martes, 16 de febrero de 2016

[LR: FFXIII] Mitad

El joven Hope Estheim suspiró, mirando por la ventana de la cocina con una taza de café entre las manos, su mirada ausente y extraviada. El sol de la mañana se colaba a través de los cristales, otorgándole a la estancia un aire acogedor y cálido.

Sin embargo, para Hope el nuevo mundo no tenía nada de cálido, ni acogedor. Ni siquiera su luz le parecía que iluminara nada. Para él, su vida era una constante penumbra.

¿Cuánto hacía ya que había renacido en el nuevo mundo? Aproximadamente seis meses, pensó tras hacer un rápido cálculo. A veces pasaban demasiado rápido, y otras veces demasiado lento. Hope no era muy consciente del paso del tiempo. De hecho, simplemente se dejaba llevar…

Muchas veces se preguntaba qué motivo tenía su existencia en aquel nuevo mundo. Allí no tenía nada. Ya no era el líder de la humanidad y casi nadie recordaba su nombre. Había renunciado a volver a ser el hijo de sus padres en su nueva vida. Sus amigos vivían ahora separados y recorrían sus propios caminos.

Y, por supuesto… ella no existía en aquel nuevo mundo.

Hope odiaba recordarlo, pero por desgracia cada día era un recordatorio de dicha circunstancia. Había acudido a su rescate, pero era demasiado tarde: ella ya se había sumido en la oscuridad de las Tierras Etéreas, convertida en la nueva Diosa de la Muerte. Una vez más, eternamente fuera de su alcance.

Y ahora ya nunca más podría alcanzarla. Aquélla había sido su única oportunidad. Y la había perdido.

Técnicamente, aún le quedaba la muerte… Una vez muriera, podría alcanzar el reino de los muertos y volver a ver a la mujer que amaba. Pero quién sabe si Lightning Farron, ahora la nueva diosa, querría mantenerle a su lado. Tal vez para entonces hubiera perdido toda su humanidad y cualquier sentimiento que su corazón pudiera haber albergado hacia él.

Maldecía su suerte, una y otra vez. La lógica y el corazón le decían que quizá debería poner fin a su vida cuanto antes para reunirse con Lightning. Antes de que su condición divina le privara de sus emociones.

Sin embargo… había algo que se lo impedía. Algo que Hope había jurado proteger, una petición desesperada que había llegado a sus oídos y a su corazón en el momento que intentó acudir al rescate de Lightning.

Una vez Hope terminó con el café, dejó la taza en el fregadero y, suspirando una vez más, se dirigió escaleras arriba. No era la primera vez que se preguntaba si debería haberlo hecho… Era una cadena que le impedía ser libre y poder hacer lo que su corazón le dictaba. Además de una responsabilidad constante que aparte le hacía recordar, todos los días, su fracaso a la hora de proteger a Lightning.

Cuando llegó a su habitación, la luz de la mañana se filtraba a través de las ventanas, iluminando la pequeña y delgada figura de una chica dormida que no tendría más de trece años, acurrucada entre las sábanas, vestida con una camisola blanca que la hacía parecer más joven de lo que ya era. Tenía el cabello rosado y despeinado, el cual se desparramaba sobre la almohada; Hope recordaba la coleta que hasta hacía algunos meses había llevado en el lado izquierdo de la cabeza.

Tras observarla unos instantes con una mezcla de tristeza y remordimiento, Hope se dirigió a la ventana y corrió las cortinas para que la luz no molestara a la muchacha. Ella se removió un poco entre las sábanas, murmurando algo en sueños.

Hope entornó los ojos. Ella era la razón por la cual aún seguía en el nuevo mundo, pese a no haber nada allí por lo que le interesara seguir con vida. Ella era el ancla que lo mantenía allí, lo único que le daba un motivo para no darle la espalda a todo lo demás. Había jurado protegerla a petición de Lightning, su último ruego para él antes de hundirse en las Tierras Etéreas.

“Cuida de Lumina”, la había escuchado decir Hope, su voz resonando en las profundidades de su propia alma. “Cuida de mi corazón.”

Así es como Hope había descubierto la verdadera identidad de Lumina, la misteriosa chiquilla que durante los últimos trece días había importunado tanto al Redentor y a su guía. Al saberlo, impulsivamente había jurado protegerla. Y aún deseaba hacerlo, pues no en vano era la única manifestación de Lightning que existía en aquel nuevo mundo. Lumina era parte de ella. ¿Cómo no iba a querer cuidar de ella? Aunque no fuera ella de verdad, era lo único que le quedaba de Lightning.

Y Lumina necesitaba protección. Se había quedado sin su otra parte, y cuando despertó junto a él en el nuevo mundo, estaba confusa y desorientada. Hope había tenido que explicarle lo que había sucedido con Lightning, y la muchacha al principio no quiso creerle. Después se había pasado días enteros llorando. Aunque Hope no podía sino comprenderla mejor que nadie: él también lo había hecho, y seguía haciéndolo, sólo que interiormente. Debía ser fuerte por Lumina. Lo último que necesitaba era que la única persona a la que tenía en aquel mundo desconocido se viniera abajo.

Mientras la observaba, Hope se preguntaba si las cosas habrían sido mejores si él no hubiera renacido en su forma adulta. Sí, era su verdadera forma y sin duda prefería que su alma y su cuerpo estuvieran en consonancia, pero eso hacía imposible cualquier tipo de relación con lo único de Lightning que tenía a su alcance. Sabía que Lumina era consciente de que si Hope la cuidaba era porque ella era parte de Lightning, y no por sí misma. Y siendo que ella era una manifestación de sus emociones, el joven intuía que sus sentimientos por él podían ser más de lo que ella admitiría nunca. Lo cual hacía las cosas todavía más complicadas. Por no decir dolorosas.

Sacudiendo la cabeza tratando de apartar aquellos pensamientos, Hope se acercó a la cama para arropar cuidadosamente a Lumina con las sábanas. Intentó hacerlo con la mayor delicadeza posible para no despertarla, pero no surtió efecto: la muchacha abrió lentamente los ojos, de un bonito color azul, y giró la cabeza hacia él.

-… Mmpf… -musitó Lumina una vez sus ojos le enfocaron, adormilada-¿Qué haces, cuatrojos…?

Hope no pudo evitar esbozar una media sonrisa. “Cuatrojos” era el apodo que Lumina le había puesto desde que vivieran juntos. Según ella, pese a no llevar gafas, estaba tan ciego como si las necesitara, por el hecho de que no hubiera podido verla hasta el momento de su renacer.

-Hola-le saludó él, agachándose junto al borde de la cama para que sus ojos quedaran a la altura de los suyos-. Sólo estaba arropándote. Sigue durmiendo si tienes sueño, aún es pronto.

-Ahora ya me lo has quitado tú… -refunfuñó Lumina arrugando la nariz-Que no te extrañe si mañana te cae una jarra de agua fría en la cara. Donde las dan…

El joven sabía que Lumina amenazaba mucho y después no cumplía nada. Sin duda, en los viejos tiempos no habría dudado en hacerlo, pero desde su renacer y la pérdida de Lightning había caído en un pozo de tristeza y confusión del cual Hope no sabía cómo sacarla. Más que nada porque él se sentía igual. En realidad, más que ayudarse el uno al otro, se podría decir que se sostenían el uno al otro compartiendo su desolación por la ausencia de Lightning. Y mientras Hope protegía y cuidaba de Lumina, ella conseguía hacerle sonreír a cambio.

-¿Quieres que te prepare algo de desayuno?-le preguntó Hope retirándole dulcemente un par de mechones de cabello de sus ojos azules, cuyo brillo entristecido se acentuó en aquel momento cuando negó con la cabeza.

-No… Preferiría que te quedaras un poco conmigo… -Lumina desvió la mirada, un tanto sonrojada-No he dormido muy bien…

Eso ya lo sabía Hope. Más de una vez le habían despertado los sollozos ahogados de Lumina entre sus brazos. Dormían juntos prácticamente desde el primer día, cuando la muchacha tuvo una horrible pesadilla y se despertó llorando y llamando a gritos a Lightning, y Hope había tenido que calmarla y consolarla lo mejor que pudo. En otras ocasiones era él quien sufría episodios similares, y la presencia de Lumina conseguía aliviar su sangrante corazón.

-Ven aquí.-suspiró Hope, tomando sitio al lado de Lumina en la cama, y la abrazó con dulzura, acariciándole lentamente el pelo. Era muy pequeña comparada con él, y el joven no podía evitar pensar en lo irónico de la situación. En tiempos pasados, Lightning había hecho lo mismo con él cuando era un chiquillo. Ahora él era el adulto, y ella –o parte de ella– era la niña. El destino se ha reído de nosotros, solía pensar Hope.

-La he sentido… -murmuró Lumina al cabo de un rato, temblando ligeramente en los brazos de Hope, sus pequeños dedos aferrando la tela de su holgada camisa blanca-Llora… Quiere volver con nosotros. Nos necesita…

Hope frunció los labios. Sabía a lo que se refería Lumina. Al ser su corazón, o parte de él, podía sentir en ocasiones lo que Lightning sentía, allá en el reino de los muertos. Ninguna de las cosas que Lumina le había hecho sentir mejor nunca. Saber que Lightning ansiaba regresar con ellos y no poder hacer nada le volvía loco. Pero tenía una responsabilidad para con Lumina, y además, se lo había prometido a Lightning.

-Lo sé.

-Quiero que vuelva-la voz de la muchacha sonó ahogada-. Y tú también quieres, ¿verdad? … ¿Por qué no puede? Ella es una diosa ahora… Se supone que puede hacer lo que desee…

-No es tan fácil-repuso Hope en voz baja-. Ella tiene un deber que cumplir como diosa… No puede renegar ahora de ello. A mayor poder, mayor es la responsabilidad… y no podemos hacer otra cosa que acatarlo y seguir adelante.

-No quiero acatarlo-Lumina sacudió la cabeza con rabia contenida-. No es justo…

Hope suspiró. Qué le iban a contar a él.

-La vida no es justa. Así son las cosas. Pero, quizá algún día… tanto tú como yo podamos reunirnos con ella. Tenemos que ser fuertes hasta entonces, ¿de acuerdo?

Lumina no respondió enseguida, pero finalmente asintió. Seguía abrazada a él, refugiada en los brazos de la única persona que podía comprenderla en el mundo. Ella había sido separada de su otra parte, sin la cual su existencia no tenía sentido, y ahora no podía reunirse con ella. Hope la comprendía mejor que nadie. Pese a que su caso era diferente, el joven estaba seguro de que en realidad no era tan distinto.

Ambos habían perdido lo único que confería sentido a su existencia. Y sólo se tenían el uno al otro para sostenerse en aquel mundo que les había arrebatado a Lightning Farron.

-Echo de menos a mi otra mitad.-musitó Lumina al cabo de un rato, reprimiendo un sollozo.

Hope sintió un nudo en la garganta, en parte provocado por el dolor que captaba en la voz de la chica, y en parte por el suyo propio.

-Yo también, Lumina-susurró el joven, estrechándola con más fuerza, conteniendo también las ganas de llorar-. Yo también.

lunes, 6 de abril de 2015

[Post-LR:FFXIII] Las apuestas no olvidadas

-Cuéntanos, Hope-dijo Vanille con su característica y radiante sonrisa, y tomó un sorbo de la taza de té que sostenía entre sus manos-. ¿Cómo era Nova Chrysalia cuando tú vivías allí?

-Sí, nosotras ya la vimos cuando estaba a punto de irse al garete-apostilló Fang, que estaba sentada al lado de su vinculada-. ¡Háblanos de ella en sus buenos tiempos!

Hope esbozó una media sonrisa incómoda, y Lightning le dirigió una mirada tranquilizadora. Fang y Vanille habían ido desde Hisperia, el país donde vivían, a visitarles; mantenían el contacto, por supuesto, pero no se habían visto desde la ceremonia de vinculación de las dos mujeres paalsinas, tres meses atrás. Como aparte de Snow y Serah eran las que vivían más cerca, Hope y Lightning habían estrechado mucho su contacto con ellas desde su renacer, si bien aquélla era la primera vez que visitaban su casa.

-No sé si se puede decir que Nova Chrysalia tuviera alguna vez “buenos tiempos”-repuso Hope encogiéndose un poco de hombros-. Había algunas diferencias… pero no era muy distinta.

-Pero en tu época no existía la Orden, ¿verdad?-Vanille alzó una ceja, curiosa.

-No, claro. Que yo sepa, no había ningún grupo religioso en especial en aquel entonces.

-Y dice que no era tan diferente-resopló Fang con sarcasmo-. ¡Lo tranquilos que hubiéramos estado todos si esos beatos se hubieran quedado quietecitos en sus casas rezando!

Lightning, que sólo había vivido trece días en Nova Chrysalia –técnicamente, en realidad, catorce días–, escuchaba atentamente sin participar en la conversación, sentada junto a Hope, pues no podía aportar demasiado. Disfrutaba sencillamente viendo al joven charlando tranquilo con Vanille y Fang.

-Los sacerdotes nos contaron que tú gobernabas el mundo antes, chico-dijo Fang, y Vanille asintió alegremente-. Pero conociéndote, y sabiendo que al igual que tu chica se te da bien eso de patear a los dioses en el trasero, no creo que vivieras en una catedral.

Lightning agradeció para sus adentros que Fang no hubiera hecho ningún comentario haciendo referencia al rol de Hope como avatar de Bhunivelze; era lo bastante bestia como para hacerlo sin inmutarse, cosa que no podía decirse de él.

-La Catedral no existía cuando yo vivía allí-respondió Hope ladeando la cabeza, pensativo-. La sede del gobierno estaba al noreste de Luxerion, no al sur.

-¿Al noreste?-repitió Vanille, y Hope asintió-¿Pero ahí no estaba el Arrabal?

-Sí, así es. Antes era un alcázar donde el Consejo del Renacer tenía su sede. Luego me enteré de que tras mi… -el joven vaciló un segundo; Lightning sabía que el tema de su abducción por Bhunivelze era algo de lo que no le gustaba nada hablar-desaparición, fue abandonado y saqueado, y al final lo habitaron aquellos que no seguían ningún credo y se oponían a la Orden.

-En el fondo nunca dejó de ser lo que fue, o lo que significaba-dijo Lightning, a lo que Hope la miró sin comprender-. El Consejo del Renacer se oponía a los dioses y trataba de salvar a la humanidad sin su intervención, ¿no? Se podría decir que el Arrabal se convirtió en el último reducto del Consejo y sus ideales, e incluso también de la Academia.

Hope parpadeó, genuinamente sorprendido.

-Visto así…

-¡La Academia!-Vanille sonrió ampliamente-¡Cuéntanos cosas de la Academia! ¡Seguro que aquélla sí que fue una época preciosa!

-Comparada con un mundo post-apocalíptico como Nova Chrysalia, Vani, indudablemente.-comentó Fang, socarrona. Vanille rió y se ruborizó ligeramente; desde su vinculación, Fang había tomado la costumbre de llamarla afectuosamente en público “Vani”.

-¿No se supone que vosotras podíais ver lo que pasaba en el mundo mientras estabais cristalizadas?-Lightning enarcó las cejas, en parte para tenderle un cable a Hope, que parecía abrumado por tantas preguntas. Fang, no obstante, se limitó a reír con ganas:

-Podíamos ver algunas cosas, otra cosa es que nos acordemos de todas o que supiéramos lo que estábamos viendo, encanto. La cristalización es muy parecida a quedarte dormida y soñar. ¿Tú puedes elegir qué sueñas, qué ves cuando sueñas, o recuerdas todos tus sueños?, porque yo no.

-Vosotros deberíais saberlo también-intervino Vanille-. Os habéis cristalizado igual que nosotras.

-Pero fue durante muy poco tiempo-replicó Hope-. No nos dio tiempo a soñar mucho, si es que lo hicimos.

-Yo tuve la desgracia de pasar mucho más tiempo convertida en cristal-dijo entonces Lightning con evidente amargura, a lo que instintiva e inmediatamente Hope posó su mano sobre la suya-, pero fue un letargo… extraño. Nunca soñé nada, ni vi nada. Quizá fuera porque guardaba el alma de Serah dentro de mí.

Se hizo un breve silencio pesado a causa del tema de la muerte de Serah y la cristalización de Lightning, pero no tardó en ser roto por Fang:

-Bueno, chico, ¿nos vas a contar cosas de tu imperio científico y friki del pasado, o qué?

Hope le disparó una mirada ofendida.

-¡Fang!-protestó-¿Cómo que “imperio”? Para que lo sepas, yo nunca goberné Academia; admito que la gente me… apreciaba, pero jamás me entrometí en la política de entonces. Yo sólo era un asesor. Y la Academia nunca fue ningún imperio, ni reino, ni nada por el estilo.

-Parece que le haya dolido más que Fang haya llamado “imperio” a la Academia que lo de “científico y friki”.-le susurró Vanille a Lightning disimulando la risa.

-Sabe que eso es cierto e innegable-respondió la joven, tratando también de contener la risa-. No va a molestarse en rebatirlo.

Las distrajo entonces la respuesta de Fang, que parecía estar disfrutando de lo lindo tomándole el pelo a Hope:

-Claro, chaval, por supuesto. Erais una organización dedicada a restaurar la sociedad en un mundo despoblado y en ruinas tras el Hundimiento del Nido… ¿Qué mejor manera de hacerlo que con una ciudad entera como harén para repoblar el Gran Paals? No es ningún secreto que todas las mujeres de Academia le lanzaban las bragas, señor Director Terriblemente Apuesto Hasta Para Quienes Transitan La Otra Acera.

FANG!-el rostro de Hope había adquirido un intenso color escarlata, a lo que tanto Fang como Vanille estallaron en carcajadas. A su pesar, tampoco Lightning pudo contener la risa-¡¿Cómo diablos puedes saber tú eso?!

-Oh, vamos, ¡casi todas las tías de Nova Chrysalia fueron una vez ciudadanas de Academia! ¡Hasta las sacerdotisas de Luxerion lo decían! Había tantas y tantas damas descorazonadas ansiando obtener tus favores…

-Ya pueden esperar sentadas-intervino Lightning con sorna, aferrando el brazo del avergonzado Hope con el suyo-. Hope es mío. Y bastante me ha costado “ganarme sus favores” como para dejar que cualquiera me lo quite.

Hope, rojo como un flan guindillita, fue a responder, pero Vanille se le adelantó:

-Yo más bien diría que fue a la inversa-dijo sonriendo con picardía-. De todo el grupo creo que eras la única que no te enterabas de que el pequeñín de la pandilla estaba colado por ti. De hecho, solíamos hacer apuestas cuando os ibais por ahí a patrullar sobre si pasaría algo entre vosotros y qué. Fang y Sazh aún me deben guiles.

-Que… ¿que hacíais apuestas sobre… sobre nosotros?-ahora era el turno de Lightning de sonrojarse.

-Ahora entiendo algo mejor tu cara cuando hablamos aquella vez en los Montes de Yaschas, Vanille.-Hope ya no podía enrojecer más, pero se rascó la cabeza con evidente apuro.

-¡Ah, es verdad! ¡Ya casi ni me acordaba!-Vanille se echó a reír-Sí, no sólo fue por eso, pero cuando me dijiste aquello por poco creí que había perdido un montón de guiles. ¡Y tú riéndote mientras echabas a perder mis ilusiones de riqueza! ¡Yo siempre fui la que apostó más fuerte por vosotros!

-No sé-terció Fang, burlona-, yo también lo creía así hasta que descubrimos que Serah te da mil vueltas.

-Dímelo a mí-suspiró Lightning poniendo los ojos en blanco, aunque no pudo evitar sonreír-. No me dejó en paz hasta que al final me decidí a acudir al encuentro de Hope, y mira que le dije cientos de veces que necesitaba tiempo.

-Supongo que eso es algo que tendré que agradecerle a tu hermana el resto de mi vida.-sonrió Hope tímidamente mirando a la joven con dulzura y calidez. Ella le devolvió una mirada al principio exasperada que luego se dulcificó; sin embargo, antes de que pudiera responder, Fang echó a perder el momento:

-Pues con la laaaaarga vida que tenemos por delante, chico, menuda deuda que te acabas de cargar encima.

-¡Fang!-protestó Vanille haciendo un mohín-¿Por qué les has interrumpido? ¡Con lo bonito que era el momento, y vas tú y lo echas a perder!

-Pues claro, Vani, ¿te crees que soy tan tonta como para arriesgarme a perder otra de nuestras apuestas? Algo en plan “se mirarán tiernamente a los ojos y el momento culminará en un dulce beso” o vete tú a saber qué cursilada.

-¿Cuándo aposté yo por eso?-Vanille parpadeó, perpleja, ajena al rubor de Lightning y Hope.

-¿Y yo qué sé?-Fang se encogió de hombros-Suena a algo por lo que tú apostarías. Yo era más partidaria de “el chavalín le regalará una flor y ella le pegará un puñetazo en la cara”.

-¡Pero al final gané yo! Y Snow, claro-Vanille puso los brazos en jarras y le plantó el dedo índice a su vinculada en el pecho-. Vale, ganamos la apuesta después de que tres mundos se fueran al garete, ¡pero la ganamos igualmente y quiero mi dinero!
Las palabras de Vanille hicieron que Hope parpadeara, sorprendido, como si acabara de caer en la cuenta de algo por primera vez. Cuando se volvió hacia Lightning, adivinó por su mirada que ella estaba pensando lo mismo.

-¿Estás pensando lo que yo?-le preguntó la joven en un susurro al captar su mirada, mientras Fang y Vanille discutían.

-¿Que hemos visto tres mundos ser destruidos y vivido tras sus respectivos apocalipsis antes de poder estar juntos?

-Ya veo que sí-Lightning rió entre dientes, moviendo la cabeza con incredulidad-. Cuesta de creer. Y pensar que casi sin duda viviremos para ver el próximo…

Hope frunció el ceño; lo cierto era que la idea dejaba sin aliento. Al fin y al cabo, había vivido más de mil años, como sus amigos, y había presenciado el Hundimiento del Nido, la Gran Infusión –como se recordaba el momento en el que el Caos inundó el mundo dando lugar así a Nova Chrysalia– y el Fin de los Días. Todo aquello había tenido que pasar antes de poder estar junto a Lightning. Era cierto que tanto Snow y Serah como Fang y Vanille habían pasado por lo mismo, pero al menos ellos ya estaban en una relación previamente; Hope había sufrido todo aquello sin saber si, al final del camino, Lightning querría compartir su vida con él.

Ahora que sabía que era así, Hope ya no temía al próximo apocalipsis ni al mundo que les aguardara después. Todos eran conscientes de que casi con total seguridad lo verían; él mismo había averiguado –vía sus propias investigaciones y también por los conocimientos que había compartido su mente durante 169 años con la de Bhunivelze sobre el cosmos y sus leyes– que, al haber estado expuestos directamente al Cristal del Origen que albergaba toda vida y creación, no sólo habían conservado sus recuerdos del viejo mundo y sus poderes mágicos, sino que se les había concedido la inmortalidad y eterna juventud. Y, aunque Dajh y Yuul habían crecido en el tiempo que había pasado, Hope sabía que su envejecimiento se detendría al alcanzar la plenitud, como les sucedía a los demás.

Aun así, aunque el futuro les deparara una vida eterna y más de un apocalipsis por delante, ninguno de ellos tenía nada que temer. Todos tenían a su ser amado a su lado, incluidos Hope y Lightning, quienes se habían quedado solos las ocasiones previas al último ocaso y por ende habían sido quienes más habían sufrido. Pero aquello no volvería a pasar. Ahora estaban juntos, y no tenían intención de separarse, no importaba cuántas eternidades pasaran o cuántos mundos vieran morir y renacer.

Cuando volvió a mirar a Lightning, Hope no necesitó preguntarle. Sabía que ella estaba pensando lo mismo. También ella había sufrido más de la cuenta por pensar que se quedaría sola sin su hermana Serah, sin saber que hacía siglos que había encontrado a su otra mitad. Y tampoco ella estaba dispuesta a dejar que nada se interpusiera entre ellos, ni siquiera el destino, y mucho menos los dioses.

En ese momento volvieron a distraerles Fang y Vanille, que seguían discutiendo por sus apuestas:

-¡Fang! ¡Fue una apuesta y vosotros aceptasteis! ¡Ahora no me vengas con excusas de última hora para escaquearte y no pagarme lo que me debes!

-Me importan un cuerno las apuestas, Vani; no pienso pagar mil guiles por cada hijo que tengan, ya puedes ir olvidándote.

Lightning y Hope se miraron, ruborizados, pero no tardaron en sonreír y disponerse a disfrutar de cómo Vanille protestaba y empezaba a golpear a Fang con el cojín.

Si tan sólo supieran que ellas también habían sido objeto de apuestas entre sus compañeros del Nido…

[Post-LR:FFXIII] Los sueños acosantes

Todas las noches, la oscuridad se adueñaba de los sueños de Hope.

Atrapaba su mente ahogándola en horribles recuerdos del otro mundo, pesadillas alimentadas por una vida pasada plagada de desgracias.

Soñaba con la brutal Purga que se había cobrado tantas vidas inocentes y con la imagen del cuerpo exánime de su madre cayendo al vacío. Soñaba con los rostros de los cientos de soldados del Sanctum que habían muerto a sus manos. Soñaba con los horrores presenciados en Edén el día de la caída del Nido, los cadáveres en las calles, los monstruos arrasando la ciudad y el combate contra el desquiciado Huérfano. Soñaba con los años posteriores en los que perdió a sus seres queridos, quedando en absoluta soledad rodeado de multitud. Soñaba con el aciago día en el que el Caos destruyó el mundo dando origen a Nova Chrysalia.

La oscuridad se hacía aún más sombría a partir de aquel punto.

Las mentiras, la sensación de fracaso, la esperanza vana. La profunda depresión. Los susurros dulcemente envenenados de un espectro de cabello rosado. Desesperación, frustración, deseo. Locura.

Y entonces llegaba el dolor. Una indescriptible agonía física y mental. Los brillantes ojos de un dios caprichoso y despiadado. Humillación. Ira. Pesar.

Y de pronto ya no había nada. Un vacío infinito, un abismo sin fin. Su alma ya no era. Él ya no era.

Oscuridad.

Hope trataba de huir. Estaba solo, estaba asustado. Corría y corría por el oscuro vacío, huyendo de los recuerdos, de la tristeza, del horror, de la soledad y del dolor. Pero era inútil: la oscuridad siempre se lo tragaba, lo asfixiaba, lo encadenaba a una vida de eterno sufrimiento como esclavo del destino.

Gritaba. De dolor, de miedo, de angustia, de desesperación. Un último intento de rebelarse contra tal destino. Un último intento por liberarse. Sabía que estaba solo, que nadie le oiría en el vacío. Pero aun así, Hope no se rendía sin luchar.

En ese momento siempre escuchaba una voz.

-Hope… Despierta, Hope. Abre los ojos…

Y se hacía la luz en la oscuridad.

Las sombras quedaban desplazadas por el hermoso rostro de una mujer joven de cabello rosado y ojos azules que lo miraban con tristeza y preocupación, pero también con gran dulzura y tristeza. Entonces Hope recordaba dónde estaba: en el nuevo mundo, en su casa, en su cama. A su lado estaba la mujer a la que amaba, quien le había dado fuerzas durante mil años para superar todas aquellas penurias.

-Light… -murmuraba Hope, pálido y tembloroso, con los ojos muy abiertos, brillantes y desorbitados por el horror de las pesadillas que le asaltaban cada noche-Light…

-Shh… -susurraba Lightning, abrazándolo y acariciándole el pelo para tranquilizarlo-Estoy aquí. Estoy aquí contigo, Hope. Tranquilo. No voy a irme a ninguna parte. No voy a abandonarte.

Hope asentía casi con necesidad, y se acurrucaba junto a ella, abrazándola también y hundiendo su rostro en su cabello rosado. Era casi un ritual a aquellas alturas. Ocurría prácticamente todas las noches, y Hope había terminado por temer el momento de irse a dormir. Sabía lo que le aguardaba en la oscuridad del mundo de sus sueños.

Pero también sabía que siempre habría a su lado una luz que le haría despertar. Y eso era lo que le daba valor todas las noches para enfrentarse a los fantasmas de su pasada vida en el otro mundo.

Ella era la luz que siempre le guiaría de vuelta cuando caía en la oscuridad.

-Quédate conmigo, Light… Por favor, no me sueltes nunca.

-Nunca te soltaré, Hope. Siempre estaremos juntos.

[Post-LR:FFXIII] La reunión inminente

Cuando apareció al fin la casa de madera en el horizonte, entre los árboles, Hope se removió inquieto en su asiento del autobús. Lightning le puso una mano en el brazo, tratando de calmarlo:

-Tranquilo-le dijo en voz baja, pese a que eran los únicos que quedaban ya en el autobús-. Todo irá bien, ya verás.

-No te preocupes por mí-murmuró Hope, que miraba con obvia aprensión la casa-. Estoy bien.

-No, no lo estás-replicó ella poniendo los ojos en blanco; Hope mentía muy mal y disimulaba aún peor-. Mírate, si estás casi temblando.

Hope sacudió la cabeza, pero tenía que admitir que Lightning le había pillado. Era imposible enmascarar la leve palidez –más de lo habitual en él– de su rostro, sus nudillos blancos y sus continuos movimientos inconscientes que desde niño hacía cuando se sentía incómodo o inquieto, o las dos cosas.

-Vale, sí, estoy nervioso-reconoció de mala gana, haciendo una breve mueca cuando el autobús se detuvo frente a la casa-. Todavía no estoy preparado para esto, Light; ¿cómo nos hemos dejado mangonear de esta manera?

-Hope, por favor, no es para tanto. Has estado ya en dos reuniones y no te ha pasado nada ni has hecho daño a nadie. Son nuestros amigos, ¿recuerdas?

Él suspiró casi imperceptiblemente. Lightning tenía razón, pero aun así seguía costándole horrores hacer aquellas cosas. Era cierto que había estado en la boda de Snow y Serah y en la ceremonia de vinculación de Fang y Vanille, pero aquello era diferente.

Había sido idea de Serah y Snow, para no variar. Pese a haberse reunido todos en las dos ocasiones previamente citadas, habían insistido en pasar todos unos días juntos como era debido, ahora que vivían cada uno sus vidas y no se veían con tanta frecuencia. Eligieron un albergue discreto pero acogedor en las montañas de Pyrien, al sur de Galya y norte de Hisperia, e invitaron a todos los demás a que fueran; la idea era relajarse juntos y divertirse, recordando viejos tiempos en el otro mundo.

Lo habían hecho con la mejor intención y Hope lo sabía, pero no podía evitar pensar que aquella no era una buena idea en lo que respectaba a él. Aún estaba remontando de su depresión y no estaba para mucha marcha, y eso sin contar que se sentía fuera de lugar entre sus amigos desde el momento en el que renació; Lightning insistía en que él no tenía la culpa de que Bhunivelze le hubiera usado contra ellos, pero Hope no podía quitarse de la cabeza la idea de que, en cualquier momento, el Altísimo podría volver a intentar hacerles daño a través de él.

Lightning, por su parte, no podía decirse que fuera el paradigma de la sociabilidad, pero creía que a Hope le haría bien pasar aquellos días junto a los demás, y por ese motivo había logrado convencerlo para que fueran. Eso, y que Serah no la había dejado en paz hasta que finalmente su hermana mayor cedió.

Hope había hecho un esfuerzo para finalmente aceptar, el peor momento hasta entonces cuando habían subido al autobús; no se sentía nada cómodo entre las multitudes desde su renacer en el nuevo mundo, entre otras cosas porque estaba acostumbrado en el otro mundo a que la gente le reconociera inmediatamente si salía a la calle. Pero Lightning ya sabía todo aquello y también sabía que por norma general el joven se calmaba si ella estaba a su lado.

Sin embargo, sus amigos eran un tema mucho más personal. Y por eso mismo Hope se lo tomaba mucho más en serio. Se temía que en cualquier momento le reprocharan sus acciones como avatar de Bhunivelze, o su fracaso como líder, o… cualquier cosa, en realidad. Por eso había estado meses evitándoles. Algo por lo que también temía que le dieran la espalda.

En resumen, Hope era un manojo de nervios plagado de inseguridades cada vez que se reunía con sus viejos amigos. Lightning contaba con ello, pero también confiaba en que el joven pudiera superarlo poco a poco con la ayuda de todos.

Ahora bien, no quería que Hope lo pasara mal por el simple hecho de encontrarse con ellos al punto de no querer bajar del autobús, como parecía ser el caso. Se suponía que iban a un lugar en el que podrían relajarse, no a que sus nervios se disparasen.

-Hope-le dijo la joven, cogiéndole la mano; él la miró, con una chispa de vacilación en sus ojos-, no tienes nada que temer. Son nuestros amigos, y te quieren. Sólo pretenden que lo pasemos bien todos juntos.

-Light, yo… -empezó Hope, pero ella le interrumpió posando suavemente su dedo índice sobre sus labios:

-Nada de excusas. Vas a bajar del autobús, vas a reunirte con todos y vas a disfrutar de estos días tranquilo y en paz-Lightning sonrió cálidamente-. Y yo estaré contigo todo el tiempo. Lo sabes.

Él no dijo nada durante unos segundos, mirándola inseguro, pero finalmente asintió, exhalando un suspiro. Tomó la mano de Lightning cuyo dedo seguía sellando sus labios en la suya y depositó un suave beso sobre ella; el gesto pilló un poco por sorpresa a la joven, que se ruborizó levemente.

-Está bien-murmuró Hope, sus labios apoyados contra los dedos de ella-. Pero, por favor, no te separes de mí. Me siento más tranquilo cuando tú estás a mi lado.

-Ya lo sé-Lightning esbozó una suave sonrisa-. No te preocupes. Estaremos juntos, ¿lo recuerdas? Fuiste tú quien me lo prometiste.

Hope le devolvió la sonrisa, un tanto azorado.

-Y no sabes cuánto me alegra que no lo hayas olvidado.

La sonrisa de Lightning se acentuó. Aquella promesa, que Hope le había hecho cuando la rescató del propio Caos de su corazón, era una frase que ambos solían recordarse mutuamente a menudo, por lo que era un poco tontería que Lightning le preguntara a Hope si se acordaba y que él respondiera que le alegraba que ella no lo hubiera olvidado. Sin embargo, tras un milenio de separación y después de todo lo que habían pasado durante el ocaso del otro mundo, era inevitable que de alguna forma necesitaran reafirmar aquella promesa. Así, sus turbulentos corazones podían permanecer en calma.

-Venga, vamos-le dijo Lightning a Hope, levantándose del asiento y tirando de su manga para que se levantara también; él se mostró un poco reticente, pero terminó por ceder-. Todos nos están esperando. Y estoy segura de que se alegrarán de verte.

Hope no parecía tenerlo tan claro, pero prefirió guardarse sus dudas para sí. Total, Lightning ya las conocía, y no servía de nada tener dudas si uno no las afrontaba. De esa forma, su atribulada alma jamás hallaría la paz. 

Sin embargo, gran parte de aquellas dudas se disipó una vez ambos bajaron del autobús y, apenas habiendo dado unos pasos hacia el albergue, salieron todos sus viejos amigos a recibirles cálidamente: las recién vinculadas Vanille –que parecía ser quien había alertado a los demás de la llegada de Lightning y Hope– y Fang; Sazh junto a su hijo Dajh y también Chocolina, que había adoptado forma humana tras su renacer; Noel y Yuul, los que vivían más apartados; y por supuesto, Serah y Snow, los responsables de que estuvieran todos allí.

Ninguno de ellos tuvo reproches para Hope ni mantuvo las distancias con él. Ni rastro de recelo.

Y pese a que el joven era consciente de que sus temores no desaparecerían de la noche a la mañana, por primera vez pensó que, después de todo, quizá pudiera pasar unos días de tranquilidad junto a sus amigos en aquel lugar tan alejado del mundo.

Siempre y cuando Lightning estuviera junto a él. En parte, pensó Hope cuando Snow los envolvió a ambos en un abrazo de oso, porque ella era la única que podía mantener al marido de Serah a raya…

[Post-LR:FFXIII] La sorpresa frustrada

Un súbito estrépito procedente del piso de abajo despertó bruscamente a Hope de su plácido estado de duermevela. Se incorporó en la cama, un tanto aturdido, y entonces escuchó una exclamación ahogada de dolor.

-¡Light!-sin perder un segundo, el joven saltó de la cama y echó a correr hacia el piso inferior, casi tropezando con los bajos de sus pantalones al bajar a toda prisa las escaleras. Al llegar abajo, miró a su alrededor, alarmado; oyó en ese momento una maldición mascullada entre dientes que venía desde la cocina.

Prácticamente se abalanzó contra la puerta de la cocina, que estaba cerrada, y la abrió con cierta brusquedad, temiendo que hubiera sucedido algo malo. Lo que vio fue a Lightning de espaldas a él, de rodillas en el suelo, apretándose la mano izquierda con la otra y con un cuchillo manchado de sangre al lado.

-¡Light!-Hope corrió hacia ella y se arrodilló a su lado, presa del pánico; Lightning alzó la cabeza hacia él, con una mueca de dolor reprimido-¿Qué ha pasado?

-Nada-respondió ella, apretando los dientes-. No te preocupes. No ha sido nada.

Hope, que la conocía de sobra, tomó la mano que Lightning aferraba con la otra; ella se resistió un poco, pero finalmente dejó que el joven la examinara: un largo y profundo corte recorría la palma de su mano izquierda, sangrando abundantemente, dejando rastros escarlata en su brazo.

-¿“Nada”, dices? Por el amor de los dioses, Light, por poco te llevas media mano por delante.

Ella le disparó una mirada llena de ironía.

-Tú y yo hemos sufrido heridas mucho más serias. Esto no es más que un rasguño en comparación.

-Eso no es razón para decir que esto no es “nada”-Hope movió la cabeza y cubrió la mano herida de Lightning con las suyas, que empezaron a brillar con un suave resplandor azulado-. De verdad, Light, yo no estoy para estos sustos.

Lightning frunció el ceño, pero su expresión tensa iba relajándose poco a poco, a medida que el hechizo Cura de Hope sanaba la herida y calmaba el dolor.

-Siento haberte asustado-dijo, agachando la cabeza-. Creía que estabas durmiendo. Iba a curármelo yo misma, pero reconozco que tu magia curativa es mucho mejor que la mía…

Él suspiró, pero no dijo nada. Siguió curando en silencio la mano de Lightning.

Después de unos pocos minutos, finalmente Hope soltó suavemente la mano de la joven y la examinó; había desaparecido todo rastro de la herida, a excepción de los regueros de sangre que recorrían su brazo.

-Ya está-le dijo él dándole un suave apretón en la mano-. ¿Te duele?

-No-repuso ella abriendo y cerrando la mano para asegurarse-. Está como nueva. Gracias, Hope.

Hope esbozó una pequeña sonrisa, algo que en los últimos meses le costaba mucho, por lo que cada vez que sucedía significaba muchísimo para ella. Entonces, el joven se inclinó para recoger el cuchillo de cocina con el que por poco Lightning se había dejado sin mano.

-¿Qué estabas haciendo con el cuchillo?-le preguntó, preocupado; Lightning desvió la mirada-Light, ¿pasa algo malo…?

-¡No!-se apresuró a contestar ella al darse cuenta de que Hope se estaba imaginando lo que no era-No, de verdad. No tiene nada que ver. Yo… estaba intentando darte una sorpresa.-confesó, ruborizándose.

-¿Una sorpresa?-Hope ladeó la cabeza sin comprender-¿Cortándote con el cuchillo?

-No, tonto, claro que no. Es que… -de pronto, Lightning, con el rostro encendido, parecía más tímida que nunca-Siempre dices que te gustaría probar mi comida, y yo lo único con lo que me defiendo es con el filete de bégimo… así que quería hacer algo más elaborado para ti.

Hope parpadeó, atónito; como Lightning no era precisamente buena cocinera, siempre había sido él quien se había encargado de la cocina. Cuando su depresión se agravó, ella había intentado tomar el relevo con desastrosos resultados, por lo que Hope había hecho el esfuerzo de seguir cocinando él. El hecho de que después de aquellos fracasos culinarios la joven hubiera intentado cocinar algo para él… No sabía qué decir. Lightning no solía dedicarle mucho tiempo a lo que consideraba que se le daba mal.

-¿Querías prepararme algo especial?-Hope alzó la vista y descubrió sobre la encimera algo que parecía un ave casi entera, su carne llena de toscos cortes y tajos, sin duda producto de los esfuerzos de Lightning por limpiarla y deshuesarla, y rió suavemente entre dientes-Vaya, Light, ¿qué le has hecho al pobre animal? Parece como si en vez de usar un cuchillo hubieras estado peleándote con él.

Lightning se rió sin ganas, con los hombros hundidos, claramente desanimada.

-Ya sé que ni siquiera debería haberlo intentado-dijo, su voz teñida de un matiz de tristeza-. Soy un fracaso en la cocina, y para una cosa que quiero hacer para agradarte…

-Light-le cortó él, tomando su rostro entre sus manos y mirándola a los ojos-, no me importa lo más mínimo que no sepas cocinar. Que hayas intentado hacerlo por mí es lo que de verdad me importa.

Ella le devolvió una mirada entristecida, pero llena de amor y dulzura. Era muy raro ver algo así en los ojos de Lightning Farron, y Hope se sentía el ser más feliz del nuevo mundo cada vez que lo veía, consciente de que muy probablemente era el único que había tenido el privilegio de ser el destinatario de aquella mirada.

-Pero quería hacerlo, Hope. Me siento fatal por no poder hacer nada para animarte, y verte tan triste… -Lightning cerró los ojos-Quiero hacerte feliz, y no sé cómo hacerlo. Pensé que, si conseguía hacer esto…

Hope la interrumpió entonces posando suavemente sus labios sobre los de ella, presionando apenas, pero aquello bastó para que Lightning dejara escapar un débil grito ahogado de sorpresa al tiempo que se sentía derretir; hacía tiempo que él no tomaba la iniciativa, más concretamente desde que su depresión tocó su punto más hondo. Y aunque aquél no era un beso pasional, a la joven no le importaba en absoluto. Su relación… su amor por Hope iba más allá de minucias como ésas.

Cuando se separaron, apenas unos segundos después, Hope la abrazó, y Lightning hundió el rostro en su hombro. La joven pensaba que debía ser ella quien estuviera consolándolo a él, pero lo cierto era que llevaba varios meses sintiéndose mal al verle tan deprimido y se había obligado a sí misma a tragárselo y mostrarse fuerte por él. Y además, no estaba tan mal que fuera Hope quien la consolara a ella…

-Que estés aquí conmigo es lo que más feliz podría hacerme-le susurró el joven al oído, acariciándole el pelo-. Lo que yo estoy pasando no tiene nada que ver contigo. Eres lo único que me ha mantenido cuerdo durante estos meses, y nunca podría agradecértelo lo suficiente.

Lightning sonrió, devolviéndole el abrazo. Sabía que Hope lo decía de verdad, pero también pensaba que ella aún podría hacer algo más por él. Luchaba contra la depresión del joven con uñas y dientes, pero era una guerra silenciosa, una guerra mental. Quizá por eso, pensó, no se le diera muy bien. Ella sabía luchar mano a mano… pero aún, tenía que admitir, le faltaba mucho que aprender en el terreno de las emociones.

Por suerte para ella, Hope era el mejor maestro que podría haber encontrado.

-No me lo agradezcas. Sólo quiero que tengas una vida tranquila y sin fantasmas del pasado-musitó ella-. Y si para ello tengo que ingeniármelas para cocinar… lo haría sin dudarlo.

El pecho de Hope se agitó levemente cuando el joven se rió entre dientes.

-Mientras no me des más sustos… No me gustaría entrar en la cocina y verte sin una mano por pelearte con un pollo muerto.

[Post-LR:FFXIII] La ceremonia de vinculación

-Hope, ¿me oyes? ¡Hope! ¡Aterriza!

-¿Hum? … -Hope parpadeó cuando Serah chasqueó los dedos a dos centímetros de sus ojos, y oyó a Vanille reírse tras ella.

-Te he dicho tres veces si puedes acercarme el cepillo de púas metálicas-dijo la pequeña de las hermanas Farron, enarcando las cejas-. ¿Dónde tienes la cabeza?

-Oh… Lo siento-el joven se acercó al aparador donde estaban esparcidos toda clase de peines y accesorios para el pelo, y cogió el cepillo que Serah le había pedido-. Me he distraído un momento…

Serah suspiró, tomando el cepillo que Hope le tendía, y empezó a tratar de alisar el pelirrojo cabello de Vanille, muy enredado sin las coletas que solía llevar. Sabía que no podía pedir mucho más de Hope, pues tan sólo estaba empezando a remontar de su depresión, y todavía se sentía un poco fuera de lugar entre sus viejos amigos, máxime si Lightning no estaba a su lado, como en aquel momento. Pero aquélla era una ocasión muy especial, y obviamente Hope había hecho un esfuerzo para no perdérsela.

Era la boda de Fang y Vanille. O en todo caso, su equivalente paalsino. Ellas lo llamaban “ceremonia de vinculación”. Por lo que, aunque había muchas similitudes con las bodas que sus amigos del Nido conocían y que seguían celebrándose en el nuevo mundo, también había numerosas diferencias que ambas habían tenido que explicarles.

Sería una ceremonia casi completamente íntima: sólo asistirían diez personas sin contarlas a ellas. Lo cual era ya diferente a la boda de Serah y Snow, que había tenido lugar dos meses atrás y pese a que ni de lejos había reunido a la cantidad de invitados que solían agrupar las bodas –unos cincuenta invitados, entre compañeros de la facultad de Serah y los conocidos moteros de Snow– Hope no lo había pasado precisamente bien durante el banquete de bodas entre tanta gente después de meses casi sin salir de casa. Lightning había tenido que estar con él, agarrada a su brazo todo el tiempo para tranquilizarle.

-Oye, ¡eres mi testigo del sol!-bromeó Vanille, sonriendo ampliamente; llevaba toda la mañana aguantando estoicamente frente al espejo mientras Serah la preparaba para la ceremonia entre maquillaje y peinado-¡No puedes distraerte así como así! ¡Tienes que estar a la altura! Lo conseguiste en la boda de Serah y Snow, me lo tomaré muy a mal si no lo haces en mi ceremonia de vinculación.

Hope sonrió apenas, incómodo. No estaba tan seguro de haber hecho tan buen papel como decía Vanille: había sido el padrino de Snow por petición –e insistencia– de éste, y dado que Lightning había sido la dama de honor de Serah, no había podido negarse. No sabía hasta qué punto los padrinos solían quedarse tan quietos y silenciosos como él había hecho. Pero en fin, Vanille era Vanille y ella jamás tenía malas palabras para nadie.

Se pellizcó el cuello alto de la túnica blanca y naranja que llevaba, con brocado dorado; pese a que la tela era bastante holgada, él estaba demasiado acostumbrado a los cuellos abiertos, pero no había tenido más remedio. Su atuendo contrastaba con el vestido de Serah, negro y azul bordado en plata: ellos eran lo que Fang y Vanille llamaban “testigos del sol y la luna”, lo que venía siendo el equivalente de los padrinos y damas de honor, con la diferencia de que ambos miembros de la pareja tenían tanto un testigo del sol como de la luna, un varón y una mujer. Vanille había elegido a Hope como testigo del sol y a Serah como testigo de la luna; Fang había hecho lo propio con Snow y Lightning respectivamente.

-Bueno, casi estamos ya-dijo Serah, suspirando y apartándose un paso de la silla donde estaba sentada Vanille para dejar que la joven se viera el alisado cabello en el espejo-. Sólo queda arreglarte el peinado, Vanille. Dijiste que tenías que llevarlo trenzado, ¿no?

-Sí, pero sólo a ambos lados de la cara y por detrás, ¿vale?

-Hope, pásame el hilo dorado, anda.

Él obedeció, dándole a Serah el rollo de hilo de color dorado. Con éste, la pequeña de las hermanas Farron comenzó a trenzar el cabello de Vanille, que sonreía expectante mirándose en el espejo.

Hope observaba distraídamente cómo Serah preparaba a Vanille para su gran día, el día en el que al fin se uniría a su otra mitad. Había visto la misma felicidad en el rostro de Vanille que en el de Serah el día de su boda. Pensaba si habría visto la misma sonrisa en el bello rostro de Lightning en un día como aquél si las cosas hubieran sido diferentes…

En ese momento, alguien llamó a la puerta, sobresaltando a los tres. Un instante después, Lightning asomó la cabeza por la abertura. Apenas llevaba maquillaje; Hope sabía que no le gustaba, pero aquel día había accedido a aplicarse un poco de sombra de ojos.

-¡Lightning!-sonrió Serah.

-Hola-saludó su hermana, entrando en la habitación, devolviéndole una pequeña sonrisa-. ¿Qué tal vas, Vanille?

-¡Bien!-respondió ella, radiante-Pero no vayas a contarle a Fang qué aspecto tengo, ¿eh? ¡Trae mala suerte!

Lightning sonrió. Entonces se volvió hacia Hope, y su sonrisa se dulcificó al tiempo que su mirada. Él sabía lo que ella quería decir con aquella mirada. Era una pregunta silenciosa: “¿estás bien?”

Hope la observó, el brillo ausente que desde hacía unos meses no había abandonado sus ojos adoptando un matiz extasiado. Lightning llevaba la misma clase de atuendo que Serah, un cruce entre túnica y vestido de cuello alto, negro y azul bordado en plata. Pero si bien Serah irradiaba una belleza serena y cálida, su hermana mayor desprendía un aura casi divina que dejaría sin aliento a cualquiera. O, al menos, eso era lo que pensaba Hope. No desde lo sucedido con Bhunivelze, sino desde mucho, mucho antes.

Ante el silencio del joven, Lightning se acercó a él y posó una mano sobre la suya suavemente, mirándolo inquisitivamente con sus ojos azules muy abiertos. Saliendo de su ensimismamiento, Hope parpadeó y esbozó una pequeña sonrisa al tiempo que inclinaba la cabeza hacia ella.

-Estoy bien.-susurró.

-¿Seguro?-ella no parecía muy convencida-Te veo un poco apagado.

-No te preocupes por mí, Light. Quédate tranquila, por favor.

Lightning tardó un poco en responder, dubitativa, pero finalmente asintió, apretando la mano de Hope entre la suya y sonriendo con dulzura.

-Estás muy guapa.-murmuró él un poco ruborizado al contemplarla. Lightning se sonrojó también, pero aceptó el cumplido; tiempo atrás se habría apresurado a replicar.

-Y tú también. Creo que las túnicas te sientan mejor que las corbatas.

-Oye, si queréis Vanille y yo nos vamos a otra habitación y os dejamos intimidad-bromeó entonces Serah; su hermana y Hope se volvieron hacia ella sobresaltados, y Vanille se echó a reír alegremente-. Que puestos a decir, a Hope no le vendría nada mal.

-Serah, por favor-Lightning puso los ojos en blanco, y el rubor de Hope se hizo más intenso-. Sólo he venido a ver cómo ibais. Y a alejarme un rato de Snow, claro. No ha callado desde que entró a la habitación. Aparte de ver cómo estaba Hope.

-Oh, por él no te preocupes-Vanille no podía girarse mientras Serah le estaba trenzando el pelo, pero le guiñó un ojo al espejo para que Lightning y Hope vieran el gesto-. ¡Serah y yo te lo estamos cuidando estupendamente!

Hope sonrió dócilmente, y Lightning estrechó su mano con suavidad una vez más antes de soltarla y acercarse a su hermana:

-He venido también porque necesito tu ayuda. Yo no me aclaro con el peinado de Fang, y tu marido no hace más que ponerme nerviosa.

-Lightning, sólo consiste en hacer trenzas. No es tan difícil.

-Pues mira, yo no sé hacerlo. Cada cual tiene sus límites.

Serah suspiró y miró el reloj de la pared, que marcaba las once; la ceremonia debía celebrarse a mediodía o a medianoche en punto, según la tradición paalsina.

-Vamos bastante justos de tiempo, pero mejor será que te ayude; por suerte ya casi he acabado con Vanille-repuso la pequeña de las hermanas Farron, y se volvió hacia Hope-. ¿Puedes encargarte tú de lo que queda?

-¿Yo?-Hope se mostró sorprendido por el ofrecimiento, pero se encogió de hombros-Claro. Haré lo que pueda.

-¡Perfecto! Pues venga, Lightning, vamos a preparar a Fang-Serah y Lightning se dirigieron a la puerta-. Nos vemos en un rato, Hope. Y procura no echar a perder el peinado, el alma solar está en tus manos.

Lightning no dijo nada, pero sonrió y le guiñó un ojo al joven. Él entendió también aquel gesto: “lo estás haciendo bien”, y “estoy orgullosa de ti”. Sabía lo feliz que se sentía Lightning al verle integrarse de nuevo entre sus viejos amigos e involucrarse en sus actividades.

Cuando las hermanas Farron se hubieron marchado, Hope se quedó mirando la puerta con expresión ausente. La felicidad de Lightning era su prioridad, y en días como aquéllos lamentaba profundamente no poder ofrecerle lo que cualquier otra pareja de enamorados tendría…

-Bueno-dijo entonces Vanille desde su asiento alegremente-, ¡tenemos que apresurarnos o no estará todo listo antes de las doce, y entonces tendremos que esperar a medianoche! ¡Venga, Hope!

-Ah, sí. Perdona, ya voy-repuso él, y empezó a continuar el trabajo que Serah había dejado a medias, trenzando su cabello-. Si ves que lo estoy haciendo mal, dímelo.

-¿Sabes cómo se hace?-Vanille parecía divertida.

-Me las puedo arreglar. Más de una vez he ayudado a Light con su pelo; ella se lo cortaría a tijera cada vez que se le enreda algún mechón. Además, no es tan difícil hacer trenzas.

-Sólo para Lightning.-bromeó Vanille, y Hope sonrió, a su pesar.

-Es un defecto ínfimo.

Durante unos minutos, permanecieron en silencio, excepto cuando Vanille le daba a Hope alguna indicación sobre cómo debía quedar el peinado. Entonces, la pelirroja paalsina comentó de pronto, con la voz claramente emocionada:

-Sabes, cuesta creer que Fang y yo vayamos a vincularnos al fin, después de tantísimo tiempo…

-Lo importante es que el momento llegue-repuso Hope-, no importa cuánto haya que esperar. Al menos, eso es lo que pienso. Serah y Snow han tenido que soportar mil años hasta que pudieron casarse. Y vosotras siempre habéis estado juntas, pero habéis aguardado cerca de seiscientos años más que ellos. Y aun así, aquí estáis, tanto ellos como vosotras. Eso es lo que importa, ¿no?

-Eso es verdad-admitió Vanille cerrando los ojos con una amplia sonrisa de felicidad, y entonces de pronto volvió a abrirlos con expresión pícara-. ¿Y qué hay de vosotros, Hope? Lightning y tú, quiero decir. ¿Para cuándo veremos un anillo en el dedo de Lightning? O eso es lo que creo que la gente del Nido hacía cuando quería casarse.

-¿Eh? … -Hope tardó unos segundos en procesar la súbita pregunta, y cuando lo hizo, se ruborizó y entornó los ojos, sin dejar de trenzar-Ya… sí, bueno… Eso es… complicado…

-Oye, ¡no te pongas triste!-Vanille no podía girarse, pero en el espejo se reflejaba su preocupación al ver la cara de Hope-No quería hacerte sentir mal, de veras. Sé que no estás en tu mejor momento ahora, pero ya verás cómo pasará, ¡eso no tiene por qué impedir que Lightning y tú…!

-No voy a casarme con ella-cortó Hope con repentina aspereza-. Déjalo estar ya, Vanille.

Vanille se quedó sin saber qué decir. Nunca se hubiera imaginado que tales palabras salieran de boca de Hope, pero lo que más le sorprendió fue ver en el rostro del joven tal… rabia, tal frustración. No recordaba haberlo visto así desde que era un chiquillo.

-Pero… -empezó, dubitativa-¿por qué? ¿Por qué no quieres casarte con ella?

-No es que no quiera-replicó Hope, sin apartar la vista de la trenza en la que estaba trabajando-, es que no puedo.

Su voz estaba llena de tristeza reprimida. Vanille no lo comprendía: había visto en numerosas ocasiones cómo el rostro de Hope se iluminaba cada vez que miraba a Lightning, y desde sus tiempos como lu’Cie todos –excepto probablemente la propia Lightning– se habían dado cuenta claramente de que el entonces más pequeño del grupo estaba colado por la ex soldado. No podía concebir que después de todo lo ocurrido Hope no quisiera dar el paso.

-Hope, ¿cuál es el problema?-le preguntó con dulzura-Puedes contármelo si quieres. Igual puedo ayudarte.

El joven no parecía tener muchas ganas de contestar, pero finalmente se resignó.

-Es una historia muy larga, Vanille, y no quisiera tener que hablar sobre ello. Pero… no quiero que ella sea mía. Nunca. Light ha de ser libre, en todos los sentidos. Me niego a que sea posesión de nadie… y mucho menos mía.

Era un razonamiento extraño, pero Vanille empezaba a ver el problema. Ella no podía saber qué había sucedido tras la aparición de Bhunivelze encarnado en el cuerpo de Hope en la Catedral de Luxerion, claro; eso era algo que sólo sabían Lightning y Hope, y habían coincidido en no compartirlo con nadie más. Pero sabiendo que Bhunivelze había usado a Hope como avatar, Vanille podía hacerse una idea de por dónde iban los tiros.

-Y Lightning… ¿sabe que te sientes así?

-Sí. Dice que no le importa, y sé que hasta cierto punto lo dice de verdad… pero sé que sabe que yo sí hubiera querido dar ese paso, y le duele que yo no pueda hacerlo-Hope sacudió la cabeza con rabia-. Bhunivelze me ha quitado incluso eso.

Vanille sentía ganas de llorar. No era justo: Lightning y Hope merecían ser felices, y los dioses no les dejaban en paz ni siquiera tras su muerte. Fang y ella sabían de sobra lo que era aquello. Y era cierto que las bodas del Nido, que seguían celebrándose en el nuevo mundo, estaban basadas en los miembros de la pareja convirtiéndose en posesión mutua, uno era del otro y viceversa, como había visto en la de Serah y Snow. Era una ceremonia hermosa y emotiva, pero Vanille pensaba que era un poco superficial, al menos comparada con el rito de vinculación.

-No tienes que pensar en eso como si Lightning fuera tuya… No en ese sentido-trató de convencerle la joven paalsina-. Tú la quieres, y ella te quiere a ti. Sois el uno del otro, ¿no? No es que ella sea tuya y que la controles y esas cosas…

Hope dejó escapar un largo suspiro.

-No lo entiendes, Vanille. Y tampoco es necesario que lo hagas. Pero no voy a caer dos veces en el mismo error. Aunque me cueste la felicidad.

Ella frunció el ceño, pero decidió no seguir preguntando. Dejó que Hope siguiera haciéndole las trenzas; la verdad es que no se le daba del todo mal. Se preguntaba cuántas veces habría tenido que ayudar a Lightning para coger la práctica. Vanille siempre había pensado que Lightning y Hope estaban unidos por algo mucho más fuerte que la simple atracción, lo había sentido ya incluso cuando ambos se conocieron: era como si hubieran nacido para estar juntos, y que no estarían completos a menos que estuvieran el uno con el otro. Lo entendía de sobra porque era como ella se sentía con respecto a Fang. Dos partes de un mismo ser, compañeros de corazón y alma, un vínculo más allá del tiempo y el espacio.

¿Vínculo…?

Entonces fue cuando a Vanille se le ocurrió una idea. Su rostro se iluminó con una amplia sonrisa al percatarse de que había tenido la solución justo delante todo aquel tiempo.

-¿Y si pudieras unirte a Lightning sin necesidad de hacerla tuya?

Hope se detuvo, sorprendido.

-¿Cómo?

-Pues muy fácil-repuso ella-. No sólo existen las bodas para afianzar el amor entre una pareja. Hay otros ritos… y casualmente conozco uno que quizá te sirva. De hecho, estás colaborando en él.

El joven la miró inquisitivamente.

-¿Te refieres… a la ceremonia de vinculación? Pero creía que era un rito paalsino…

-¿Y qué más da eso?-Vanille puso los ojos en blanco-Si a Fang y a mí nos hubiera dado la gana podríamos habernos casado por el rito del Nido, aquí a nadie le hubiera importado. Total, casi nadie se acuerda del Nido y del Gran Paals. La suerte que tenemos en este nuevo mundo es que nos acordamos de todo y podemos elegir qué queremos hacer con nuestras vidas. No es necesario ningún anillo de boda para ser feliz con quien amas, no importa de dónde vengas.

Hope no dijo nada. Se había quedado pensativo, sus ojos clavados en el espejo. Pese a que Vanille intuía que no lo tenía claro, vio en su rostro algo más animado que antes.

-Sin embargo… -dijo, casi con cautela-Sé que la vinculación es diferente a las bodas, pero Fang dijo que era más o menos un equivalente. No entró en detalles, así que no sé exactamente en qué consiste exceptuando los roles de los testigos…

-Bueno, preferimos mantenerlo en secreto por el momento-rió Vanille, y empezó a hurgar entre los pliegues de su vestido, del mismo color que la túnica de Hope-, pero puedo darte una pista para que te lo pienses. Mira, cógelo.

Él obedeció y cogió el objeto que Vanille le tendió, que había sacado de una vaina de piel que llevaba atada a la cintura. Sorprendido, se dio cuenta de que era un pequeño cuchillo ceremonial, de color dorado y con incrustaciones de gemas de color escarlata.

-¿Un cuchillo?-Hope lo estudió atentamente, y descubrió un sol grabado en ambas caras de la hoja-¿Tienes que llevarlo como parte de los ritos?

-¡Sí! Tanto yo como Fang; el de ella es diferente porque ella es el alma lunar, y yo soy el alma solar-le explicó ella señalando el sol grabado-. El cuchillo es la pieza clave de la ceremonia. Es lo que permite a la pareja vincularse, así que luego se guardan ambos como un gran tesoro familiar. Según nuestros ritos, simbolizan los juramentos de la unión.

Hope entornó los ojos. Aquella historia le sonaba demasiado bien, y estaba seguro de que Vanille lo sabía también. Al fin y al cabo, había sido un cuchillo lo que había unido los destinos de él y de Lightning durante mil años y que finalmente había salvado sus almas mediante la promesa hecha sobre él, primero transfiriendo los sentimientos de Lightning al alma en letargo del joven atrapada en el interior de Bhunivelze, y después salvándola a ella de una eternidad de soledad a través de quien lo había absorbido minutos antes: Hope.

Si lo que Vanille decía era cierto, ¿habían replicado sin saberlo el rito paalsino de vinculación un milenio atrás?

-¿Me estás diciendo que Light y yo ya estamos vinculados?

-Bueno, no exactamente-replicó Vanille tendiéndole una mano para que le devolviera el cuchillo-, pero os acercasteis muchísimo. Lo único que os faltaría si quisierais, digamos, oficializarlo, sería un pequeño detalle. Y no os haría falta ni ceremonia ni nada, de hecho había gente que lo hacía en sus casas en estricta intimidad y sólo bastaba con que ambos supieran que lucían sus marcas en sus muñecas.

-¿Sus marcas?-Hope ladeó la cabeza-¿Marcas de qué?

Vanille sonrió enigmáticamente.

-La vinculación es una prueba de confianza y valor. Consiste en demostrar que el amor consta de buenos y malos momentos y que a pesar de eso estás dispuesto a ser uno con tu pareja. Para que dos sean uno, cada uno ha de ser la parte de un todo, y han de ser diferentes; los polos iguales se repelen, mientras que los opuestos se atraen, aunque el choque puede ser violento y doloroso. Pero aun así se unen, ¿comprendes lo que quiero decir? Por eso cuando nos vinculamos, asumimos el papel del sol y la luna, la luz y la oscuridad. Opuestos que se necesitan, pero también se enfrentan.

Sí, el joven comprendía perfectamente lo que Vanille quería decir. De hecho, la filosofía de la ceremonia de vinculación se acercaba mucho por otra vía a algo que había sucedido meses atrás, en el ocaso del viejo mundo. Dos humanos llamados a ocupar el lugar de los dioses en el nuevo universo habían sido elegidos para tomar aquellos roles: Hope sería el receptáculo del Dios de la Luz y la Creación, mientras que Lightning fue entrenada para convertirse en la Diosa del Caos y la Muerte. El sol y la luna, el día y la noche. Hope recordaba vagamente a través de los recuerdos que había compartido con Bhunivelze cómo era Cosmogénesis, la dimensión en la que el dios había preparado su ceremonia de unión con la nueva diosa: estaba claro que él también había tenido presente aquella simbología.

No era muy agradable recurrir a algo que tuviera que ver con Bhunivelze, pero si Vanille estaba en lo cierto, la verdad era que él y Lightning ya estaban a medio camino de una vinculación. Si es que no lo estaban ya. Y para ser sincero, pensar en Lightning como su otra mitad estaba mucho más en sintonía con lo que él sentía que el concepto de posesión, aunque fuera mutua, de las bodas. Había faltado muy poco para que Bhunivelze la hiciera suya influenciado por sus desquiciadas emociones, previamente llevadas a la locura por obra de un espectro de su amada creado para convertirle en su posesión… que después pasó a ser la del Altísimo.

-Y ese detalle que según tú nos falta… -murmuró Hope, intrigado-¿De qué se trata?

Vanille se limitó a acentuar su sonrisa, y respondió:

-Lo verás por ti mismo dentro de un rato, ¡siempre y cuando termines con las trenzas a tiempo! Pero no es necesario que llevéis un anillo para que la gente vea que estáis unidos el uno al otro. Es un vínculo para el que basta que ambos sepáis que existe y sintáis que existe, no importa ni la distancia que os separe ni el tiempo que pase.

Él fue a replicar, pero en ese momento se abrió la puerta de la habitación, y Serah entró con cara de auténtico nerviosismo.

-Las once y media, ¡y tengo que hacer el trabajo de los cuatro testigos!-resopló; en ese momento vio a Vanille, y su rostro se relajó al tiempo que sonreía con cierta incredulidad-¡Caramba, Hope!, casi has terminado tú solo el trabajo. ¡Menos mal! Creía que iba a tener que arreglarle las trenzas a Vanille con sólo media hora de tiempo.

-¡Qué va!-sonrió la joven alegremente-Lo ha hecho muy bien. ¡Mucho mejor de lo que solían hacerlo los hombres de Oerba!
Serah se rió al ver al azorado Hope encogerse ligeramente de hombros con modestia.

-¡Ya podrías enseñarle a mi hermana! Tendrías que ver el desastre que ha montado con el peinado de Fang-mientras terminaba de arreglar las trenzas de Vanille, la pequeña de las Farron sacudió la cabeza-. ¿Os podéis creer que había enganchado el hilo plateado en los pasadores de pelo? Aquello parecía una red de pescar.

Vanille se echó a reír, y Hope esbozó una dulce media sonrisa, sin duda imaginando la cara de exasperación de Serah y Fang ante los esfuerzos de la ex soldado.

Al fin, diez minutos más tarde, Serah terminó de colocar las decoraciones del atuendo de Vanille, y se apartó de la silla para que la joven se viera bien en el espejo.

-¡Ya está!-anunció-¿Qué te parece? ¿Ha quedado bien?

-¡Genial!-Vanille estaba radiante; giró sobre sí misma para admirar el vuelo de su túnica blanca y dorada y el tintineo de los abalorios de sus trenzas, y se volvió hacia Serah y Hope, emocionada-¡Gracias, Serah! ¡Y gracias a ti también, Hope! ¡Nunca pensé que llegaría el día que podría verme vestida de alma solar!

-Ahora sólo te queda ver a Fang vestida como tu alma lunar-dijo Hope, tan contagiado como Serah por la alegría de Vanille-. Estoy seguro de que la espera merecerá la pena.

Ella le sonrió, cómplice, pasando discretamente un dedo sobre la vaina donde guardaba su cuchillo ceremonial.

-Seguro que sí. ¡Nunca digas nunca!

Entonces la puerta de la habitación se abrió de nuevo, y Lightning asomó la cabeza, con aspecto de estar muy estresada pero con una sonrisa dibujada en su hermoso rostro:

-Ya estamos listos. ¿Habéis terminado vosotros también?

-¡Sí!-respondió Serah, aliviada-Menos mal. ¡Sólo quedan diez minutos para las doce! Creía que no lo conseguiríamos a tiempo. ¡Vamos, Lightning, bajad con Fang ya! Nosotros vamos ahora mismo.

Lightning asintió, y antes de marcharse le dirigió una dulce mirada a Hope, acompañada de una sonrisa emocionada que decía: “enseguida estaremos juntos”. Él comprendió que Vanille tenía razón. Ellos ya estaban vinculados de una forma que nadie más podría aspirar a superar. Sus corazones se entendían sin necesidad de palabras. No necesitaba anillos que probaran su unión. Ellos ya eran un solo ser desde que el mundo había vuelto a nacer.

Serah respiró hondo, con las mejillas rosadas por la emoción, y se volvió hacia Vanille, que parecía a punto de ponerse a saltar de alegría.

-¿Lista, Vanille?-le preguntó, tan expectante como ella.

La joven asintió enérgicamente, más radiante que nunca. Era como un pequeño sol en aquella habitación; sin duda nadie más que ella podría hacer mejor honor a su condición de alma solar de la ceremonia de vinculación.

-¡Más que nunca!

Serah y Hope, sonriendo también, se situaron tras ella: Hope a la derecha, Serah a la izquierda, tal y como dictaba el protocolo para los testigos del sol y la luna. Mientras salían de la habitación en dirección al lugar donde se celebraría la ceremonia, Hope no pudo evitar preguntarse en qué consistiría el último detalle de la vinculación, aquella prueba que según Vanille marcaba sobre la piel de la pareja el testimonio de su condición de un solo ser en dos cuerpos. Quizá, de aquella forma, hubiera una posibilidad de que Lightning y él pudieran afianzar su vínculo sin necesidad de remover viejas heridas y antiguos temores.

No tardaría en averiguarlo.