domingo, 14 de septiembre de 2014

[LR: FFXIII] Decisión

“Márchate… Y vive.”

Las últimas palabras de Lightning antes de que se desvaneciera en la oscuridad del Caos no abandonaban la cabeza de Hope. Estaba clavado en el sitio, medio girado hacia donde había escuchado su voz minutos antes, respirando agitadamente. “No puedo hacerlo”, pensaba, una y otra vez, apretando los puños. “He pasado mil años buscando a esta mujer, y ahora me pide que me marche y la deje atrás…”

Pero la alternativa era dura… Hope se sentía dividido, su corazón roto en dos pedazos y cada uno tiraba hacia un extremo.

“Haga lo que haga, perderé a alguien por quien he luchado por recuperar…”

Era una elección sumamente cruel, y Hope deseaba que nadie nunca más tuviera que pasar por ello. Dolía demasiado. Pero al fin y al cabo aquélla había sido gran parte de su vida. Nada más que dolor y sufrimiento.

Quería dar la vuelta y volver a por Lightning, aunque ello le costase quedar atrapado junto a ella por toda la eternidad en las Tierras Etéreas que pronto se formarían. De hecho, era un destino bastante seductor. A Hope le daba igual lo miserable que fuera su vida si podía compartirla con Lightning.

Pero tampoco quería dar la espalda a los demás… No quería huir como un cobarde. Quizá él ya no fuese el líder de la humanidad, un título del que no se consideraba digno, pero dejar atrás a sus seres queridos era inconcebible para él.
Y aquél era el problema. Tomara la decisión que tomara, dejaría atrás a alguien irremediablemente.

-Hope.

El chico con alma de adulto volvió la cabeza hacia la voz. Descubrió allí, bajo una radiante luz, las figuras de sus padres, como escasos minutos antes había visto. Los espíritus de Nora y Bartholomew Estheim miraban a su hijo con gran comprensión, con una suave sonrisa en sus rostros.

-Madre… -murmuró Hope, con el corazón en un puño-Padre…

Nora Estheim sonrió con dulzura, acariciando la mejilla de su hijo. Hope sintió un escalofrío al sentir el contacto de sus etéreos dedos, y luchó por contener las lágrimas.

-Mi niño… -le dijo su madre; su voz sonaba distante, como si reverberase-Deja que te vea. Has crecido tanto en todo este tiempo…

Hope no pudo evitar esbozar una amarga media sonrisa al tiempo que se le escapaba una desganada risa entre dientes.

-No soy más que una sombra de lo que fui, madre. Esto es lo que el Altísimo ha hecho de mí.

-Sé de lo que hablo-sonrió Nora-. Sé cuánto has crecido en realidad, Hope. Aunque tu cuerpo no sea el que te corresponde, tus ojos dicen lo contrario. Y además, tu padre y yo te hemos estado observando todo este tiempo.

Hope no dijo nada. Miró a su madre, y entonces a su padre, que asintió levemente con una serena sonrisa.

-Estoy orgulloso de ti, hijo-dijo Bartholomew, tan solemne como emocionado-. La Academia y la humanidad entera no pudieron estar en mejores manos.

El nudo en la garganta de Hope se estaba haciendo insoportable. ¿Cómo podía su padre decir algo así? Él sabía que no era cierto. Su liderazgo había abocado al mundo a la destrucción y nada había podido hacer para evitarlo.

-Padre… -el chico sacudió la cabeza, temblando de frustración y remordimientos-No deberías estar orgulloso de mí. Fracasé… ¡No pude proteger a nadie! Me dejé engañar por un dios… ¡Me sometí voluntariamente al Altísimo!

-No-cortó Bartholomew posando sus manos fantasmales sobre los hombros de su hijo-. Nunca te avergüences de ser humano, Hope. Nunca olvides que si te sometiste, fue sólo por amor.

Él se quedó sin habla, mirando el rostro comprensivo de su padre sin dar crédito a lo que oía. A su lado, Nora sonreía dulcemente. “Entonces… ¿lo saben?”

-Eso… -Hope bajó la cabeza, ruborizado, tratando de encontrar las palabras-Eso no es motivo… Yo sólo…

Nora le interrumpió acunando la mejilla de su hijo con la palma de la mano. Hope cerró los ojos, recordando los tiempos en los que, de niño, aquel gesto le había tranquilizado en sus peores momentos.

-Has sufrido tanto, mi niño… -murmuró su madre, y Hope sintió un dolor agudo en el pecho al percibir la tristeza en su voz-Tu corazón está lleno de dolor… Has amado tanto, y has recibido tan poco a cambio…

Aquello era cierto. Tan dolorosamente cierto. Era un pensamiento que durante años Hope había reprimido, pero ahora, al final de los tiempos, no pudo sino aceptarlo al fin, con la consecuente aflicción.

-Madre… -Hope no quería llorar frente a sus padres, hacía casi dos siglos que era incapaz de derramar una lágrima y de pronto sentía que explotaría si seguía conteniéndolas mucho tiempo más-Yo…

-Pero eso no tiene por qué seguir así-intervino Bartholomew-. El nuevo mundo está a punto de nacer. Aunque en este universo no hayas encontrado la felicidad, sé que en el próximo cosecharás todo lo que sembraste.

Hope tragó saliva, respirando hondo. No podía decírselo a sus padres, no se sentía capaz de ver la decepción en sus rostros. Pero él sabía que lo que su padre decía no era cierto. No, si cierta persona no estaba en ese mundo prometido. Sin ella, su vida no tenía ningún sentido, y prefería pasarla junto a ella atrapado en la eterna oscuridad que en un mundo sin su luz.

Si volvía junto a ella, tendría que renunciar a sus padres. Y tal vez al resto de la humanidad…

-No sabes cuánto nos alegra volver a verte, Hope-dijo entonces Nora-. Ojalá no tuviéramos que separarnos… Pero ahora debes marcharte.

Hope había abierto la boca para replicar, pero las palabras de su madre le dejaron sin las suyas. Sus ojos pasaron de ella a su padre, y vio en ellos idéntica sonrisa, triste y decidida a la par.

-¿Qué…? Madre, ¿a qué te refieres? …

-Lo sabes tan bien como nosotros-Nora sonrió dulcemente-. Esto no es lo que deseas. Nosotros ya no somos lo que te hará feliz en ese nuevo mundo, en tu nueva vida. Lo hemos sabido siempre, y en el momento que dudaste en tomar mi mano y te volviste para buscarla, fue la prueba definitiva.

El chico estaba genuinamente atónito. “¿Renunciarían a mí… por mi felicidad? ¿Están dispuestos a perderme para que yo pueda reunirme con Light?”

La verdad es que él también estaba dispuesto a renunciar a ellos por ella… Pero nunca hubiera esperado que fueran sus propios padres quienes le animaran a tomar tal decisión.

-El tiempo se agota-intervino Bartholomew, la mente práctica y lógica que su hijo había heredado haciendo acto de presencia-. Si de verdad quieres salvarla, tienes que irte ya.

-Pero… -Hope miró hacia atrás, angustiado, pero su cuerpo no se decidía a moverse-¡Tampoco puedo dejaros atrás!  Quiero salvarlos a todos… ¡No puedo volver a huir de mi deber!

-Hope-la voz de Bartholomew adquirió un tono serio y un tanto severo cuando posó sus etéreas manos en los hombros de su hijo y le hizo encogerse brevemente sobre sí mismo, como cuando no era más que un niño-. ¿Recuerdas lo que te dije hace tantos años? Esto no es huir. Es la decisión que has tomado.

Él no dijo nada. Se había quedado sin habla, sorprendido al recordar aquella conversación. Hacía tanto tiempo que casi lo había olvidado después de siglos de existencia… y de pronto, todas y cada una de las palabras de su padre regresaron a su memoria, tensando el nudo en su garganta.

-No estás huyendo, hijo-dijo Bartholomew con un amago de sonrisa-. Vas a marcharte para hacer lo que debes. Ya no nos necesitas, al igual que no nos necesitabas cuando te fuiste para salvar el Nido.

-Lo que debo… -Hope sacudió la cabeza, con los ojos llorosos, y trató de sonreír-Mi deber sería pues marchar con el resto de la humanidad…

-No-Bartholomew lo miró a los ojos con firmeza, pero también con la comprensión de un padre-. Tu deber es aquello que tú eliges con el corazón, no lo que los demás te imponen. Y tú ya has elegido.

Hope comprendió, al fin, lo que hacía largo tiempo le había tratado de decir su padre, cuando era un lu’Cie. Al igual que la Misión era irrelevante si él tomaba una decisión por voluntad propia, también sus responsabilidades como líder de la humanidad eran irrelevantes si su corazón había elegido no abandonar a la mujer que amaba.

-Ella te necesita-dijo Nora, acariciándole el pelo-. Al igual que tú a ella. Aunque nuestros caminos se separen, el vuestro no debe hacerlo. Tu padre y yo siempre te querremos, mi niño… No importa que no recordemos al renacer. Tú siempre nos recordarás.

Aquello fue superior a su autocontrol. Los ojos verdes de Hope, llenos de lágrimas, se desbordaron finalmente, y rastros húmedos pronto recorrieron sus pálidas y pecosas mejillas. Bartholomew y Nora lo abrazaron con fuerza, o con toda la que les permitía su condición de espíritus.

-Padre… Madre… -susurró el chico, sintiéndose tan extraño como aliviado por poder finalmente llorar después de décadas enteras-Por favor, perdonadme…

-No hay nada que perdonar-sonrió Bartholomew-. Has tomado una decisión. Y eso es lo que siempre quisimos enseñarte a hacer.

En ese instante, una voz femenina atravesó la mente de Hope como una lanza, haciéndole tensarse súbitamente. No cabía duda: la voz era la de Lightning, y era un grito desesperado, angustiado. Una petición de ayuda teñida de soledad, miedo y desesperación.

“¡No me dejes sola! Te necesito… Ayúdame…”

Hope alzó la mirada hacia los espíritus de sus padres. Sus ojos verdes seguían brillantes, pero habían adquirido un brillo de fiera determinación que delataba que pese a su apariencia adolescente, el alma de aquel chico era la de un joven que llevaba existiendo más de mil años.

-Debo marcharme.-dijo simplemente, su voz firme y decidida.

Bartholomew y Nora asintieron. Una luz dorada comenzó a envolverles.

-Estamos orgullosos de ti, hijo-dijo Bartholomew, dando una suave palmada en el hombro de Hope antes de separarse de él-. Nunca lo olvides.

-Ahora corre, Hope-Nora sonrió, besando su frente antes de retroceder junto a su marido-. Sálvala. Vuela. Sed libres, y liberadnos a todos.

Hope asintió brevemente y miró por última vez a sus padres antes de volverse definitivamente, no sin antes murmurar:

-Gracias por todo.

Y sin dudarlo un instante más, echó a correr entre el Caos, dando la espalda a todo lo que había sido su mundo, en busca de la única mujer que haría merecer la pena la vida en el próximo.

Era lo que debía hacer. Era lo que su corazón le decía que debía hacer.

La necesitaba. Y ella lo necesitaba a él.

Cuando logró seguir el hilo de su conciencia, tan entrelazado con la suya hasta el punto que era capaz de sentir lo que ella sentía, Hope se sumergió en la claridad sin vacilar, con un único pensamiento en su mente.

“Voy a por ti, Light. Y estaremos juntos.”

No hay comentarios:

Publicar un comentario