lunes, 6 de abril de 2015

[Post-LR:FFXIII] La reunión inminente

Cuando apareció al fin la casa de madera en el horizonte, entre los árboles, Hope se removió inquieto en su asiento del autobús. Lightning le puso una mano en el brazo, tratando de calmarlo:

-Tranquilo-le dijo en voz baja, pese a que eran los únicos que quedaban ya en el autobús-. Todo irá bien, ya verás.

-No te preocupes por mí-murmuró Hope, que miraba con obvia aprensión la casa-. Estoy bien.

-No, no lo estás-replicó ella poniendo los ojos en blanco; Hope mentía muy mal y disimulaba aún peor-. Mírate, si estás casi temblando.

Hope sacudió la cabeza, pero tenía que admitir que Lightning le había pillado. Era imposible enmascarar la leve palidez –más de lo habitual en él– de su rostro, sus nudillos blancos y sus continuos movimientos inconscientes que desde niño hacía cuando se sentía incómodo o inquieto, o las dos cosas.

-Vale, sí, estoy nervioso-reconoció de mala gana, haciendo una breve mueca cuando el autobús se detuvo frente a la casa-. Todavía no estoy preparado para esto, Light; ¿cómo nos hemos dejado mangonear de esta manera?

-Hope, por favor, no es para tanto. Has estado ya en dos reuniones y no te ha pasado nada ni has hecho daño a nadie. Son nuestros amigos, ¿recuerdas?

Él suspiró casi imperceptiblemente. Lightning tenía razón, pero aun así seguía costándole horrores hacer aquellas cosas. Era cierto que había estado en la boda de Snow y Serah y en la ceremonia de vinculación de Fang y Vanille, pero aquello era diferente.

Había sido idea de Serah y Snow, para no variar. Pese a haberse reunido todos en las dos ocasiones previamente citadas, habían insistido en pasar todos unos días juntos como era debido, ahora que vivían cada uno sus vidas y no se veían con tanta frecuencia. Eligieron un albergue discreto pero acogedor en las montañas de Pyrien, al sur de Galya y norte de Hisperia, e invitaron a todos los demás a que fueran; la idea era relajarse juntos y divertirse, recordando viejos tiempos en el otro mundo.

Lo habían hecho con la mejor intención y Hope lo sabía, pero no podía evitar pensar que aquella no era una buena idea en lo que respectaba a él. Aún estaba remontando de su depresión y no estaba para mucha marcha, y eso sin contar que se sentía fuera de lugar entre sus amigos desde el momento en el que renació; Lightning insistía en que él no tenía la culpa de que Bhunivelze le hubiera usado contra ellos, pero Hope no podía quitarse de la cabeza la idea de que, en cualquier momento, el Altísimo podría volver a intentar hacerles daño a través de él.

Lightning, por su parte, no podía decirse que fuera el paradigma de la sociabilidad, pero creía que a Hope le haría bien pasar aquellos días junto a los demás, y por ese motivo había logrado convencerlo para que fueran. Eso, y que Serah no la había dejado en paz hasta que finalmente su hermana mayor cedió.

Hope había hecho un esfuerzo para finalmente aceptar, el peor momento hasta entonces cuando habían subido al autobús; no se sentía nada cómodo entre las multitudes desde su renacer en el nuevo mundo, entre otras cosas porque estaba acostumbrado en el otro mundo a que la gente le reconociera inmediatamente si salía a la calle. Pero Lightning ya sabía todo aquello y también sabía que por norma general el joven se calmaba si ella estaba a su lado.

Sin embargo, sus amigos eran un tema mucho más personal. Y por eso mismo Hope se lo tomaba mucho más en serio. Se temía que en cualquier momento le reprocharan sus acciones como avatar de Bhunivelze, o su fracaso como líder, o… cualquier cosa, en realidad. Por eso había estado meses evitándoles. Algo por lo que también temía que le dieran la espalda.

En resumen, Hope era un manojo de nervios plagado de inseguridades cada vez que se reunía con sus viejos amigos. Lightning contaba con ello, pero también confiaba en que el joven pudiera superarlo poco a poco con la ayuda de todos.

Ahora bien, no quería que Hope lo pasara mal por el simple hecho de encontrarse con ellos al punto de no querer bajar del autobús, como parecía ser el caso. Se suponía que iban a un lugar en el que podrían relajarse, no a que sus nervios se disparasen.

-Hope-le dijo la joven, cogiéndole la mano; él la miró, con una chispa de vacilación en sus ojos-, no tienes nada que temer. Son nuestros amigos, y te quieren. Sólo pretenden que lo pasemos bien todos juntos.

-Light, yo… -empezó Hope, pero ella le interrumpió posando suavemente su dedo índice sobre sus labios:

-Nada de excusas. Vas a bajar del autobús, vas a reunirte con todos y vas a disfrutar de estos días tranquilo y en paz-Lightning sonrió cálidamente-. Y yo estaré contigo todo el tiempo. Lo sabes.

Él no dijo nada durante unos segundos, mirándola inseguro, pero finalmente asintió, exhalando un suspiro. Tomó la mano de Lightning cuyo dedo seguía sellando sus labios en la suya y depositó un suave beso sobre ella; el gesto pilló un poco por sorpresa a la joven, que se ruborizó levemente.

-Está bien-murmuró Hope, sus labios apoyados contra los dedos de ella-. Pero, por favor, no te separes de mí. Me siento más tranquilo cuando tú estás a mi lado.

-Ya lo sé-Lightning esbozó una suave sonrisa-. No te preocupes. Estaremos juntos, ¿lo recuerdas? Fuiste tú quien me lo prometiste.

Hope le devolvió la sonrisa, un tanto azorado.

-Y no sabes cuánto me alegra que no lo hayas olvidado.

La sonrisa de Lightning se acentuó. Aquella promesa, que Hope le había hecho cuando la rescató del propio Caos de su corazón, era una frase que ambos solían recordarse mutuamente a menudo, por lo que era un poco tontería que Lightning le preguntara a Hope si se acordaba y que él respondiera que le alegraba que ella no lo hubiera olvidado. Sin embargo, tras un milenio de separación y después de todo lo que habían pasado durante el ocaso del otro mundo, era inevitable que de alguna forma necesitaran reafirmar aquella promesa. Así, sus turbulentos corazones podían permanecer en calma.

-Venga, vamos-le dijo Lightning a Hope, levantándose del asiento y tirando de su manga para que se levantara también; él se mostró un poco reticente, pero terminó por ceder-. Todos nos están esperando. Y estoy segura de que se alegrarán de verte.

Hope no parecía tenerlo tan claro, pero prefirió guardarse sus dudas para sí. Total, Lightning ya las conocía, y no servía de nada tener dudas si uno no las afrontaba. De esa forma, su atribulada alma jamás hallaría la paz. 

Sin embargo, gran parte de aquellas dudas se disipó una vez ambos bajaron del autobús y, apenas habiendo dado unos pasos hacia el albergue, salieron todos sus viejos amigos a recibirles cálidamente: las recién vinculadas Vanille –que parecía ser quien había alertado a los demás de la llegada de Lightning y Hope– y Fang; Sazh junto a su hijo Dajh y también Chocolina, que había adoptado forma humana tras su renacer; Noel y Yuul, los que vivían más apartados; y por supuesto, Serah y Snow, los responsables de que estuvieran todos allí.

Ninguno de ellos tuvo reproches para Hope ni mantuvo las distancias con él. Ni rastro de recelo.

Y pese a que el joven era consciente de que sus temores no desaparecerían de la noche a la mañana, por primera vez pensó que, después de todo, quizá pudiera pasar unos días de tranquilidad junto a sus amigos en aquel lugar tan alejado del mundo.

Siempre y cuando Lightning estuviera junto a él. En parte, pensó Hope cuando Snow los envolvió a ambos en un abrazo de oso, porque ella era la única que podía mantener al marido de Serah a raya…

No hay comentarios:

Publicar un comentario