viernes, 14 de marzo de 2014

Visiones [LR: FFXIII]

Hope había perdido ya la cuenta del tiempo que llevaba sumido en el dolor. Hacía ya largos años que no percibía la brutal agonía de su mutilado cuerpo, pues su mente fluctuaba entre la desesperación y el sufrimiento, el vacío y períodos en los que las imágenes se sucedían una tras otra.

A aquellas alturas, Hope sabía que el Dios de la Luz estaba conectando su mente con la suya. Hacía lo que podía para resistirse, pero cada vez le costaba más y más. Se aferraba desesperadamente al único recuerdo que podía mantenerle cuerdo, su única luz en medio de tanta oscuridad.

Pero incluso aquel recuerdo parecía formar parte de su tortura.

Las imágenes que se formaban en su mente en sus momentos de lucidez mostraban, una y otra vez, a la mujer que le daba fuerzas en aquel inhumano trance. Pero aquella imagen amada, la imagen de Lightning Farron, estaba demostrando ser un arma de doble filo.

La veía en innumerables situaciones, lugares, compañías. A veces la veía feliz, otras veces triste, y otras inerte, sin vida. A veces la veía sola, otras veces junto a su hermana Serah, otras con sus amigos, o con gente que no conocía. Alguna vez la vio junto a otro hombre, y también junto a alguna mujer, compartiendo su vida y formando una familia.

Pero nunca junto a él. Ninguna de sus visiones le mostró jamás a Lightning a su lado.

Su mente estaba ligada a cierto nivel a la de Bhunivelze, el todopoderoso dios que gobernaba el Universo. Sabía que aquellas visiones tenían que tener algo de cierto. Ni tan siquiera en medio de su horrible tortura su espíritu científico le abandonaba.

Intuía que lo que veía era parte de la mente del Altísimo. Fragmentos de su divino conocimiento. Infinitas posibilidades, realidades paralelas, universos alternativos.

En ninguna de aquellas posibilidades, de aquellos universos, él y Lightning tenían un futuro juntos. Ni como pareja, ni como compañero, ni como amigo. Era como si él no existiera. Como si se hubiera desvanecido.

Hope la veía sonreír, la veía llorar, la veía exhalar su último aliento. Y él nunca estaba a su lado.

La diacronía del Universo era compleja, pero había puntos en los que no existían realidades alternativas ni diferentes futuros. Eran puntos de referencia en la maraña de posibilidades. La creación de Nova Chrysalia era uno de ellos. Un punto de cerca de cinco siglos de duración.

Por lo que Hope podía deducir de lo que veía en la mente de Bhunivelze, todos aquellos futuros y universos alternativos surgirían con el nacimiento del nuevo mundo.

Y no había lugar para él allí.

No había futuro para él y la mujer que amaba.

La conciencia de Hope fue perdiéndose más y más cada vez que sus visiones le mostraban a Lightning en sus diferentes, hipotéticas vidas. Ella era su medicina y su veneno. Su fuerza y su debilidad. Su dicha y su amargura.
Un mar de contradicciones. Eso era el Caos. Eso era el amor.

Después de varias décadas de sufrimiento, el alma del joven fue engullida finalmente por el Caos de su propio ser, sometiéndose al fin al yugo del Dios de la Luz, con un último susurro, recurriendo a su salvación y condena:

-… Te quiero, Light.

En ninguno de los futuros que Bhunivelze veía llegaría jamás a decirle aquellas palabras. Pero quizá, sólo quizá… existiera una alternativa a los universos alternativos.

Sangre [Post-LR: FFXIII]

Regresar a una vida relativamente normal era algo que tanto Lightning como Hope agradecían sobremanera, en especial después de todo lo que habían pasado. Sí, estaba el hecho de la situación en la que Hope se hallaba y de que ambos –al igual que sus amigos– conservaban sus poderes. Pero, por lo demás y comparado con sus recientes experiencias, era una vida bastante normal.

Obviamente, iba acompañada de sus inconvenientes. En especial, para Lightning.

Ya hacía más de seis meses que habían llegado al nuevo mundo, pero la joven no terminaba de acostumbrarse otra vez a los problemas mensuales propios de las mujeres.

-Odio ser mujer-se quejaba Lightning, tumbada en el sofá, con la cabeza sobre el regazo de Hope. Habitualmente era al revés, pero aquel día estaba hecha polvo del dolor-. Hacía tiempo que no recordaba por qué.

-Un mes exacto-repuso él, burlón, acariciándole el pelo-. Siempre dices lo mismo cada vez. Pero, sabes, a mí me gusta que seas mujer.

-Claro, como no eres tú el que se desangra al menor movimiento que haga, le duelen las entrañas como si le clavaran mil cuchillos y sufre horribles migrañas… -bufó ella con fastidio-Qué fácil es quedarse con lo bueno.

Hope esbozó una divertida, aunque tierna, sonrisa.

-Por suerte o por desgracia, ahí no puedo opinar. Como comprenderás, no es un tema en el que tenga mucha experiencia.

-No, supongo que no. De lo contrario, me preocuparía seriamente-Lightning enarcó las cejas; Hope se echó a reír-. En fin, tampoco puedo pagarla contigo. Bastante tienes con soportar mis malos días cada mes.

-Y tú bastante tienes con tener que soportar esos malos días-replicó él sonriendo-. Para mí es un placer cuidar de ti. Normalmente eres tú la que lo hace conmigo.

Aquello era cierto, en parte. Hope era adulto pese a su apariencia, y sabía cuidar de sí mismo en general. Él era quien cuidaba de la casa mientras Lightning estaba trabajando en la editorial, y quien se encargaba de la comida. Pero desde siempre había sido de naturaleza enfermiza, y caía enfermo con considerable facilidad, de ahí que ella tuviera que cuidar de él.

-Eres un sol-sonrió Lightning, cansada. Hope había insistido en que se quedara en casa aquel día, y no forzar su cuerpo. Había dejado una sopa haciéndose en la cocina, y llevaba toda la mañana pendiente de ella-. No sé qué he hecho para merecer tenerte aquí a mi lado.

-Yo tampoco, pero si te soy sincero, no me preocupa. Me basta que estés conmigo, después de todo el tiempo que pasé buscándote. Aunque sea en esta forma.-comentó Hope abriendo un poco los brazos, como si se indignase.

Lightning rió, pero el simple esfuerzo hizo que se encogiera de dolor, y se llevó una mano al bajo vientre con una mueca.

-Maldita sea…

Hope frunció el ceño, preocupado. Tal vez fuera porque su cuerpo había sufrido cambios a manos de los dioses, lo cierto es que Lightning sangraba mucho más de lo normal desde que había recuperado su condición humana. No le gustaba verla sufrir de aquella forma: los dioses habían echado a perder los cuerpos de ambos, en diferentes maneras.

Se preguntó si podía hacer algo por aliviar su dolor. No era un experto en medicina, aunque algo sabía… Se le ocurrió una idea. Podría intentarlo.

El chico deslizó su mano sobre el vientre de Lightning, con cuidado y también con timidez. El contacto hizo que ella diera un respingo, en parte por el dolor y en parte por el escalofrío que la recorrió.

-¡Eh!, ¿qué estás haciendo?

-Tranquila-Hope le dedicó una dulce media sonrisa-. A ver, dime dónde te duele.

Lightning le miró insegura, ligeramente ruborizada, pero al final tomó la mano de Hope en la suya y la llevó al punto exacto del bajo vientre.

-Ahí. Sea lo que sea que estés planeando, ve con cuidado, que duele.

-Ya lo sé. Cierra los ojos y relájate.

Aun sin tenerlas todas consigo, Lightning obedeció. Hope se concentró, y canalizó su magia curativa a través de su mano, transfiriéndola a las inflamadas tripas de la joven. Hacía tiempo que no recurría a un hechizo Cura como tal, pero no parecía que estuviera saliendo mal, a juzgar por la expresión relajada de Lightning.

Durante unos pocos minutos, siguió usando su magia curativa, hasta que consideró que no era necesario seguir. Retiró la mano, posándola sobre la de ella.

-¿Mejor?-le preguntó en voz baja, sonriendo con dulzura. Lightning abrió los ojos lentamente, devolviéndole la sonrisa.

-Mucho mejor… Casi me ha desaparecido el dolor por completo.

Él acentuó su sonrisa, y le estrechó suavemente la mano.

-Ahora que ya sabemos que la magia funciona, no tendrás que pasar tan malos ratos.

Lightning se acurrucó contra él, sonriendo ruborizada. Volvía a preguntarse si realmente merecía tener a Hope a su lado, pero lo cierto es que el chico tenía razón. ¿Para qué servía preguntárselo?

-Gracias, Hope. Siento ser tanta molestia cada mes.

-No digas eso-replicó Hope negando con la cabeza-. Para mí es un placer cuidar de ti. No podría ser más feliz protegiéndote.

-Venga ya… No me voy a morir por esto, y además, disfrutas más cuando soy yo la que cuida de ti-Lightning se echó a reír, aunque su rubor se acentuó-. Pero… no me disgusta que me “protejas” de vez en cuando. Es más… me gusta que lo hagas.

Hope rió, se inclinó sobre ella, depositando un suave beso en su nariz con una sonrisa dibujada en sus labios.

-Lo sé. 

lunes, 3 de marzo de 2014

Pesadilla [Post-LR: FFXIII]



Un fuerte, desgarrador grito despertó bruscamente a Lightning en medio de la noche:

-¡¡Light!!

La joven se giró entre las sábanas, con el corazón acelerado, y confirmó lo que ya se temía al ver a Hope a su lado, agitándose en sueños, empapado en sudor frío y con una expresión de profundo sufrimiento en su rostro.

Lightning se apresuró a sacudir sus hombros con energía, tratando de sacarle del pozo de dolor y agonía en el que sus sueños le habían sumido.

-¡Hope! Vamos, ¡despierta! ¡No es más que una pesadilla!

-No… ¡No! … -susurraba el chico, encogiéndose sobre sí mismo, como para protegerse-¡Basta! Por favor, ¡basta! … 

Lightning odiaba aquellas pesadillas. Las odiaba con todas sus fuerzas. No podía soportar ver a Hope retorcerse de dolor, su voz teñida de horror y pánico, las súplicas desesperadas…

-¡Light! ¡Ayúdame, Light! … -aquel grito la devolvió a la realidad. Cuando la joven volvió a mirar a Hope, sintió una garra helada atenazando su corazón al ver las lágrimas que manaban de sus ojos cerrados-¡¡Light!!

Sin poder aguantarlo más, Lightning se echó sobre él, le rodeó con sus brazos y trató de sujetarlo para que dejara de moverse.

-Hope, estoy aquí… -le susurró al oído, en un intento de despertarlo-Tranquilo. Estoy aquí, contigo. Despierta…

Tardó un par de minutos en hacerle reaccionar, pero al fin, los ojos de Hope se abrieron poco a poco. Lightning se separó un poco de él, y deseó no haberlo hecho: como siempre, sus ojos estaban llenos del terror más absoluto, aquella chispa de locura, cómo sus pupilas parecían ahogarse en sus iris y éstos en sus mismos ojos. Su corazón latía desbocado, respiraba como un pez fuera del agua, y estaba empapado en sudor.

-… ¿Light?-musitó Hope, con la voz rota, estrangulada, cuando sus aterrorizados ojos lograron enfocarla.

Ella dejó escapar un suspiro aliviado, y estrechó el delgado cuerpo del chico entre sus brazos con fuerza, maldiciéndose como todas las veces que presenciaba aquellos episodios por haber permitido que Hope sufriera semejante tortura durante casi dos siglos.

-Soy yo, Hope. Estoy aquí, a tu lado. Siempre estoy a tu lado-murmuró Lightning con dulzura, tratando de calmarlo-. No ha sido más que un sueño.

Hope se abrazó a ella con desesperación, refugiándose entre sus brazos, temblando como una hoja, sin poder contener el llanto. Lightning sintió su corazón partirse en mil pedazos cuando sintió el cuerpo del chico convulsionarse a causa de los sollozos, aferrándose a ella como si fuese a desaparecer en cualquier momento. La joven le acarició el pelo suavemente, intentando tranquilizarlo, acunándolo entre sus brazos.

Cuán brutal había tenido que ser el sufrimiento que el valiente joven que otrora había sido el líder de la humanidad había tenido que soportar para quedar marcado de aquella forma.

-Light-pudo decir Hope al cabo de un rato, entre sollozos ahogados. A Lightning le partía el alma escuchar su voz, la voz del joven adulto que en realidad era, tan rota y desesperada-, por favor, no me dejes… No me dejes solo… No me abandones…

-Nunca te abandonaré-le susurró ella al oído, estrechándolo con la misma necesidad con la que él se aferraba a ella, y depositó un suave beso en su frente-. Nunca volveré a marcharme, ¿me oyes? Jamás volveré a dejarte solo. Te lo prometo, Hope. Estaremos juntos, pase lo que pase.

Poco a poco, la respiración de Hope fue calmándose y sus lágrimas amainaron. Seguía abrazado a ella como si de ello dependiese su vida, pero ya no temblaba tan violentamente. Alzó la mirada hacia ella, y Lightning pudo ver en sus ojos verdes el miedo, el dolor, la desesperación… pero también un amor intenso, visceral, sincero.

-… Confío en ti, Light.

domingo, 2 de marzo de 2014

Cosquillas [Post-LR: FFXIII]



En muchos sentidos, el hecho de que Hope todavía no hubiera recuperado del todo su verdadera apariencia adulta frustraba a Lightning sobremanera. Crecía mucho más rápido de lo normal, pues en sólo seis meses ya tenía el aspecto de un joven de dieciséis años, pero aun así tener que esperar era irritante para ambos.

Pero, en otras cosas… resultaba bastante práctico.

Aquella mañana Lightning se había despertado temprano, como de costumbre. El horario de sueño de Hope variaba, pero aquella noche había vuelto a tener otra de sus horribles pesadillas y le había costado volver a dormirse. Por eso la joven decidió dejarle descansar tranquilo.

Era ya casi mediodía y Hope no daba señales de vida. Lightning suspiró, sacudiendo la cabeza, y subió las escaleras al piso superior de la pequeña casa que compartían. 

Se apoyó en el marco de la puerta de la habitación, observando la delgada figura del chico dormir plácidamente entre las sábanas. Le sabía mal tener que despertarle… Se le antojaba tan adorable. Un sentimiento que poco a poco iba siendo sustituido por el atractivo de Hope a medida que crecía, pero que aún perduraba en su aspecto adolescente.

Pero tenía que despertarle, o si no, aquella noche no dormiría. 

Lightning se acercó a la cama, se arrodilló a su lado para quedar a su altura y sacudió levemente su hombro.

-Hope-le dijo con una sonrisa. No obtuvo más respuesta que un leve gruñido, e insistió con algo más de fuerza-. Venga, marmota. Es hora de levantarse.

-Mpf… -el joven se dio la vuelta arrebujándose entre las sábanas, más dormido que despierto-Déjame un poco más…

Lightning suspiró, cruzándose de brazos. Cuando Hope tenía el sueño pesado, era casi imposible hacerle reaccionar.

Pero entonces se le ocurrió una idea. Ahora que Hope aún no había recobrado su cuerpo adulto y aún no era tan alto como ella, le sería más fácil poner aquello en práctica.

-Muy bien, Hope. Tú lo has querido.-murmuró Lightning, esbozando una maliciosa sonrisa. Rápida como el rayo, haciendo honor a su nombre, se subió a la cama, encajonó a Hope entre sus brazos y le inmovilizó las piernas con las suyas.

- … ¿Light?-aun medio nublados por el sueño, los ojos verdes de Hope trataron de enfocarla, desconcertados-¿Qué estás…?

Sin darle tiempo a concluir la pregunta, Lightning hizo recorrer sus dedos por los costados del chico, con aquella traviesa sonrisa dibujada en sus labios. Al momento, Hope se encogió sobre sí mismo, instintivamente tratando de proteger sus flancos, al tiempo que una risa ahogada escapaba de su garganta.

-¡No, Light! Por favor, ¡cosquillas no!-pudo decir entre risas, tratando sin éxito de librarse de ella, pero Lightning jugaba con ventaja. Atacó sin piedad sus costados, su vientre, su cuello, con tanta rapidez que Hope no podía siquiera ver venir las manos de la joven.

-Esto es lo que pasa cuando me ignoras… -dijo Lightning maliciosamente, atrapando con destreza su brazo derecho para deslizar sus dedos por sus costillas-Qué poca consideración tienes…

-¡Vale, vale! ¡Lo siento, Light!, pero, por favor, ¡para!-Hope apenas podía respirar de la risa, retorciéndose como podía para protegerse de las cosquillas. Lightning ignoró sus súplicas y siguió a lo suyo, riendo también, contagiada por la risa del chico.

-Haberlo pensado antes. Ahora toca pagar las consecuencias.

Durante unos minutos más, Lightning siguió torturando a Hope entre cosquillas, hasta que, sin previo aviso, él hizo acopio de fuerzas y se las arregló para revolverse y derribarla, atrapándola de la misma forma que ella le había inmovilizado antes.

-Ya te tengo… -sonrió Hope, travieso, respirando entrecortadamente, con el rostro teñido de escarlata, su cabello plateado más revuelto de lo normal y la camisa blanca totalmente arrugada. Sujetaba las muñecas de Lightning, aunque ella no hizo ningún esfuerzo por liberarse.

-Oh, vaya… -Lightning le obsequió con la misma sonrisa juguetona-Parece que no estás tan dormido como parecía. Has conseguido pillarme por sorpresa y todo…

Hope se inclinó hacia ella, sin perder aquella sonrisa que a Lightning la volvía loca, algo que él sabía perfectamente. Detuvo su rostro a apenas un centímetro del de ella; la joven sentía su aliento sobre sus labios.

-Mira que acorralarme de esta forma, Light… -murmuró Hope sin apartar sus ojos de los de ella, mirándola fijamente con una chispa pícara-Qué poco respeto tienes por mi espacio personal.

Antes de que ella pudiera replicar, el chico cerró la distancia entre ellos, posando sus labios sobre los de Lightning y presionando suavemente, arrancándole a la joven un suspiro que quedó ahogado en el beso. Inmediatamente se relajó, como siempre que Hope tomaba la iniciativa, dejándose llevar.

-Mira quién habla-protestó Lightning en broma cuando se separaron, enarcando las cejas-. Me reclamas por invadir tu espacio personal cuando eres el primero que se apunta a hacer lo mismo.

-Y más que podría hacerlo… -Hope rió por lo bajo, acompañando sus palabras recorriendo el cuello de Lightning con sus labios lentamente-Pero aún no ha llegado ese momento.

Lightning rió, y atrapada como estaba, frotó su nariz contra la frente de Hope para llamar su atención al tiempo que intentaba liberar sus piernas de las suyas.

-Eres tú el que no quieres-cuando Hope alzó la cabeza, le robó un rápido beso, y le miró fingiendo enfurruñarse-. Menudo caballero estás hecho, que tu dama tenga que pedirte que invadas ese espacio…

-No me tientes-Hope sonrió pícaro, aunque se había ruborizado tanto como ella-. ¿Qué te parece si te pago con tu misma moneda?

-Ah, no. Ni hablar-Lightning se revolvió, riendo, tratando de quitarse a Hope de encima-. ¡Ni se te ocurra hacerme cosquillas tú a mí!

-Eres tú quien ha empezado, Light-objetó Hope, deslizando con deliberada lentitud un dedo por el costado de la joven-. Donde las dan, las toman.

-¡Encima que lo he hecho por tu bien!-se enfurruñó Lightning, aunque no le duró mucho la expresión cuando una pequeña risa escapó de su boca-Después de lo de anoche, ¿no te ha venido bien reírte un poco?

La mirada de Hope se dulcificó al comprender lo que Lightning había pretendido con aquel ataque de cosquillas. Miró a la joven con tanto amor en los ojos que por unos segundos Lightning se quedó sin respiración, perdida en aquellos iris del color verde del mar.

Pero, enseguida, Hope le dedicó aquella traviesa sonrisa suya, y atrapó sus labios entre los suyos en un beso juguetón que Lightning no dudó en devolverle.

-Siendo así, permíteme que te devuelva el favor… Siempre que estés de acuerdo en que invada tu espacio personal.

Destino



-Cuando Valhalla consuma el mundo, un nuevo astro brillará como el rayo, y en los cielos titilará distante esperanza.

Tales fueron las últimas palabras del Oráculo de los visionarios, Paddra Nus Yuul, antes de caer sin vida al suelo, frente al pedestal en el que reposaba un objeto de múltiples caras que desprendía un intenso fulgor.

La Valedora del Oráculo, que siempre había estado a su lado desde que nació, bajó la mirada con pesar. Todos los Valedores conocían el trágico destino de la regidora de la nación de Paddra. Aquélla no era sino una más de las muertes que sabían que debían aceptar.

Las últimas profecías del Oráculo siempre eran las más misteriosas. El secreto tras su visión se iba con ella, y tan sólo quedaban las imágenes grabadas en el sagrado Auspiciador.

Como Valedora, su sombra tenía el deber de recoger todas las profecías del Oráculo. Tras tomar en brazos el cuerpo inerte de Yuul y depositarlo en un pequeño altar destinado a tal propósito, la mujer se acercó al Auspiciador y extendió una mano hacia él. 

La Marca de lu’Cie que lucía en el antebrazo se iluminó con fuerza, y una pantalla de luz surgió sobre el artefacto, proyectando las imágenes que el Oráculo había grabado en el cristal de su interior antes de morir.

El Nido donde los demonios de Lindzei vivían, parcialmente quebrado a diferencia de su lisa cáscara del presente. Una hermosa joven de cabello rosado en una playa bajo la puesta de sol, después irrumpiendo en un tren lleno de gente aterrorizada, luchando contra máquinas junto a un imponente eidolón, engullida por el Caos y llevada al reino de la diosa Etro, envuelta en una lucha sin fin que culminó en ella convertida en estatua de cristal. Un chico de ojos verdes y cabello plateado, viviendo plácidamente en una gran ciudad, después el pánico y el horror en un lugar lleno de cadáveres y escombros, luchando junto a aquella chica, y cuando ella desapareció, convertido en un apuesto joven  que construyó enormes ciudades y un planeta artificial. 

La sucesión de imágenes finalizó con la visión de aquella metrópolis y el planeta siendo consumidos por el Caos.
La Valedora del Oráculo no podía alcanzar a comprender qué significaba aquella profecía. Su protegida se había llevado el secreto a los dominios de la Diosa.

Tan sólo comprendía una cosa: los destinos de dos jóvenes, nacidos en el Nido de Lindzei, estaban unidos desde aquel momento. Así había hablado el Oráculo, y su palabra era la de la divina Etro.

En la tablilla de piedra que reunía las profecías que el Auspiciador de aquella Oráculo albergaba, la Valedora grabó una última frase:

“Cuando Valhalla consuma el mundo, un nuevo astro brillará como el rayo, y en los cielos titilará distante esperanza.”

En cuanto grabó la última letra, una intensa luz envolvió a la mujer. Al cabo de unos segundos, la Valedora del Oráculo de Paddra se había convertido en cristal.

Había cumplido su Misión. Las ruedas del destino se habían puesto en marcha. 

Las mismas que, muchos siglos después, unirían a dos jóvenes con la misma Marca de la mujer que dejó constancia de la voluntad de los dioses, sus destinos entrelazados más allá del tiempo y el espacio.

Destinados a ser compañeros mucho antes de nacer.