueros de sangre que recorrían su brazo.
-Ya está-le dijo él dándole un suave apretón en la mano-. ¿Te
duele?
-No-repuso ella abriendo y cerrando la mano para asegurarse-. Está
como nueva. Gracias, Hope.
Hope esbozó una pequeña sonrisa, algo que en los últimos meses le
costaba mucho, por lo que cada vez que sucedía significaba muchísimo para ella.
Entonces, el joven se inclinó para recoger el cuchillo de cocina con el que por
poco Lightning se había dejado sin mano.
-¿Qué estabas haciendo con el cuchillo?-le preguntó, preocupado;
Lightning desvió la mirada-Light, ¿pasa algo malo…?
-¡No!-se apresuró a contestar ella al darse cuenta de que Hope se
estaba imaginando lo que no era-No, de verdad. No tiene nada que ver. Yo…
estaba intentando darte una sorpresa.-confesó, ruborizándose.
-¿Una sorpresa?-Hope ladeó la cabeza sin comprender-¿Cortándote
con el cuchillo?
-No, tonto, claro que no. Es que… -de pronto, Lightning, con el
rostro encendido, parecía más tímida que nunca-Siempre dices que te gustaría
probar mi comida, y yo lo único con lo que me defiendo es con el filete de
bégimo… así que quería hacer algo más elaborado para ti.
Hope parpadeó, atónito; como Lightning no era precisamente buena
cocinera, siempre había sido él quien se había encargado de la cocina. Cuando
su depresión se agravó, ella había intentado tomar el relevo con desastrosos
resultados, por lo que Hope había hecho el esfuerzo de seguir cocinando él. El
hecho de que después de aquellos fracasos culinarios la joven hubiera intentado
cocinar algo para él… No sabía qué decir. Lightning no solía dedicarle mucho
tiempo a lo que consideraba que se le daba mal.
-¿Querías prepararme algo especial?-Hope alzó la vista y descubrió
sobre la encimera algo que parecía un ave casi entera, su carne llena de toscos
cortes y tajos, sin duda producto de los esfuerzos de Lightning por limpiarla y
deshuesarla, y rió suavemente entre dientes-Vaya, Light, ¿qué le has hecho al
pobre animal? Parece como si en vez de usar un cuchillo hubieras estado
peleándote con él.
Lightning se rió sin ganas, con los hombros hundidos, claramente
desanimada.
-Ya sé que ni siquiera debería haberlo intentado-dijo, su voz
teñida de un matiz de tristeza-. Soy un fracaso en la cocina, y para una cosa
que quiero hacer para agradarte…
-Light-le cortó él, tomando su rostro entre sus manos y mirándola
a los ojos-, no me importa lo más mínimo que no sepas cocinar. Que hayas
intentado hacerlo por mí es lo que de verdad me importa.
Ella le devolvió una mirada entristecida, pero llena de amor y
dulzura. Era muy raro ver algo así en los ojos de Lightning Farron, y Hope se
sentía el ser más feliz del nuevo mundo cada vez que lo veía, consciente de que
muy probablemente era el único que había tenido el privilegio de ser el
destinatario de aquella mirada.
-Pero quería hacerlo, Hope. Me siento fatal por no poder hacer
nada para animarte, y verte tan triste… -Lightning cerró los ojos-Quiero
hacerte feliz, y no sé cómo hacerlo. Pensé que, si conseguía hacer esto…
Hope la interrumpió entonces posando suavemente sus labios sobre
los de ella, presionando apenas, pero aquello bastó para que Lightning dejara
escapar un débil grito ahogado de sorpresa al tiempo que se sentía derretir;
hacía tiempo que él no tomaba la iniciativa, más concretamente desde que su
depresión tocó su punto más hondo. Y aunque aquél no era un beso pasional, a la
joven no le importaba en absoluto. Su relación… su amor por Hope iba más allá
de minucias como ésas.
Cuando se separaron, apenas unos segundos después, Hope la abrazó,
y Lightning hundió el rostro en su hombro. La joven pensaba que debía ser ella
quien estuviera consolándolo a él, pero lo cierto era que llevaba varios meses
sintiéndose mal al verle tan deprimido y se había obligado a sí misma a
tragárselo y mostrarse fuerte por él. Y además, no estaba tan mal que fuera
Hope quien la consolara a ella…
-Que estés aquí conmigo es lo que más feliz podría hacerme-le
susurró el joven al oído, acariciándole el pelo-. Lo que yo estoy pasando no
tiene nada que ver contigo. Eres lo único que me ha mantenido cuerdo durante
estos meses, y nunca podría agradecértelo lo suficiente.
Lightning sonrió, devolviéndole el abrazo. Sabía que Hope lo decía
de verdad, pero también pensaba que ella aún podría hacer algo más por él.
Luchaba contra la depresión del joven con uñas y dientes, pero era una guerra
silenciosa, una guerra mental. Quizá por eso, pensó, no se le diera muy bien.
Ella sabía luchar mano a mano… pero aún, tenía que admitir, le faltaba mucho
que aprender en el terreno de las emociones.
Por suerte para ella, Hope era el mejor maestro que podría haber
encontrado.
-No me lo agradezcas. Sólo quiero que tengas una vida tranquila y
sin fantasmas del pasado-musitó ella-. Y si para ello tengo que ingeniármelas
para cocinar… lo haría sin dudarlo.
El pecho de Hope se agitó levemente cuando el joven se rió entre
dientes.
-Mientras no me des más sustos… No me gustaría entrar en la cocina
y verte sin una mano por pelearte con un pollo muerto.
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