Hope había perdido ya la cuenta del tiempo que llevaba sumido en
el dolor. Hacía ya largos años que no percibía la brutal agonía de su mutilado
cuerpo, pues su mente fluctuaba entre la desesperación y el sufrimiento, el
vacío y períodos en los que las imágenes se sucedían una tras otra.
A aquellas alturas, Hope sabía que el Dios de la Luz estaba
conectando su mente con la suya. Hacía lo que podía para resistirse, pero cada
vez le costaba más y más. Se aferraba desesperadamente al único recuerdo que
podía mantenerle cuerdo, su única luz en medio de tanta oscuridad.
Pero incluso aquel recuerdo parecía formar parte de su tortura.
Las imágenes que se formaban en su mente en sus momentos de
lucidez mostraban, una y otra vez, a la mujer que le daba fuerzas en aquel
inhumano trance. Pero aquella imagen amada, la imagen de Lightning Farron,
estaba demostrando ser un arma de doble filo.
La veía en innumerables situaciones, lugares, compañías. A veces
la veía feliz, otras veces triste, y otras inerte, sin vida. A veces la veía
sola, otras veces junto a su hermana Serah, otras con sus amigos, o con gente
que no conocía. Alguna vez la vio junto a otro hombre, y también junto a alguna
mujer, compartiendo su vida y formando una familia.
Pero nunca junto a él. Ninguna de sus visiones le mostró jamás a
Lightning a su lado.
Su mente estaba ligada a cierto nivel a la de Bhunivelze, el
todopoderoso dios que gobernaba el Universo. Sabía que aquellas visiones tenían
que tener algo de cierto. Ni tan siquiera en medio de su horrible tortura su
espíritu científico le abandonaba.
Intuía que lo que veía era parte de la mente del Altísimo.
Fragmentos de su divino conocimiento. Infinitas posibilidades, realidades
paralelas, universos alternativos.
En ninguna de aquellas posibilidades, de aquellos universos, él y
Lightning tenían un futuro juntos. Ni como pareja, ni como compañero, ni como
amigo. Era como si él no existiera. Como si se hubiera desvanecido.
Hope la veía sonreír, la veía llorar, la veía exhalar su último
aliento. Y él nunca estaba a su lado.
La diacronía del Universo era compleja, pero había puntos en los
que no existían realidades alternativas ni diferentes futuros. Eran puntos de
referencia en la maraña de posibilidades. La creación de Nova Chrysalia era uno
de ellos. Un punto de cerca de cinco siglos de duración.
Por lo que Hope podía deducir de lo que veía en la mente de
Bhunivelze, todos aquellos futuros y universos alternativos surgirían con el
nacimiento del nuevo mundo.
Y no había lugar para él allí.
No había futuro para él y la mujer que amaba.
La conciencia de Hope fue perdiéndose más y más cada vez que sus
visiones le mostraban a Lightning en sus diferentes, hipotéticas vidas. Ella
era su medicina y su veneno. Su fuerza y su debilidad. Su dicha y su amargura.
Un mar de contradicciones. Eso era el Caos. Eso era el amor.
Después de varias décadas de sufrimiento, el alma del joven fue
engullida finalmente por el Caos de su propio ser, sometiéndose al fin al yugo
del Dios de la Luz, con un último susurro, recurriendo a su salvación y
condena:
-… Te quiero, Light.
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