lunes, 6 de abril de 2015

[Post-LR:FFXIII] La ceremonia de vinculación

-Hope, ¿me oyes? ¡Hope! ¡Aterriza!

-¿Hum? … -Hope parpadeó cuando Serah chasqueó los dedos a dos centímetros de sus ojos, y oyó a Vanille reírse tras ella.

-Te he dicho tres veces si puedes acercarme el cepillo de púas metálicas-dijo la pequeña de las hermanas Farron, enarcando las cejas-. ¿Dónde tienes la cabeza?

-Oh… Lo siento-el joven se acercó al aparador donde estaban esparcidos toda clase de peines y accesorios para el pelo, y cogió el cepillo que Serah le había pedido-. Me he distraído un momento…

Serah suspiró, tomando el cepillo que Hope le tendía, y empezó a tratar de alisar el pelirrojo cabello de Vanille, muy enredado sin las coletas que solía llevar. Sabía que no podía pedir mucho más de Hope, pues tan sólo estaba empezando a remontar de su depresión, y todavía se sentía un poco fuera de lugar entre sus viejos amigos, máxime si Lightning no estaba a su lado, como en aquel momento. Pero aquélla era una ocasión muy especial, y obviamente Hope había hecho un esfuerzo para no perdérsela.

Era la boda de Fang y Vanille. O en todo caso, su equivalente paalsino. Ellas lo llamaban “ceremonia de vinculación”. Por lo que, aunque había muchas similitudes con las bodas que sus amigos del Nido conocían y que seguían celebrándose en el nuevo mundo, también había numerosas diferencias que ambas habían tenido que explicarles.

Sería una ceremonia casi completamente íntima: sólo asistirían diez personas sin contarlas a ellas. Lo cual era ya diferente a la boda de Serah y Snow, que había tenido lugar dos meses atrás y pese a que ni de lejos había reunido a la cantidad de invitados que solían agrupar las bodas –unos cincuenta invitados, entre compañeros de la facultad de Serah y los conocidos moteros de Snow– Hope no lo había pasado precisamente bien durante el banquete de bodas entre tanta gente después de meses casi sin salir de casa. Lightning había tenido que estar con él, agarrada a su brazo todo el tiempo para tranquilizarle.

-Oye, ¡eres mi testigo del sol!-bromeó Vanille, sonriendo ampliamente; llevaba toda la mañana aguantando estoicamente frente al espejo mientras Serah la preparaba para la ceremonia entre maquillaje y peinado-¡No puedes distraerte así como así! ¡Tienes que estar a la altura! Lo conseguiste en la boda de Serah y Snow, me lo tomaré muy a mal si no lo haces en mi ceremonia de vinculación.

Hope sonrió apenas, incómodo. No estaba tan seguro de haber hecho tan buen papel como decía Vanille: había sido el padrino de Snow por petición –e insistencia– de éste, y dado que Lightning había sido la dama de honor de Serah, no había podido negarse. No sabía hasta qué punto los padrinos solían quedarse tan quietos y silenciosos como él había hecho. Pero en fin, Vanille era Vanille y ella jamás tenía malas palabras para nadie.

Se pellizcó el cuello alto de la túnica blanca y naranja que llevaba, con brocado dorado; pese a que la tela era bastante holgada, él estaba demasiado acostumbrado a los cuellos abiertos, pero no había tenido más remedio. Su atuendo contrastaba con el vestido de Serah, negro y azul bordado en plata: ellos eran lo que Fang y Vanille llamaban “testigos del sol y la luna”, lo que venía siendo el equivalente de los padrinos y damas de honor, con la diferencia de que ambos miembros de la pareja tenían tanto un testigo del sol como de la luna, un varón y una mujer. Vanille había elegido a Hope como testigo del sol y a Serah como testigo de la luna; Fang había hecho lo propio con Snow y Lightning respectivamente.

-Bueno, casi estamos ya-dijo Serah, suspirando y apartándose un paso de la silla donde estaba sentada Vanille para dejar que la joven se viera el alisado cabello en el espejo-. Sólo queda arreglarte el peinado, Vanille. Dijiste que tenías que llevarlo trenzado, ¿no?

-Sí, pero sólo a ambos lados de la cara y por detrás, ¿vale?

-Hope, pásame el hilo dorado, anda.

Él obedeció, dándole a Serah el rollo de hilo de color dorado. Con éste, la pequeña de las hermanas Farron comenzó a trenzar el cabello de Vanille, que sonreía expectante mirándose en el espejo.

Hope observaba distraídamente cómo Serah preparaba a Vanille para su gran día, el día en el que al fin se uniría a su otra mitad. Había visto la misma felicidad en el rostro de Vanille que en el de Serah el día de su boda. Pensaba si habría visto la misma sonrisa en el bello rostro de Lightning en un día como aquél si las cosas hubieran sido diferentes…

En ese momento, alguien llamó a la puerta, sobresaltando a los tres. Un instante después, Lightning asomó la cabeza por la abertura. Apenas llevaba maquillaje; Hope sabía que no le gustaba, pero aquel día había accedido a aplicarse un poco de sombra de ojos.

-¡Lightning!-sonrió Serah.

-Hola-saludó su hermana, entrando en la habitación, devolviéndole una pequeña sonrisa-. ¿Qué tal vas, Vanille?

-¡Bien!-respondió ella, radiante-Pero no vayas a contarle a Fang qué aspecto tengo, ¿eh? ¡Trae mala suerte!

Lightning sonrió. Entonces se volvió hacia Hope, y su sonrisa se dulcificó al tiempo que su mirada. Él sabía lo que ella quería decir con aquella mirada. Era una pregunta silenciosa: “¿estás bien?”

Hope la observó, el brillo ausente que desde hacía unos meses no había abandonado sus ojos adoptando un matiz extasiado. Lightning llevaba la misma clase de atuendo que Serah, un cruce entre túnica y vestido de cuello alto, negro y azul bordado en plata. Pero si bien Serah irradiaba una belleza serena y cálida, su hermana mayor desprendía un aura casi divina que dejaría sin aliento a cualquiera. O, al menos, eso era lo que pensaba Hope. No desde lo sucedido con Bhunivelze, sino desde mucho, mucho antes.

Ante el silencio del joven, Lightning se acercó a él y posó una mano sobre la suya suavemente, mirándolo inquisitivamente con sus ojos azules muy abiertos. Saliendo de su ensimismamiento, Hope parpadeó y esbozó una pequeña sonrisa al tiempo que inclinaba la cabeza hacia ella.

-Estoy bien.-susurró.

-¿Seguro?-ella no parecía muy convencida-Te veo un poco apagado.

-No te preocupes por mí, Light. Quédate tranquila, por favor.

Lightning tardó un poco en responder, dubitativa, pero finalmente asintió, apretando la mano de Hope entre la suya y sonriendo con dulzura.

-Estás muy guapa.-murmuró él un poco ruborizado al contemplarla. Lightning se sonrojó también, pero aceptó el cumplido; tiempo atrás se habría apresurado a replicar.

-Y tú también. Creo que las túnicas te sientan mejor que las corbatas.

-Oye, si queréis Vanille y yo nos vamos a otra habitación y os dejamos intimidad-bromeó entonces Serah; su hermana y Hope se volvieron hacia ella sobresaltados, y Vanille se echó a reír alegremente-. Que puestos a decir, a Hope no le vendría nada mal.

-Serah, por favor-Lightning puso los ojos en blanco, y el rubor de Hope se hizo más intenso-. Sólo he venido a ver cómo ibais. Y a alejarme un rato de Snow, claro. No ha callado desde que entró a la habitación. Aparte de ver cómo estaba Hope.

-Oh, por él no te preocupes-Vanille no podía girarse mientras Serah le estaba trenzando el pelo, pero le guiñó un ojo al espejo para que Lightning y Hope vieran el gesto-. ¡Serah y yo te lo estamos cuidando estupendamente!

Hope sonrió dócilmente, y Lightning estrechó su mano con suavidad una vez más antes de soltarla y acercarse a su hermana:

-He venido también porque necesito tu ayuda. Yo no me aclaro con el peinado de Fang, y tu marido no hace más que ponerme nerviosa.

-Lightning, sólo consiste en hacer trenzas. No es tan difícil.

-Pues mira, yo no sé hacerlo. Cada cual tiene sus límites.

Serah suspiró y miró el reloj de la pared, que marcaba las once; la ceremonia debía celebrarse a mediodía o a medianoche en punto, según la tradición paalsina.

-Vamos bastante justos de tiempo, pero mejor será que te ayude; por suerte ya casi he acabado con Vanille-repuso la pequeña de las hermanas Farron, y se volvió hacia Hope-. ¿Puedes encargarte tú de lo que queda?

-¿Yo?-Hope se mostró sorprendido por el ofrecimiento, pero se encogió de hombros-Claro. Haré lo que pueda.

-¡Perfecto! Pues venga, Lightning, vamos a preparar a Fang-Serah y Lightning se dirigieron a la puerta-. Nos vemos en un rato, Hope. Y procura no echar a perder el peinado, el alma solar está en tus manos.

Lightning no dijo nada, pero sonrió y le guiñó un ojo al joven. Él entendió también aquel gesto: “lo estás haciendo bien”, y “estoy orgullosa de ti”. Sabía lo feliz que se sentía Lightning al verle integrarse de nuevo entre sus viejos amigos e involucrarse en sus actividades.

Cuando las hermanas Farron se hubieron marchado, Hope se quedó mirando la puerta con expresión ausente. La felicidad de Lightning era su prioridad, y en días como aquéllos lamentaba profundamente no poder ofrecerle lo que cualquier otra pareja de enamorados tendría…

-Bueno-dijo entonces Vanille desde su asiento alegremente-, ¡tenemos que apresurarnos o no estará todo listo antes de las doce, y entonces tendremos que esperar a medianoche! ¡Venga, Hope!

-Ah, sí. Perdona, ya voy-repuso él, y empezó a continuar el trabajo que Serah había dejado a medias, trenzando su cabello-. Si ves que lo estoy haciendo mal, dímelo.

-¿Sabes cómo se hace?-Vanille parecía divertida.

-Me las puedo arreglar. Más de una vez he ayudado a Light con su pelo; ella se lo cortaría a tijera cada vez que se le enreda algún mechón. Además, no es tan difícil hacer trenzas.

-Sólo para Lightning.-bromeó Vanille, y Hope sonrió, a su pesar.

-Es un defecto ínfimo.

Durante unos minutos, permanecieron en silencio, excepto cuando Vanille le daba a Hope alguna indicación sobre cómo debía quedar el peinado. Entonces, la pelirroja paalsina comentó de pronto, con la voz claramente emocionada:

-Sabes, cuesta creer que Fang y yo vayamos a vincularnos al fin, después de tantísimo tiempo…

-Lo importante es que el momento llegue-repuso Hope-, no importa cuánto haya que esperar. Al menos, eso es lo que pienso. Serah y Snow han tenido que soportar mil años hasta que pudieron casarse. Y vosotras siempre habéis estado juntas, pero habéis aguardado cerca de seiscientos años más que ellos. Y aun así, aquí estáis, tanto ellos como vosotras. Eso es lo que importa, ¿no?

-Eso es verdad-admitió Vanille cerrando los ojos con una amplia sonrisa de felicidad, y entonces de pronto volvió a abrirlos con expresión pícara-. ¿Y qué hay de vosotros, Hope? Lightning y tú, quiero decir. ¿Para cuándo veremos un anillo en el dedo de Lightning? O eso es lo que creo que la gente del Nido hacía cuando quería casarse.

-¿Eh? … -Hope tardó unos segundos en procesar la súbita pregunta, y cuando lo hizo, se ruborizó y entornó los ojos, sin dejar de trenzar-Ya… sí, bueno… Eso es… complicado…

-Oye, ¡no te pongas triste!-Vanille no podía girarse, pero en el espejo se reflejaba su preocupación al ver la cara de Hope-No quería hacerte sentir mal, de veras. Sé que no estás en tu mejor momento ahora, pero ya verás cómo pasará, ¡eso no tiene por qué impedir que Lightning y tú…!

-No voy a casarme con ella-cortó Hope con repentina aspereza-. Déjalo estar ya, Vanille.

Vanille se quedó sin saber qué decir. Nunca se hubiera imaginado que tales palabras salieran de boca de Hope, pero lo que más le sorprendió fue ver en el rostro del joven tal… rabia, tal frustración. No recordaba haberlo visto así desde que era un chiquillo.

-Pero… -empezó, dubitativa-¿por qué? ¿Por qué no quieres casarte con ella?

-No es que no quiera-replicó Hope, sin apartar la vista de la trenza en la que estaba trabajando-, es que no puedo.

Su voz estaba llena de tristeza reprimida. Vanille no lo comprendía: había visto en numerosas ocasiones cómo el rostro de Hope se iluminaba cada vez que miraba a Lightning, y desde sus tiempos como lu’Cie todos –excepto probablemente la propia Lightning– se habían dado cuenta claramente de que el entonces más pequeño del grupo estaba colado por la ex soldado. No podía concebir que después de todo lo ocurrido Hope no quisiera dar el paso.

-Hope, ¿cuál es el problema?-le preguntó con dulzura-Puedes contármelo si quieres. Igual puedo ayudarte.

El joven no parecía tener muchas ganas de contestar, pero finalmente se resignó.

-Es una historia muy larga, Vanille, y no quisiera tener que hablar sobre ello. Pero… no quiero que ella sea mía. Nunca. Light ha de ser libre, en todos los sentidos. Me niego a que sea posesión de nadie… y mucho menos mía.

Era un razonamiento extraño, pero Vanille empezaba a ver el problema. Ella no podía saber qué había sucedido tras la aparición de Bhunivelze encarnado en el cuerpo de Hope en la Catedral de Luxerion, claro; eso era algo que sólo sabían Lightning y Hope, y habían coincidido en no compartirlo con nadie más. Pero sabiendo que Bhunivelze había usado a Hope como avatar, Vanille podía hacerse una idea de por dónde iban los tiros.

-Y Lightning… ¿sabe que te sientes así?

-Sí. Dice que no le importa, y sé que hasta cierto punto lo dice de verdad… pero sé que sabe que yo sí hubiera querido dar ese paso, y le duele que yo no pueda hacerlo-Hope sacudió la cabeza con rabia-. Bhunivelze me ha quitado incluso eso.

Vanille sentía ganas de llorar. No era justo: Lightning y Hope merecían ser felices, y los dioses no les dejaban en paz ni siquiera tras su muerte. Fang y ella sabían de sobra lo que era aquello. Y era cierto que las bodas del Nido, que seguían celebrándose en el nuevo mundo, estaban basadas en los miembros de la pareja convirtiéndose en posesión mutua, uno era del otro y viceversa, como había visto en la de Serah y Snow. Era una ceremonia hermosa y emotiva, pero Vanille pensaba que era un poco superficial, al menos comparada con el rito de vinculación.

-No tienes que pensar en eso como si Lightning fuera tuya… No en ese sentido-trató de convencerle la joven paalsina-. Tú la quieres, y ella te quiere a ti. Sois el uno del otro, ¿no? No es que ella sea tuya y que la controles y esas cosas…

Hope dejó escapar un largo suspiro.

-No lo entiendes, Vanille. Y tampoco es necesario que lo hagas. Pero no voy a caer dos veces en el mismo error. Aunque me cueste la felicidad.

Ella frunció el ceño, pero decidió no seguir preguntando. Dejó que Hope siguiera haciéndole las trenzas; la verdad es que no se le daba del todo mal. Se preguntaba cuántas veces habría tenido que ayudar a Lightning para coger la práctica. Vanille siempre había pensado que Lightning y Hope estaban unidos por algo mucho más fuerte que la simple atracción, lo había sentido ya incluso cuando ambos se conocieron: era como si hubieran nacido para estar juntos, y que no estarían completos a menos que estuvieran el uno con el otro. Lo entendía de sobra porque era como ella se sentía con respecto a Fang. Dos partes de un mismo ser, compañeros de corazón y alma, un vínculo más allá del tiempo y el espacio.

¿Vínculo…?

Entonces fue cuando a Vanille se le ocurrió una idea. Su rostro se iluminó con una amplia sonrisa al percatarse de que había tenido la solución justo delante todo aquel tiempo.

-¿Y si pudieras unirte a Lightning sin necesidad de hacerla tuya?

Hope se detuvo, sorprendido.

-¿Cómo?

-Pues muy fácil-repuso ella-. No sólo existen las bodas para afianzar el amor entre una pareja. Hay otros ritos… y casualmente conozco uno que quizá te sirva. De hecho, estás colaborando en él.

El joven la miró inquisitivamente.

-¿Te refieres… a la ceremonia de vinculación? Pero creía que era un rito paalsino…

-¿Y qué más da eso?-Vanille puso los ojos en blanco-Si a Fang y a mí nos hubiera dado la gana podríamos habernos casado por el rito del Nido, aquí a nadie le hubiera importado. Total, casi nadie se acuerda del Nido y del Gran Paals. La suerte que tenemos en este nuevo mundo es que nos acordamos de todo y podemos elegir qué queremos hacer con nuestras vidas. No es necesario ningún anillo de boda para ser feliz con quien amas, no importa de dónde vengas.

Hope no dijo nada. Se había quedado pensativo, sus ojos clavados en el espejo. Pese a que Vanille intuía que no lo tenía claro, vio en su rostro algo más animado que antes.

-Sin embargo… -dijo, casi con cautela-Sé que la vinculación es diferente a las bodas, pero Fang dijo que era más o menos un equivalente. No entró en detalles, así que no sé exactamente en qué consiste exceptuando los roles de los testigos…

-Bueno, preferimos mantenerlo en secreto por el momento-rió Vanille, y empezó a hurgar entre los pliegues de su vestido, del mismo color que la túnica de Hope-, pero puedo darte una pista para que te lo pienses. Mira, cógelo.

Él obedeció y cogió el objeto que Vanille le tendió, que había sacado de una vaina de piel que llevaba atada a la cintura. Sorprendido, se dio cuenta de que era un pequeño cuchillo ceremonial, de color dorado y con incrustaciones de gemas de color escarlata.

-¿Un cuchillo?-Hope lo estudió atentamente, y descubrió un sol grabado en ambas caras de la hoja-¿Tienes que llevarlo como parte de los ritos?

-¡Sí! Tanto yo como Fang; el de ella es diferente porque ella es el alma lunar, y yo soy el alma solar-le explicó ella señalando el sol grabado-. El cuchillo es la pieza clave de la ceremonia. Es lo que permite a la pareja vincularse, así que luego se guardan ambos como un gran tesoro familiar. Según nuestros ritos, simbolizan los juramentos de la unión.

Hope entornó los ojos. Aquella historia le sonaba demasiado bien, y estaba seguro de que Vanille lo sabía también. Al fin y al cabo, había sido un cuchillo lo que había unido los destinos de él y de Lightning durante mil años y que finalmente había salvado sus almas mediante la promesa hecha sobre él, primero transfiriendo los sentimientos de Lightning al alma en letargo del joven atrapada en el interior de Bhunivelze, y después salvándola a ella de una eternidad de soledad a través de quien lo había absorbido minutos antes: Hope.

Si lo que Vanille decía era cierto, ¿habían replicado sin saberlo el rito paalsino de vinculación un milenio atrás?

-¿Me estás diciendo que Light y yo ya estamos vinculados?

-Bueno, no exactamente-replicó Vanille tendiéndole una mano para que le devolviera el cuchillo-, pero os acercasteis muchísimo. Lo único que os faltaría si quisierais, digamos, oficializarlo, sería un pequeño detalle. Y no os haría falta ni ceremonia ni nada, de hecho había gente que lo hacía en sus casas en estricta intimidad y sólo bastaba con que ambos supieran que lucían sus marcas en sus muñecas.

-¿Sus marcas?-Hope ladeó la cabeza-¿Marcas de qué?

Vanille sonrió enigmáticamente.

-La vinculación es una prueba de confianza y valor. Consiste en demostrar que el amor consta de buenos y malos momentos y que a pesar de eso estás dispuesto a ser uno con tu pareja. Para que dos sean uno, cada uno ha de ser la parte de un todo, y han de ser diferentes; los polos iguales se repelen, mientras que los opuestos se atraen, aunque el choque puede ser violento y doloroso. Pero aun así se unen, ¿comprendes lo que quiero decir? Por eso cuando nos vinculamos, asumimos el papel del sol y la luna, la luz y la oscuridad. Opuestos que se necesitan, pero también se enfrentan.

Sí, el joven comprendía perfectamente lo que Vanille quería decir. De hecho, la filosofía de la ceremonia de vinculación se acercaba mucho por otra vía a algo que había sucedido meses atrás, en el ocaso del viejo mundo. Dos humanos llamados a ocupar el lugar de los dioses en el nuevo universo habían sido elegidos para tomar aquellos roles: Hope sería el receptáculo del Dios de la Luz y la Creación, mientras que Lightning fue entrenada para convertirse en la Diosa del Caos y la Muerte. El sol y la luna, el día y la noche. Hope recordaba vagamente a través de los recuerdos que había compartido con Bhunivelze cómo era Cosmogénesis, la dimensión en la que el dios había preparado su ceremonia de unión con la nueva diosa: estaba claro que él también había tenido presente aquella simbología.

No era muy agradable recurrir a algo que tuviera que ver con Bhunivelze, pero si Vanille estaba en lo cierto, la verdad era que él y Lightning ya estaban a medio camino de una vinculación. Si es que no lo estaban ya. Y para ser sincero, pensar en Lightning como su otra mitad estaba mucho más en sintonía con lo que él sentía que el concepto de posesión, aunque fuera mutua, de las bodas. Había faltado muy poco para que Bhunivelze la hiciera suya influenciado por sus desquiciadas emociones, previamente llevadas a la locura por obra de un espectro de su amada creado para convertirle en su posesión… que después pasó a ser la del Altísimo.

-Y ese detalle que según tú nos falta… -murmuró Hope, intrigado-¿De qué se trata?

Vanille se limitó a acentuar su sonrisa, y respondió:

-Lo verás por ti mismo dentro de un rato, ¡siempre y cuando termines con las trenzas a tiempo! Pero no es necesario que llevéis un anillo para que la gente vea que estáis unidos el uno al otro. Es un vínculo para el que basta que ambos sepáis que existe y sintáis que existe, no importa ni la distancia que os separe ni el tiempo que pase.

Él fue a replicar, pero en ese momento se abrió la puerta de la habitación, y Serah entró con cara de auténtico nerviosismo.

-Las once y media, ¡y tengo que hacer el trabajo de los cuatro testigos!-resopló; en ese momento vio a Vanille, y su rostro se relajó al tiempo que sonreía con cierta incredulidad-¡Caramba, Hope!, casi has terminado tú solo el trabajo. ¡Menos mal! Creía que iba a tener que arreglarle las trenzas a Vanille con sólo media hora de tiempo.

-¡Qué va!-sonrió la joven alegremente-Lo ha hecho muy bien. ¡Mucho mejor de lo que solían hacerlo los hombres de Oerba!
Serah se rió al ver al azorado Hope encogerse ligeramente de hombros con modestia.

-¡Ya podrías enseñarle a mi hermana! Tendrías que ver el desastre que ha montado con el peinado de Fang-mientras terminaba de arreglar las trenzas de Vanille, la pequeña de las Farron sacudió la cabeza-. ¿Os podéis creer que había enganchado el hilo plateado en los pasadores de pelo? Aquello parecía una red de pescar.

Vanille se echó a reír, y Hope esbozó una dulce media sonrisa, sin duda imaginando la cara de exasperación de Serah y Fang ante los esfuerzos de la ex soldado.

Al fin, diez minutos más tarde, Serah terminó de colocar las decoraciones del atuendo de Vanille, y se apartó de la silla para que la joven se viera bien en el espejo.

-¡Ya está!-anunció-¿Qué te parece? ¿Ha quedado bien?

-¡Genial!-Vanille estaba radiante; giró sobre sí misma para admirar el vuelo de su túnica blanca y dorada y el tintineo de los abalorios de sus trenzas, y se volvió hacia Serah y Hope, emocionada-¡Gracias, Serah! ¡Y gracias a ti también, Hope! ¡Nunca pensé que llegaría el día que podría verme vestida de alma solar!

-Ahora sólo te queda ver a Fang vestida como tu alma lunar-dijo Hope, tan contagiado como Serah por la alegría de Vanille-. Estoy seguro de que la espera merecerá la pena.

Ella le sonrió, cómplice, pasando discretamente un dedo sobre la vaina donde guardaba su cuchillo ceremonial.

-Seguro que sí. ¡Nunca digas nunca!

Entonces la puerta de la habitación se abrió de nuevo, y Lightning asomó la cabeza, con aspecto de estar muy estresada pero con una sonrisa dibujada en su hermoso rostro:

-Ya estamos listos. ¿Habéis terminado vosotros también?

-¡Sí!-respondió Serah, aliviada-Menos mal. ¡Sólo quedan diez minutos para las doce! Creía que no lo conseguiríamos a tiempo. ¡Vamos, Lightning, bajad con Fang ya! Nosotros vamos ahora mismo.

Lightning asintió, y antes de marcharse le dirigió una dulce mirada a Hope, acompañada de una sonrisa emocionada que decía: “enseguida estaremos juntos”. Él comprendió que Vanille tenía razón. Ellos ya estaban vinculados de una forma que nadie más podría aspirar a superar. Sus corazones se entendían sin necesidad de palabras. No necesitaba anillos que probaran su unión. Ellos ya eran un solo ser desde que el mundo había vuelto a nacer.

Serah respiró hondo, con las mejillas rosadas por la emoción, y se volvió hacia Vanille, que parecía a punto de ponerse a saltar de alegría.

-¿Lista, Vanille?-le preguntó, tan expectante como ella.

La joven asintió enérgicamente, más radiante que nunca. Era como un pequeño sol en aquella habitación; sin duda nadie más que ella podría hacer mejor honor a su condición de alma solar de la ceremonia de vinculación.

-¡Más que nunca!

Serah y Hope, sonriendo también, se situaron tras ella: Hope a la derecha, Serah a la izquierda, tal y como dictaba el protocolo para los testigos del sol y la luna. Mientras salían de la habitación en dirección al lugar donde se celebraría la ceremonia, Hope no pudo evitar preguntarse en qué consistiría el último detalle de la vinculación, aquella prueba que según Vanille marcaba sobre la piel de la pareja el testimonio de su condición de un solo ser en dos cuerpos. Quizá, de aquella forma, hubiera una posibilidad de que Lightning y él pudieran afianzar su vínculo sin necesidad de remover viejas heridas y antiguos temores.

No tardaría en averiguarlo. 

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