Regresar a una vida relativamente normal era algo que tanto
Lightning como Hope agradecían sobremanera, en especial después de todo lo que
habían pasado. Sí, estaba el hecho de la situación en la que Hope se hallaba y
de que ambos –al igual que sus amigos– conservaban sus poderes. Pero, por lo
demás y comparado con sus recientes experiencias, era una vida bastante normal.
Obviamente, iba acompañada de sus inconvenientes. En especial,
para Lightning.
Ya hacía más de seis meses que habían llegado al nuevo mundo, pero
la joven no terminaba de acostumbrarse otra vez a los problemas mensuales
propios de las mujeres.
-Odio ser mujer-se quejaba Lightning, tumbada en el sofá, con la
cabeza sobre el regazo de Hope. Habitualmente era al revés, pero aquel día
estaba hecha polvo del dolor-. Hacía tiempo que no recordaba por qué.
-Un mes exacto-repuso él, burlón, acariciándole el pelo-. Siempre
dices lo mismo cada vez. Pero, sabes, a mí me gusta que seas mujer.
-Claro, como no eres tú el que se desangra al menor movimiento que
haga, le duelen las entrañas como si le clavaran mil cuchillos y sufre
horribles migrañas… -bufó ella con fastidio-Qué fácil es quedarse con lo bueno.
Hope esbozó una divertida, aunque tierna, sonrisa.
-Por suerte o por desgracia, ahí no puedo opinar. Como
comprenderás, no es un tema en el que tenga mucha experiencia.
-No, supongo que no. De lo contrario, me preocuparía
seriamente-Lightning enarcó las cejas; Hope se echó a reír-. En fin, tampoco
puedo pagarla contigo. Bastante tienes con soportar mis malos días cada mes.
-Y tú bastante tienes con tener que soportar esos malos
días-replicó él sonriendo-. Para mí es un placer cuidar de ti. Normalmente eres
tú la que lo hace conmigo.
Aquello era cierto, en parte. Hope era adulto pese a su
apariencia, y sabía cuidar de sí mismo en general. Él era quien cuidaba de la
casa mientras Lightning estaba trabajando en la editorial, y quien se encargaba
de la comida. Pero desde siempre había sido de naturaleza enfermiza, y caía
enfermo con considerable facilidad, de ahí que ella tuviera que cuidar de él.
-Eres un sol-sonrió Lightning, cansada. Hope había insistido en
que se quedara en casa aquel día, y no forzar su cuerpo. Había dejado una sopa
haciéndose en la cocina, y llevaba toda la mañana pendiente de ella-. No sé qué
he hecho para merecer tenerte aquí a mi lado.
-Yo tampoco, pero si te soy sincero, no me preocupa. Me basta que
estés conmigo, después de todo el tiempo que pasé buscándote. Aunque sea en
esta forma.-comentó Hope abriendo un poco los brazos, como si se indignase.
Lightning rió, pero el simple esfuerzo hizo que se encogiera de
dolor, y se llevó una mano al bajo vientre con una mueca.
-Maldita sea…
Hope frunció el ceño, preocupado. Tal vez fuera porque su cuerpo
había sufrido cambios a manos de los dioses, lo cierto es que Lightning
sangraba mucho más de lo normal desde que había recuperado su condición humana.
No le gustaba verla sufrir de aquella forma: los dioses habían echado a perder
los cuerpos de ambos, en diferentes maneras.
Se preguntó si podía hacer algo por aliviar su dolor. No era un
experto en medicina, aunque algo sabía… Se le ocurrió una idea. Podría intentarlo.
El chico deslizó su mano sobre el vientre de Lightning, con
cuidado y también con timidez. El contacto hizo que ella diera un respingo, en
parte por el dolor y en parte por el escalofrío que la recorrió.
-¡Eh!, ¿qué estás haciendo?
-Tranquila-Hope le dedicó una dulce media sonrisa-. A ver, dime
dónde te duele.
Lightning le miró insegura, ligeramente ruborizada, pero al final
tomó la mano de Hope en la suya y la llevó al punto exacto del bajo vientre.
-Ahí. Sea lo que sea que estés planeando, ve con cuidado, que
duele.
-Ya lo sé. Cierra los ojos y relájate.
Aun sin tenerlas todas consigo, Lightning obedeció. Hope se
concentró, y canalizó su magia curativa a través de su mano, transfiriéndola a
las inflamadas tripas de la joven. Hacía tiempo que no recurría a un hechizo
Cura como tal, pero no parecía que estuviera saliendo mal, a juzgar por la
expresión relajada de Lightning.
Durante unos pocos minutos, siguió usando su magia curativa, hasta
que consideró que no era necesario seguir. Retiró la mano, posándola sobre la
de ella.
-¿Mejor?-le preguntó en voz baja, sonriendo con dulzura. Lightning
abrió los ojos lentamente, devolviéndole la sonrisa.
-Mucho mejor… Casi me ha desaparecido el dolor por completo.
Él acentuó su sonrisa, y le estrechó suavemente la mano.
-Ahora que ya sabemos que la magia funciona, no tendrás que pasar
tan malos ratos.
Lightning se acurrucó contra él, sonriendo ruborizada. Volvía a
preguntarse si realmente merecía tener a Hope a su lado, pero lo cierto es que
el chico tenía razón. ¿Para qué servía preguntárselo?
-Gracias, Hope. Siento ser tanta molestia cada mes.
-No digas eso-replicó Hope negando con la cabeza-. Para mí es un
placer cuidar de ti. No podría ser más feliz protegiéndote.
-Venga ya… No me voy a morir por esto, y además, disfrutas más
cuando soy yo la que cuida de ti-Lightning se echó a reír, aunque su rubor se
acentuó-. Pero… no me disgusta que me “protejas” de vez en cuando. Es más… me
gusta que lo hagas.
Hope rió, se inclinó sobre ella, depositando un suave beso en su
nariz con una sonrisa dibujada en sus labios.
-Lo sé.
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