-Cuéntanos, Hope-dijo Vanille con su característica y radiante
sonrisa, y tomó un sorbo de la taza de té que sostenía entre sus manos-. ¿Cómo
era Nova Chrysalia cuando tú vivías allí?
-Sí, nosotras ya la vimos cuando estaba a punto de irse al
garete-apostilló Fang, que estaba sentada al lado de su vinculada-. ¡Háblanos
de ella en sus buenos tiempos!
Hope esbozó una media sonrisa incómoda, y Lightning le dirigió una
mirada tranquilizadora. Fang y Vanille habían ido desde Hisperia, el país donde
vivían, a visitarles; mantenían el contacto, por supuesto, pero no se habían
visto desde la ceremonia de vinculación de las dos mujeres paalsinas, tres
meses atrás. Como aparte de Snow y Serah eran las que vivían más cerca, Hope y
Lightning habían estrechado mucho su contacto con ellas desde su renacer, si
bien aquélla era la primera vez que visitaban su casa.
-No sé si se puede decir que Nova Chrysalia tuviera alguna vez
“buenos tiempos”-repuso Hope encogiéndose un poco de hombros-. Había algunas
diferencias… pero no era muy distinta.
-Pero en tu época no existía la Orden, ¿verdad?-Vanille alzó una
ceja, curiosa.
-No, claro. Que yo sepa, no había ningún grupo religioso en
especial en aquel entonces.
-Y dice que no era tan diferente-resopló Fang con sarcasmo-. ¡Lo
tranquilos que hubiéramos estado todos si esos beatos se hubieran quedado
quietecitos en sus casas rezando!
Lightning, que sólo había vivido trece días en Nova Chrysalia
–técnicamente, en realidad, catorce días–, escuchaba atentamente sin participar
en la conversación, sentada junto a Hope, pues no podía aportar demasiado.
Disfrutaba sencillamente viendo al joven charlando tranquilo con Vanille y
Fang.
-Los sacerdotes nos contaron que tú gobernabas el mundo antes,
chico-dijo Fang, y Vanille asintió alegremente-. Pero conociéndote, y sabiendo
que al igual que tu chica se te da bien eso de patear a los dioses en el
trasero, no creo que vivieras en una catedral.
Lightning agradeció para sus adentros que Fang no hubiera hecho
ningún comentario haciendo referencia al rol de Hope como avatar de Bhunivelze;
era lo bastante bestia como para hacerlo sin inmutarse, cosa que no podía
decirse de él.
-La Catedral no existía cuando yo vivía allí-respondió Hope
ladeando la cabeza, pensativo-. La sede del gobierno estaba al noreste de
Luxerion, no al sur.
-¿Al noreste?-repitió Vanille, y Hope asintió-¿Pero ahí no estaba
el Arrabal?
-Sí, así es. Antes era un alcázar donde el Consejo del Renacer
tenía su sede. Luego me enteré de que tras mi… -el joven vaciló un segundo;
Lightning sabía que el tema de su abducción por Bhunivelze era algo de lo que
no le gustaba nada hablar-desaparición, fue abandonado y saqueado, y al final
lo habitaron aquellos que no seguían ningún credo y se oponían a la Orden.
-En el fondo nunca dejó de ser lo que fue, o lo que
significaba-dijo Lightning, a lo que Hope la miró sin comprender-. El Consejo
del Renacer se oponía a los dioses y trataba de salvar a la humanidad sin su
intervención, ¿no? Se podría decir que el Arrabal se convirtió en el último
reducto del Consejo y sus ideales, e incluso también de la Academia.
Hope parpadeó, genuinamente sorprendido.
-Visto así…
-¡La Academia!-Vanille sonrió ampliamente-¡Cuéntanos cosas de la
Academia! ¡Seguro que aquélla sí que fue una época preciosa!
-Comparada con un mundo post-apocalíptico como Nova Chrysalia,
Vani, indudablemente.-comentó Fang, socarrona. Vanille rió y se ruborizó
ligeramente; desde su vinculación, Fang había tomado la costumbre de llamarla
afectuosamente en público “Vani”.
-¿No se supone que vosotras podíais ver lo que pasaba en el mundo
mientras estabais cristalizadas?-Lightning enarcó las cejas, en parte para
tenderle un cable a Hope, que parecía abrumado por tantas preguntas. Fang, no
obstante, se limitó a reír con ganas:
-Podíamos ver algunas cosas, otra cosa es que nos acordemos de
todas o que supiéramos lo que estábamos viendo, encanto. La cristalización es
muy parecida a quedarte dormida y soñar. ¿Tú puedes elegir qué sueñas, qué ves
cuando sueñas, o recuerdas todos tus sueños?, porque yo no.
-Vosotros deberíais saberlo también-intervino Vanille-. Os habéis
cristalizado igual que nosotras.
-Pero fue durante muy poco tiempo-replicó Hope-. No nos dio tiempo
a soñar mucho, si es que lo hicimos.
-Yo tuve la desgracia de pasar mucho más tiempo convertida en
cristal-dijo entonces Lightning con evidente amargura, a lo que instintiva e
inmediatamente Hope posó su mano sobre la suya-, pero fue un letargo… extraño.
Nunca soñé nada, ni vi nada. Quizá fuera porque guardaba el alma de Serah
dentro de mí.
Se hizo un breve silencio pesado a causa del tema de la muerte de
Serah y la cristalización de Lightning, pero no tardó en ser roto por Fang:
-Bueno, chico, ¿nos vas a contar cosas de tu imperio científico y
friki del pasado, o qué?
Hope le disparó una mirada ofendida.
-¡Fang!-protestó-¿Cómo que “imperio”? Para que lo sepas, yo nunca
goberné Academia; admito que la gente me… apreciaba, pero jamás me entrometí en
la política de entonces. Yo sólo era un asesor. Y la Academia nunca fue ningún
imperio, ni reino, ni nada por el estilo.
-Parece que le haya dolido más que Fang haya llamado “imperio” a
la Academia que lo de “científico y friki”.-le susurró Vanille a Lightning
disimulando la risa.
-Sabe que eso es cierto e innegable-respondió la joven, tratando
también de contener la risa-. No va a molestarse en rebatirlo.
Las distrajo entonces la respuesta de Fang, que parecía estar
disfrutando de lo lindo tomándole el pelo a Hope:
-Claro, chaval, por supuesto. Erais una organización dedicada a
restaurar la sociedad en un mundo despoblado y en ruinas tras el Hundimiento
del Nido… ¿Qué mejor manera de hacerlo que con una ciudad entera como harén para
repoblar el Gran Paals? No es ningún secreto que todas las mujeres de Academia
le lanzaban las bragas, señor Director Terriblemente Apuesto Hasta Para Quienes
Transitan La Otra Acera.
-¡FANG!-el rostro de
Hope había adquirido un intenso color escarlata, a lo que tanto Fang como
Vanille estallaron en carcajadas. A su pesar, tampoco Lightning pudo contener
la risa-¡¿Cómo diablos puedes saber tú eso?!
-Oh, vamos, ¡casi todas las tías de Nova Chrysalia fueron una vez
ciudadanas de Academia! ¡Hasta las sacerdotisas de Luxerion lo decían! Había
tantas y tantas damas descorazonadas ansiando obtener tus favores…
-Ya pueden esperar sentadas-intervino Lightning con sorna,
aferrando el brazo del avergonzado Hope con el suyo-. Hope es mío. Y bastante
me ha costado “ganarme sus favores” como para dejar que cualquiera me lo quite.
Hope, rojo como un flan guindillita, fue a responder, pero Vanille
se le adelantó:
-Yo más bien diría que fue a la inversa-dijo sonriendo con
picardía-. De todo el grupo creo que eras la única que no te enterabas de que
el pequeñín de la pandilla estaba colado por ti. De hecho, solíamos hacer
apuestas cuando os ibais por ahí a patrullar sobre si pasaría algo entre
vosotros y qué. Fang y Sazh aún me deben guiles.
-Que… ¿que hacíais apuestas sobre… sobre nosotros?-ahora era el
turno de Lightning de sonrojarse.
-Ahora entiendo algo mejor tu cara cuando hablamos aquella vez en
los Montes de Yaschas, Vanille.-Hope ya no podía enrojecer más, pero se rascó
la cabeza con evidente apuro.
-¡Ah, es verdad! ¡Ya casi ni me acordaba!-Vanille se echó a
reír-Sí, no sólo fue por eso, pero cuando me dijiste aquello por poco creí que
había perdido un montón de guiles. ¡Y tú riéndote mientras echabas a perder mis
ilusiones de riqueza! ¡Yo siempre fui la que apostó más fuerte por vosotros!
-No sé-terció Fang, burlona-, yo también lo creía así hasta que
descubrimos que Serah te da mil vueltas.
-Dímelo a mí-suspiró Lightning poniendo los ojos en blanco, aunque
no pudo evitar sonreír-. No me dejó en paz hasta que al final me decidí a
acudir al encuentro de Hope, y mira que le dije cientos de veces que necesitaba
tiempo.
-Supongo que eso es algo que tendré que agradecerle a tu hermana
el resto de mi vida.-sonrió Hope tímidamente mirando a la joven con dulzura y
calidez. Ella le devolvió una mirada al principio exasperada que luego se
dulcificó; sin embargo, antes de que pudiera responder, Fang echó a perder el
momento:
-Pues con la laaaaarga vida que tenemos por delante, chico, menuda
deuda que te acabas de cargar encima.
-¡Fang!-protestó Vanille haciendo un mohín-¿Por qué les has
interrumpido? ¡Con lo bonito que era el momento, y vas tú y lo echas a perder!
-Pues claro, Vani, ¿te crees que soy tan tonta como para
arriesgarme a perder otra de nuestras apuestas? Algo en plan “se mirarán
tiernamente a los ojos y el momento culminará en un dulce beso” o vete tú a
saber qué cursilada.
-¿Cuándo aposté yo por eso?-Vanille parpadeó, perpleja, ajena al
rubor de Lightning y Hope.
-¿Y yo qué sé?-Fang se encogió de hombros-Suena a algo por lo que
tú apostarías. Yo era más partidaria de “el chavalín le regalará una flor y
ella le pegará un puñetazo en la cara”.
-¡Pero al final gané yo! Y Snow, claro-Vanille puso los brazos en
jarras y le plantó el dedo índice a su vinculada en el pecho-. Vale, ganamos la
apuesta después de que tres mundos se fueran al garete, ¡pero la ganamos
igualmente y quiero mi dinero!
Las palabras de Vanille hicieron que Hope parpadeara, sorprendido,
como si acabara de caer en la cuenta de algo por primera vez. Cuando se volvió
hacia Lightning, adivinó por su mirada que ella estaba pensando lo mismo.
-¿Estás pensando lo que yo?-le preguntó la joven en un susurro al
captar su mirada, mientras Fang y Vanille discutían.
-¿Que hemos visto tres mundos ser destruidos y vivido tras sus
respectivos apocalipsis antes de poder estar juntos?
-Ya veo que sí-Lightning rió entre dientes, moviendo la cabeza con
incredulidad-. Cuesta de creer. Y pensar que casi sin duda viviremos para ver
el próximo…
Hope frunció el ceño; lo cierto era que la idea dejaba sin
aliento. Al fin y al cabo, había vivido más de mil años, como sus amigos, y
había presenciado el Hundimiento del Nido, la Gran Infusión –como se recordaba
el momento en el que el Caos inundó el mundo dando lugar así a Nova Chrysalia–
y el Fin de los Días. Todo aquello había tenido que pasar antes de poder estar
junto a Lightning. Era cierto que tanto Snow y Serah como Fang y Vanille habían
pasado por lo mismo, pero al menos ellos ya estaban en una relación
previamente; Hope había sufrido todo aquello sin saber si, al final del camino,
Lightning querría compartir su vida con él.
Ahora que sabía que era así, Hope ya no temía al próximo
apocalipsis ni al mundo que les aguardara después. Todos eran conscientes de
que casi con total seguridad lo verían; él mismo había averiguado –vía sus
propias investigaciones y también por los conocimientos que había compartido su
mente durante 169 años con la de Bhunivelze sobre el cosmos y sus leyes– que,
al haber estado expuestos directamente al Cristal del Origen que albergaba toda
vida y creación, no sólo habían conservado sus recuerdos del viejo mundo y sus
poderes mágicos, sino que se les había concedido la inmortalidad y eterna
juventud. Y, aunque Dajh y Yuul habían crecido en el tiempo que había pasado,
Hope sabía que su envejecimiento se detendría al alcanzar la plenitud, como les
sucedía a los demás.
Aun así, aunque el futuro les deparara una vida eterna y más de un
apocalipsis por delante, ninguno de ellos tenía nada que temer. Todos tenían a
su ser amado a su lado, incluidos Hope y Lightning, quienes se habían quedado
solos las ocasiones previas al último ocaso y por ende habían sido quienes más
habían sufrido. Pero aquello no volvería a pasar. Ahora estaban juntos, y no
tenían intención de separarse, no importaba cuántas eternidades pasaran o
cuántos mundos vieran morir y renacer.
Cuando volvió a mirar a Lightning, Hope no necesitó preguntarle. Sabía que ella estaba pensando lo mismo.
También ella había sufrido más de la cuenta por pensar que se quedaría sola sin
su hermana Serah, sin saber que hacía siglos que había encontrado a su otra
mitad. Y tampoco ella estaba dispuesta a dejar que nada se interpusiera entre
ellos, ni siquiera el destino, y mucho menos los dioses.
En ese momento volvieron a distraerles Fang y Vanille, que seguían
discutiendo por sus apuestas:
-¡Fang! ¡Fue una apuesta y vosotros aceptasteis! ¡Ahora no me
vengas con excusas de última hora para escaquearte y no pagarme lo que me
debes!
-Me importan un cuerno las apuestas, Vani; no pienso pagar mil
guiles por cada hijo que tengan, ya puedes ir olvidándote.
Lightning y Hope se miraron, ruborizados, pero no tardaron en
sonreír y disponerse a disfrutar de cómo Vanille protestaba y empezaba a
golpear a Fang con el cojín.
Si tan sólo supieran que ellas también habían sido objeto de
apuestas entre sus compañeros del Nido…
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