Cuando apareció al fin la casa de madera en el horizonte, entre
los árboles, Hope se removió inquieto en su asiento del autobús. Lightning le
puso una mano en el brazo, tratando de calmarlo:
-Tranquilo-le dijo en voz baja, pese a que eran los únicos que
quedaban ya en el autobús-. Todo irá bien, ya verás.
-No te preocupes por mí-murmuró Hope, que miraba con obvia
aprensión la casa-. Estoy bien.
-No, no lo estás-replicó ella poniendo los ojos en blanco; Hope
mentía muy mal y disimulaba aún peor-. Mírate, si estás casi temblando.
Hope sacudió la cabeza, pero tenía que admitir que Lightning le
había pillado. Era imposible enmascarar la leve palidez –más de lo habitual en
él– de su rostro, sus nudillos blancos y sus continuos movimientos
inconscientes que desde niño hacía cuando se sentía incómodo o inquieto, o las
dos cosas.
-Vale, sí, estoy nervioso-reconoció de mala gana, haciendo una
breve mueca cuando el autobús se detuvo frente a la casa-. Todavía no estoy
preparado para esto, Light; ¿cómo nos hemos dejado mangonear de esta manera?
-Hope, por favor, no es para tanto. Has estado ya en dos reuniones
y no te ha pasado nada ni has hecho daño a nadie. Son nuestros amigos,
¿recuerdas?
Él suspiró casi imperceptiblemente. Lightning tenía razón, pero
aun así seguía costándole horrores hacer aquellas cosas. Era cierto que había
estado en la boda de Snow y Serah y en la ceremonia de vinculación de Fang y
Vanille, pero aquello era diferente.
Había sido idea de Serah y Snow, para no variar. Pese a haberse
reunido todos en las dos ocasiones previamente citadas, habían insistido en
pasar todos unos días juntos como era debido, ahora que vivían cada uno sus
vidas y no se veían con tanta frecuencia. Eligieron un albergue discreto pero
acogedor en las montañas de Pyrien, al sur de Galya y norte de Hisperia, e
invitaron a todos los demás a que fueran; la idea era relajarse juntos y
divertirse, recordando viejos tiempos en el otro mundo.
Lo habían hecho con la mejor intención y Hope lo sabía, pero no
podía evitar pensar que aquella no era una buena idea en lo que respectaba a
él. Aún estaba remontando de su depresión y no estaba para mucha marcha, y eso
sin contar que se sentía fuera de lugar entre sus amigos desde el momento en el
que renació; Lightning insistía en que él no tenía la culpa de que Bhunivelze
le hubiera usado contra ellos, pero Hope no podía quitarse de la cabeza la idea
de que, en cualquier momento, el Altísimo podría volver a intentar hacerles
daño a través de él.
Lightning, por su parte, no podía decirse que fuera el paradigma
de la sociabilidad, pero creía que a Hope le haría bien pasar aquellos días
junto a los demás, y por ese motivo había logrado convencerlo para que fueran.
Eso, y que Serah no la había dejado en paz hasta que finalmente su hermana
mayor cedió.
Hope había hecho un esfuerzo para finalmente aceptar, el peor
momento hasta entonces cuando habían subido al autobús; no se sentía nada
cómodo entre las multitudes desde su renacer en el nuevo mundo, entre otras
cosas porque estaba acostumbrado en el otro mundo a que la gente le reconociera
inmediatamente si salía a la calle. Pero Lightning ya sabía todo aquello y
también sabía que por norma general el joven se calmaba si ella estaba a su
lado.
Sin embargo, sus amigos eran un tema mucho más personal. Y por eso
mismo Hope se lo tomaba mucho más en serio. Se temía que en cualquier momento
le reprocharan sus acciones como avatar de Bhunivelze, o su fracaso como líder,
o… cualquier cosa, en realidad. Por eso había estado meses evitándoles. Algo
por lo que también temía que le dieran la espalda.
En resumen, Hope era un manojo de nervios plagado de inseguridades
cada vez que se reunía con sus viejos amigos. Lightning contaba con ello, pero
también confiaba en que el joven pudiera superarlo poco a poco con la ayuda de
todos.
Ahora bien, no quería que Hope lo pasara mal por el simple hecho
de encontrarse con ellos al punto de no querer bajar del autobús, como parecía
ser el caso. Se suponía que iban a un lugar en el que podrían relajarse, no a
que sus nervios se disparasen.
-Hope-le dijo la joven, cogiéndole la mano; él la miró, con una
chispa de vacilación en sus ojos-, no tienes nada que temer. Son nuestros
amigos, y te quieren. Sólo pretenden que lo pasemos bien todos juntos.
-Light, yo… -empezó Hope, pero ella le interrumpió posando
suavemente su dedo índice sobre sus labios:
-Nada de excusas. Vas a bajar del autobús, vas a reunirte con
todos y vas a disfrutar de estos días tranquilo y en paz-Lightning sonrió
cálidamente-. Y yo estaré contigo todo el tiempo. Lo sabes.
Él no dijo nada durante unos segundos, mirándola inseguro, pero
finalmente asintió, exhalando un suspiro. Tomó la mano de Lightning cuyo dedo
seguía sellando sus labios en la suya y depositó un suave beso sobre ella; el
gesto pilló un poco por sorpresa a la joven, que se ruborizó levemente.
-Está bien-murmuró Hope, sus labios apoyados contra los dedos de
ella-. Pero, por favor, no te separes de mí. Me siento más tranquilo cuando tú
estás a mi lado.
-Ya lo sé-Lightning esbozó una suave sonrisa-. No te preocupes.
Estaremos juntos, ¿lo recuerdas? Fuiste tú quien me lo prometiste.
Hope le devolvió la sonrisa, un tanto azorado.
-Y no sabes cuánto me alegra que no lo hayas olvidado.
La sonrisa de Lightning se acentuó. Aquella promesa, que Hope le
había hecho cuando la rescató del propio Caos de su corazón, era una frase que
ambos solían recordarse mutuamente a menudo, por lo que era un poco tontería
que Lightning le preguntara a Hope si se acordaba y que él respondiera que le
alegraba que ella no lo hubiera olvidado. Sin embargo, tras un milenio de
separación y después de todo lo que habían pasado durante el ocaso del otro
mundo, era inevitable que de alguna forma necesitaran reafirmar aquella
promesa. Así, sus turbulentos corazones podían permanecer en calma.
-Venga, vamos-le dijo Lightning a Hope, levantándose del asiento y
tirando de su manga para que se levantara también; él se mostró un poco
reticente, pero terminó por ceder-. Todos nos están esperando. Y estoy segura
de que se alegrarán de verte.
Hope no parecía tenerlo tan claro, pero prefirió guardarse sus
dudas para sí. Total, Lightning ya las conocía, y no servía de nada tener dudas
si uno no las afrontaba. De esa forma, su atribulada alma jamás hallaría la
paz.
Sin embargo, gran parte de aquellas dudas se disipó una vez ambos
bajaron del autobús y, apenas habiendo dado unos pasos hacia el albergue,
salieron todos sus viejos amigos a recibirles cálidamente: las recién
vinculadas Vanille –que parecía ser quien había alertado a los demás de la
llegada de Lightning y Hope– y Fang; Sazh junto a su hijo Dajh y también
Chocolina, que había adoptado forma humana tras su renacer; Noel y Yuul, los
que vivían más apartados; y por supuesto, Serah y Snow, los responsables de que
estuvieran todos allí.
Ninguno de ellos tuvo reproches para Hope ni mantuvo las distancias
con él. Ni rastro de recelo.
Y pese a que el joven era consciente de que sus temores no
desaparecerían de la noche a la mañana, por primera vez pensó que, después de
todo, quizá pudiera pasar unos días de tranquilidad junto a sus amigos en aquel
lugar tan alejado del mundo.
Siempre y cuando Lightning estuviera junto a él. En parte, pensó
Hope cuando Snow los envolvió a ambos en un abrazo de oso, porque ella era la
única que podía mantener al marido de Serah a raya…
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